De la Riva también logró el premio al mejor director novel
'Blondi' fue la triunfadora del III Fecicam que distinguió al largometraje 'La burla del jardinero'
 
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Escrito por A. Ruiz

Con una puesta en escena ‘en construcción’, dejando las puertas de par en par abiertas a las sorpresas y la improvisación, comenzó la gala de entrega de premios del III Festival de Cine de Castilla-La Mancha, en la que se reflejó que la creatividad y la ilusión son capaces de superar situaciones de escasez de medios.
Artistas de diversos colectivos como Amigos del Teatro, Circo Culipardo y Royal Groove Zone colaboraron en la ambientación de una gala que emprendió el vuelo con el tema Resistiré, de Barón Rojo, interpretado por el grupo de la Escuela de Música Moderna, y que contó sobre el escenario, frente a un atril emulado por cajas de embalaje, con la alcaldesa, Rosa Romero, quien entregó el premio del Público a Sergio González, realizador de Buenos tiempos.
La primer edil resaltó que en Castilla-La Mancha hay mucho talento, el cual merece la pena ser conocido, por lo que felicitó a los organizadores de un Festival que sirve de aliento a los autores que vuelcan su creatividad en narrar, desde la ficción o la realidad, las más bellas historias a través del cine.
La velada tuvo como gran triunfador al doblemente premiado Hugo de la Riva, que recogió las distinciones al mejor director novel y al mejor cortometraje por Blondi, el perro de Hítler, una “road movie de época” ambientada en la Segunda Guerra Mundial que, además del antibelicismo, transmite “hasta qué punto los animales pueden sacar lo mejor de las personas”.
También es antibelicista Camino a casa, del talaverano Gon Ramos, cuya banda sonora, creada por Borja Muriel, fue distinguida en el III Fecicam. El corto, que denuncia las consecuencias de la guerra, no tiene diálogos y está construido sólo con imágenes, efectos de sonido y una banda sonora que, según Ramos, es “muy descriptiva y emocionante”.

Arte y reflexión
Otro autor talaverano, César Pacheco, consiguió el premio al mejor largometraje con La burla del jardinero, una obra que definió como “una reflexión sobre la libertad individual frente a los convencionalismos sociales”. Ambientada en una época postromántica en la ciudad de Talavera, analiza “cómo las normas y sociedades encorsetadas pueden privar de la libertad, en este caso, de la de amar”.
Aunque sucede en el XIX, se trata de una historia, a su juicio, “perfectamente encuadrable” en la actualidad ya que, si antes era un problema de moralidad respecto a las relaciones sexuales y sociales, ahora se refiere a un problema de libertad de conciencia ya que “cada vez nos van privando de más foros y espacios para poder expresarse de una manera creativa”, comentó un autor para quien el cine tiene que servir, aparte de ser un arte, para mostrar “los problemas que nos afectan”.
Por su parte, la albaceteña Clara Sanz recogió el premio al mejor documental por Sigá-Sigá Prespa, un trabajo que refleja la conexión y curiosidad compartida entre los jóvenes voluntarios de diferentes países y los ciudadanos de una pequeña comunidad al norte de Grecia. 
Canciones como My Inmortal, de Evanescence, y Oh what a world, de Rufus Wainwright, también fueron interpretadas por los músicos de La Moderna a lo largo de una gala en la que Mercancías peligrosas, de Ángel S. Inocencio y Javier S. Navarro, se llevó la estatuilla del praxinoscopio como mejor obra universitaria y Ángel La Menor, asistente de dirección en Una persona normal con gafas de metal, recogió el premio al mejor vídeoclip por un trabajo de Javier Román Puche de corte pop, influencias setenteras y regusto antiguo al tiempo que de gran frescura y muy alegre.

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