Casablanca
“El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”, se cruzan los inmortales de Casablanca en la habitación de un París a punto de ser tomada por los alemanes. Hoy, cualquier pareja que viva su propia historia de amor bien puede remedar a Bogart y Bergman, sentados en un parque con silueta de puente al fondo, entre un repentino vuelo de palomas. Un poco más alejada pero dentro de plano una oficina de empleo-desempleo cuya puerta principal regurgita una cuerda de parados. En el rostro de los jóvenes se descubre la desazón de la desocupación, la pesadumbre de una hipoteca impagada, la insistencia amenazante del mismo banco que por otra puerta pide árnica del contribuyente, y un futuro irregular imperfecto... Falta el elemento mimético: un gran póster de Angela Merkel en los flancos de los autobuses... Y el beso, claro.