A pesar del rumor de la calle, estos dos exministros del anterior gobierno socialista están estos días a la greña, porque ambos se empecinan en dirigir un partido que en su día fue obrero y que hoy representa, además, a mucha de la clase media española. Otra parte de esa clase media prefiere votar al Partido Popular.
Los dos pretenden salir victoriosos del Congreso Federal, que se celebrará en Sevilla el próximo mes de febrero para dirigir al Partido Socialista Obrero Español (P.S.O.E.). Creo que ni uno ni otro están legitimados para asumir esa función. Los dos pertenecen al “aparato” de un partido que ha perdido, estrepitosamente, las últimas elecciones locales, autonómicas y generales y, además, cuando tuvieron cargos de responsabilidad en el gobierno no supieron, no quisieron o no les dejaron (en cuyo caso tendrían que haber dimitido), las propuestas de corte socialdemócrata que ahora ofrecen a los ciudadanos intentando ilusionarlos de nuevo.
En España al Partido Socialista Catalán (P.S.C.) de Carme Chacón no se le perdona que para que gobernara el andaluz Montilla –por mucho que se empeñara en hablar un mal catalán- se aliaran con un partido independentista como Esquerra Republicana de Cataluña. Yo, que he vivido muchos años en esa parte del estado español, sé que el P.S.C. se nutre, mayoritariamente, del voto de los catalanes de adopción, o sea, de los inmigrantes obreros que en las décadas de los años sesenta y setenta del siglo pasado llegaron a esa Comunidad en busca de trabajo. A pesar de los años transcurridos ni ellos ni sus descendientes se sienten cómodos votando al nacionalismo cerrado y asfixiante de Convergencia y Unión. El P.S.O.E en su devenir, que no en sus inicios, ha llegado a tener vocación, como mucho, federalista, pero no independentista, de ahí la derrota cosechada por Carme Chacón.
¿Y qué decir del Sr. Alfredo Pérez Rubalcaba? Los ciudadanos piensan –y con razón- que por qué esas propuestas tan socialdemócratas y tan maravillosas que ahora propugna no se aplicaron cuando gobernaba con el Sr. Zapatero. Mucha decepción y cabreo debían tener los votantes socialistas cuando, a pesar de los brutales recortes en servicios públicos y sociales que se intuían –porque nunca los explicitó- en el programa del Sr. Mariano Rajoy, optaron por huir en desbandada refugiándose unos en Unión, Progreso y Democracia (U.P. y D.) y otros en Izquierda Unida.
Si los socialistas no quieren estar años y años en la oposición el P.S.O.E. se tiene que refundar ideológicamente desde las bases, oyendo a los militantes y simpatizantes, a los Comités locales y provinciales, en suma, escuchar al pueblo al que se deben, retornar y hacer honor a esa O, de obrero, que figura en sus siglas. Si el impresor Pablo Iglesias levantara la cabeza y viera cómo sus sucesores llevan a sus hijos a colegios privados o concertados, viajan en lujosos coches oficiales, utilizan gastos de representación a diestro y siniestro y se sirven de sus cargos como palanca para auparse socialmente, seguro que se escandalizaría. Él, que nunca consintió componendas con los poderosos si eso perjudicaba a los obreros.
El mundo actual no es el que vivió el fundador del P.S.O.E., afortunadamente. Hoy es más complejo y las relaciones entre empresarios y trabajadores han ido cambiado mucho a lo largo de estos años, pero, actualmente, hay una tendencia a retroceder en derechos. Los que originaron la crisis, fundamentalmente los banqueros, siguen sin ver mermada su calidad de vida y los empresarios, a rebufo de dicha crisis pretenden que los obreros, medrosos de perder el trabajo, tengan unas relaciones laborales totalmente injustas. En la refundación ideológica del P.S.O.E., que cité anteriormente, tendrían que estar presentes estas coordenadas: los obreros no son los culpables de la crisis y si el capitalismo, al parecer, es la única rueda capaz de mover el mundo, tendría que tener un rostro más amable y humano, más social y esperanzador. No se puede dejar al capitalismo sin una regulación social. Los chinos, con su comunismo capitalista ¡Qué incongruencia! Están aumentando, cada vez más, las injusticias sociales y el sistema comunista ultraortodoxo de los norcoreanos, por ejemplo, no funciona.
No se trata de hacer tabla rasa con todas las estructuras capitalistas, sino de humanizarlas, de pensar en los más débiles a través de la redistribución de la riqueza. Eso sólo se consigue con impuestos progresivos a las rentas más altas, a las transacciones bancarias que tengan una cierta entidad monetaria y al control del fraude a Hacienda en lo que se denomina “economía sumergida”. Por otra parte, la defensa de lo público ha de ser prioritaria, pues quien pide el adelgazamiento del estado para que ocupe su puesto la iniciativa privada, o sea, el interés particular, no trabaja en beneficio de España, sino de sus amigos empresarios.
Además de esa refundación ideológica que propugnan las bases, el P.S.O.E. necesita nuevos líderes que tengan las ideas claras y sepan ilusionar de nuevo a un electorado que hace ocho años le decía a Zapatero: “No nos defraudes”. A las primeras dificultades que tuvo el socialismo español, se plegó a las exigencias de la Europa de los mercaderes. Sería triste que en el próximo Congreso federal del P.S.O.E. sólo hubiera dos candidatos a la Secretaría General del partido, porque van al desastre. Creo que el P.S.O.E. tiene hombres y mujeres valiosos que no se deberían dejar acogotar por el “aparato” y la superestructura organizativa y de mando, sino que deberían organizarse y dar un paso adelante para ilusionar de nuevo a tantos millones de electores que ahora miran para otro lado y piensan que el castigo ha sido necesario para recobrar de nuevo la dignidad.
Eugenio Arce Lérida
Ni Chacón ni Rubalcaba




















