Porque todos estamos en medio del ruedo de una crisis económica destructiva, la peor desde el crack del 29. Porque corremos el riesgo de ser LIDIADOS con los engaños de unos mercados que intentan someternos y humillarnos con las bambas de sus franelas, PICADOS por los puyazos impositivos y los recortes de nuestros gobiernos, BANDERILLEADOS en nuestros derechos democráticos por la tecnocracia europea que nos maneja al margen de las Instituciones Comunitarias y, muchos, ESTOQUEADOS por la ruina económica y la miseria moral a que condena el paro.
He decidido bajar a este ruedo donde las bolsas, las primas de riesgo, los ajustes presupuestarios, las regulaciones de empleo, las prejubilaciones, los despidos, las rebajas de sueldos, los cierres de establecimientos minoristas y los aumentos de jornadas laborales pasaportan cada día sin puntilla, con una simple faena de aliño, a millones de asalariados, pequeños autónomos y modestos empresarios, que tenían otros proyectos para sí mismos y se han visto involucrados en este trágico festejo. La crónica de esta corrida no puede escribirse desde el tendido, hay que mojarse y pisar el albero.
Están invitados al paseíllo. De inmediato cambiaremos la seda de la complacencia por el percal de la crítica. Nuestros campos de actuación serán la política del engaño y la corrupción, la economía del abuso y la explotación, y la sociedad del consumo y la frivolidad. Pero también la tauromaquia de Esplá o José Tomás, la literatura, el cine o la música de Serrat, Sabina o Aute como refugios artísticos y espacios estéticos intergeneracionales para sobrevivir, y también como foros de discusión y controversia. Porque todos los caminos de la libertad de expresión conducen a fortalecer la democracia cuando es tan débil y a la solidaridad cuando es tan necesaria.