Entrevista

José Luis Bódalo: "La tierra se movía como un tiovivo de feria"

05/08/2012 - 12:30
José Luis Bódalo Rodríguez regresó el pasado mes de febrero de Haití. Allí vivió el terremoto y lo que vino después / Lanza

Belén Rodríguez
CIUDAD REAL

José Luis Bódalo, nacido en Tomelloso hace 52 años, se considera un hombre afortunado. Policía nacional de la escala básica ha convertido su profesión que ejerce no ya con vocación sino con pasión, como deja patente en esta entrevista, en una aventura que le ha llevado a trabajar por todo el mundo de agente especializado en la seguridad de embajadores y embajadas. Y en eso andaba en enero de 2010 cuando un terremoto devastó el ya de por sí destrozado Haití. Pudo regresar a España, pero prefirió quedarse a cooperar en la reconstrucción y no ha vuelto hasta este febrero. Destinado en Toledo, en la Jefatura Superior de Policía de Castilla-La Mancha, esta semana ha recibido la Cruz de la Orden al Mérito Civil a propuesta del Ministerio de Exteriores. “No lo merezco. Haití sigue igual de mal que antes del terremoto. No ha cambiado nada”.

De todas las experiencia profesionales que José Luis Bódalo Ha vivido por medio mundo, la de Haití entre diciembre de 2009 y febrero de 2012 ha sido la más trágica y en cierta medida desalentadora porque según dice con todo lo que pasó después, la reconstrucción, la ayuda... Haití, el país más pobre de América del que volvió a principios de año, “sigue igual de mal que antes del terremoto”.

El temblor del 13 de enero de 2010, en el que el embajador de España de quien era escolta resultó herido, le pilló haciendo deporte en su casa (no estaba de servicio), una vivienda de una sola planta a la que se acababa de trasladar y de la que pudo salir sin mucha dificultad en medio de la perplejidad porque ni siquiera sabía qué estaba pasando. Cuando aceptó el destino a finales de 2009 para relevar a otro compañero que no duró más que una semana, tampoco reparó que viajaba a una zona en la que podía haber terremotos. No lo había pensado.

A las cinco menos diez del 13 de enero cuando la tierra empezó a moverse esperaba a unos amigos para cenar y al sentir el estruendo: “pensé, fijése que tontería, que los invitados se habían saltado por la ventana de la cocina y decía ‘estaos quietos que lo vais a tirar’. Luego noté que la casa se movía como un tiovivo de feria; aquello fue impresionante, intenté salir por la puerta pero no se abría, se rompió un cristal, salí por la ventana y me agarré a un mangal [el árbol del mango] que había por allí. Fueron 45 segundos en los que pensé que la tierra se iba a abrir como en las películas, de hecho pasó en otras zonas, y  cuando terminó la primera gran sacudida llegó el silencio, no se oían ni pájaros. Al poco apareció uno de los invitados, todavía no sé cómo, y fue el primero que me dijo que había habido un terremoto”.

A partir de ahí Bódalo se activó como policía, lo siguiente fue ir a su puesto en la embajada española en un recorrido por la ciudad en el que empezó a tomar conciencia de la magnitud de la catástrofe. “Puerto Príncipe estaba destrozada. Había habido una demolición tremenda, te encontrabas edificios hechos un sandwich. Recuerdo que cerca de mi casa habían inaugurado un hospital nuevo con ayuda internacional, lo sé porque estuvimos con el embajador en la inauguración, me impresionó verlo hecho un amasijo de hierros”. Y luego la gente, “llantos, llamadas de socorro, rezos, caminabas entre cadáveres de hombres, de niños...”

Toparse con la embajada fue también impactante. “Estaba al final de una pendiente y poco antes de subirla me encontré el escudo oficial que se había desprendido allí tirado y a cuatro policías haitianos llorando. Al embajador lo sacamos de entre los escombros y nos fuimos a otra casa más segura tras sacar la documentación sensible. La noche fue muy dura no dejaban de producirse réplicas y cada vez que volvía una se oía el murmullo de rezos y lamentos”.

Tras el terremoto a Bódalo y otros compañeros les dieron la oportunidad de marcharse. “Dije que no, que yo me quedaba hasta terminar mi misión” (ese tipo de destinos suelen durar dos años y medio), y en Haití ha permanecido hasta febrero. La medalla que recibió el lunes en Toledo, la Cruz de la Orden al Mérito Civil, se le impuso a petición del embajador Juan Fernández Trigo y el Ministerio de Asuntos Exteriores. Bódalo, que insiste en que no la merece,  fue uno de los policías que rescató al embajador herido en un brazo tras el seismo (de hecho tuvo que ser evacuado a la base norteamericana de Guantánamo).

Acostumbrado a misiones en el extranjero, este policía que pese a que ha recorrido medio mundo en misiones parecidas insiste en que se siente “muy, muy de Tomelloso. Ejerzo de tomellosero allá dónde voy, en Haití he llegado a cocinar gachas”. Antes del terremoto, cuando llegó al país caribeño se quedó impactado y dice que ha vuelto igual. “Por mucho que te lo cuenten, y yo he estado en la Rusia antes de la caída del comunismo, en Cuba, Portugal, Eslovaquia, Bolivia, no te puedes creer que exista un país como Haití. La gente vive con menos de un euro al día, no hay edificaciones, la población vive del trapicheo de comprar y vender comida y lo que pueden en la calle, hay miles de niños y jóvenes deambulando por las calles. Es un país que necesita mucha ayuda”.

El terremoto empeoró la situación y aunque Bódalo se alegra de no haber viajado allí con su familia (mujer e hijos que le han acompañado en otras misiones), dice que no tiene inconveniente en volver a ayudar.
“Toda la ayuda, todo lo que llegó del exterior en 2010 se ha ido desinflando. Hubo muchos campos de refugiados que se han ido desmantelando, pero como la gente no tiene donde ir se han llevado las tiendas y se han instalado en cualquier parte, es durísimo vivir así, a la intemperie y con el tremendo calor. El país sigue muy mal”.

A la Embajada de España en Haití Bódalo llegó para hacer una sustitución. ¡Atención!, en 2009 el destino que había pedido era por este orden “Afganistán, Pakistán, Libia o Egipto”, y ¿por qué?: “Me encanta este tipo de trabajo. Me siento muy orgulloso de ser policía además es que no sé hacer otra cosa. Cuando entré ya me gustaba. Empecé como antidisturbios y así recorrí toda España. Después no he parado”.

En ese peregrinar por el mundo Bódalo ha estado destinado en el País Vasco, en ‘los años de plomo’, y en varias decenas de países. Este año después de volver de Haití a la brigada de Extranjería en la Jefatura Superior de Policía ha estado en Polonia (durante la Eurocopa) y hace unos días en Colombia.