¿Es la igualdad una extravagancia?

03/06/2012 - 19:08

Llevábamos unos minutos esperando a que estuviera listo el quirófano donde iban a operarme "a corazón abierto". La joven enfermera me había contado que su madre era de Villamanrique, lo que inmediatamente me produjo una gran sonrisa. De pronto mi acompañante suspiró: "¡Qué tranquilo está usted, Miguel Ángel!". Le respondí que estaba tranquilo, seguramente porque todo lo que hubiera podido soñar para mi vida, ya lo había hecho. "Ojo, añadí, no tengo ninguna prisa por marcharme; quiero seguir siendo feliz, siéndolo y tratando de hacer felices a quienes me rodean. Mi tranquilidad se debe también a los cambios de que he sido testigo y actor en nuestro país y en nuestra tierra". "Mire, Dolores, para que me entienda, le voy a contar algo de quien hoy es alcalde de Villamanrique".
Un día de 1983, vinieron a verme a Ciudad Real dos compañeros míos de aquella localidad. Ambos tenían mi edad actual, es decir, unos 30 años más de lo que yo gastaba a la sazón. Uno se llamaba Dámaso y el otro Juan Coronado. Juan, que había ganado las elecciones municipales en su pueblo, era un tipo particular, con una pipa cachimba siempre en la boca; fue derecho al grano. "Éste, me dijo señalando a su compadre, tiene un nieto listísimo que termina en unos días el bachillerato y quiere ser ingeniero de caminos; en su casa no hay un duro para que vaya a estudiar a Madrid y tú eres nuestra última esperanza..."
No bien se marcharon, empecé a hacer gestiones: que un chaval de Villamanrique quisiera ser ingeniero de caminos me pareció fantástico. Tras varias llamadas, otro excelente compañero, Daniel Romero, recién estrenado como Director General de Educación Física y Deportes, me hizo una sorprendente oferta: "Tengo una plaza de ayudante de jardinero para el mantenimiento del parquecillo que rodea al Consejo Superior de Deportes... ". Conferencia con Villamanrique y en pocas horas pude confirmar que el joven Juan Pedro Piqueras llegaría al día siguiente para presentarse a Daniel y trabajar en el jardín...
Terminé la historia explicando a mi enfermera que así fue como Juan Pedro hizo la que se consideraba más dura de todas las carreras, estudiando y durmiendo, viviendo en suma, en la caseta donde se guardaba el corta-céspedes y demás aperos de jardinería. En realidad hubiera sido más exacto decir que en tales condiciones hizo sus primeros cursos; luego, sus propias cualidades le permitieron compatibilizar estudios y clases dadas a compañeros, casi siempre mayores que él. Cuando vinieron para empujarme hasta el quirófano concluí, feliz, mi charleta con Dolores: "¿Cómo no estar tranquilo cuando se ha contribuido y conseguido que en Villamanrique u otro lugar de España, hoy cualquier joven pueda hacerse ingeniero de caminos, por sus propios méritos, sean cuales fueren los recursos de su familia y de forma absolutamente normal? ¿Cómo no estar tranquilo cuando se ha logrado hacer un derecho generalizado de algo que hace apenas unos años constituía una auténtica extravagancia?"

De Villamanrique a Villarreal
Así, con Villamanrique y su Alcalde en mente, me quedé dormido en una anestesia de la que regresaría en la UCI del Hospital. Se me había quedado en el cuento recordar que Juan Pedro Piqueras ha sido Alcalde de su pueblo los últimos nueve años; un Alcalde excelente, como sin duda lo ha sido en su desempeño profesional como ingeniero. Sin embargo la conversación que acabo de referirles me ha hecho pensar bastante. Pensar para rebelarme contra una conciencia que he ido descubriendo en la "gente de posibles" de nuestra tierra. A menudo, entre esa gente se da una verdadera convicción de que la igualdad es y sigue siendo una extravagancia.
Por ejemplo, con motivo de la crisis, he oído a menudo a esa gente, que durante siglos ha vivido la desigualdad como privilegio, afirmar que durante años hemos vivido por encima de nuestras posibilidades... Por supuesto que con ello no decían que ellos hubieran vivido por encima de las suyas. No; en su criterio hemos sido los que no teniendo posibles hemos alcanzado niveles de bienestar y de justicia social que para estos interlocutores son sinónimo de despilfarro. Al respecto, siempre me vienen a la mente dos realizaciones: el Hospital de Alcázar y la Universidad de Castilla La Mancha... Para nuestra gente, dos hitos de progreso extraordinario. Dos ejemplos de extravagancia y de despilfarro para quienes nunca necesitaron ni del primero para recibir la mejor atención médica ni de la segunda para que sus hijos pudieran estudiar.
Cambiando de tema, aunque acaso no de onda, de Villamanrique nos vamos a Villarreal. Hace unos años apareció un equipo de fútbol que causó sensación y al que se conoció en Europa como el submarino amarillo. Traducidos al inglés Ciudad Real y Villarreal producen el mismo resultado. Ello explica que fueran muchos los amigos que, en el Parlamento Europeo, venían a felicitarme por los éxitos del submarino. Al principio expliqué que lo nuestro era el balonmano pero, pronto, dejé de dar clases de geografía pareciéndome más sencillo aceptar los parabienes dirigidos al Villarreal y destacando los títulos europeos que nuestro balonmano iba conquistando.
Pero ha resultado, lectoras y lectores que, empalmando con lo que decíamos hace un momento, el que Ciudad Real tuviera un equipo campeón de Europa de balonmano era otra extravagancia, como lo era que el Villarreal se llevara por delante a los mejores equipos del fútbol continental. La dura realidad es que, por lo pronto, ni veremos a nuestros balonmanistas jugar en el Quijote Arena, ni en el Madrigal habrá fútbol de primera por algún tiempo... ¡Extravagancias!

Fin de trayecto en Alemania
Terminaremos esta eurocrónica en Alemania. De allí pienso que va a salir el impulso definitivo para superar la crisis, dándose la paradoja de que también desde aquel país se ha irradiado la obsesiva política de austeridad que nos mantiene bloqueados. Próximamente comentaremos las circunstancias que han permitido a François Hollande llegar al Eliseo y embocar con optimismo un cambio copernicano en la política europea. Pero una de las palancas determinantes en su posible éxito ha sido contar en su estrategia con la decidida complicidad de los socialdemócratas alemanes. Desde el SPD se ha estado gestando hace tiempo la política a la que se han incorporado los socialistas francesas y como base programática antes del 20N, Alfredo Pérez Rubalcaba. Los socialdemócratas alemanes no estaban solos; en esa reflexión participamos una serie de militantes en el marco del Partido de los Socialistas Europeos. Aunque se nos escuchara poco, dijimos mil veces que era una locura tratar a un enfermo de anemia a base de sangrías. Denunciamos que ese camino sólo conduciría a la muerte del enfermo. Afortunadamente, ha quedado atrás la letanía de la austeridad -que se da por descontada, como el sentido común- y ahora se habla de crecimiento y de creación de empleo.
El SPD ha contado con el mensaje que dejó en su Congreso su antiguo líder Helmut Schmidt. Tuve el privilegio de escuchar la intervención admirable del patriarca, que habló desde su silla de ruedas, con voz pausada pero con la fuerza de siempre. Fue una intervención valiente y precisa, "Alemania, dijo Schmidt, debe tener siempre presente que cada vez que se ha lanzado a imponer su fuerza al resto de Europa, lo ha pagado con desastres para el pueblo alemán. No se trata de que Europa sea alemana, sino de que Alemania sea europea, con todas las consecuencias, también la de asumir los costes de tal responsabilidad". Helmut Schmidt respondía así a un ministro de la señora Merkel que acababa de afirmar que "por fin Europa empieza a hablar en alemán". Frente a la voz de la Alemania imperial, Helmut Schmidt hacía oír la de la Alemania solidaria e inteligente. No habló Schmidt directamente de Grecia; pero, conversando, recordó que ese país representa apenas el 2% del PIB europeo. ¡Cómo permitirse en tales circunstancias que desde Atenas y con bastante responsabilidad de Berlín, se haya llegado a poner al resto de Europa -Alemania incluida- al borde del precipicio! ¡Cómo no entender que sería mil veces más sensato para Alemania asumir hasta la cuestionable gestión de los griegos para, con ello, garantizar la estabilidad de todo el continente!
Estamos ante una fase nueva de la política europea, en la que por proclamarse una alternativa real, por fin cabe algún optimismo. Una alternativa al poder de los bancos y a la señora Merkel, a quien ya le huele su futuro a pólvora. Esa alternativa, que es la del crecimiento y la solidaridad, es sin duda la que conviene a España.

Comentarios

  • 1 | Florencio Pérez 13/06/2012 8:58
    Miguel Angel Martínez, que historias mas cercanas y no ver el progreso de todos es negar la realidad, aunque hay mucho camino por andar. Muchos hombres y mujeres necesitamos con ese talante de trabajador, empresario, político seguir el progreso en momentos difíciles, pero es hay donde se marca la diferencia, invertir en tiempo de bonanza es mas fácil pero mas valiente y al final serán los triunfadores es hacerlo ahora.