35 aniversario del incendio de la estación de ferrocarril

"Los trabajos de extinción del fuego llegaron a rozar lo heroico"

05/08/2012 - 12:56 Escrito por J. S. Ruipérez

J.S. Ruipérez/ Ciudad Real

Clemente Díaz Murcia, inspector principal de la estación de ferrocarril de Ciudad Real y  Francisco Sánchez Donoso, jefe de servicio, fueron testigos directos de la dramática noche del 28 de julio de 1977 en la que se incendió la estación de ferrocarril de Ciudad Real. ‘Lanza’ ha podido hablar con estos dos ciudarealeños de cuya experiencia hoy se hacen eco nuestros lectores.

Clemente y Francisco, “los de la gorra”, es decir los que mandaban en la circulación de la estación, eran responsables de una sección entera de trabajadores compuesta por 600 personas, como suya era la responsabilidad de la estación de ferrocarril  la noche en la que ocurrieron los hechos.

La jornada pintaba tranquila, hacía calor y los ferroviarios estaban cenando en casa con sus respectivas familias cuando un compañero les avisó a viva voz desde la calle, de lo que estaba ocurriendo en las vías. En este punto Clemente asegura que desde su casa, ubicada en las inmediaciones de Pío XII, pudo observar un tono rojizo en el cielo lo que le hizo sospechar que algo raro pasaba. Según relata, no sólo él fue testigo de ese resplandor, pues al parecer desde la estación de Mora (Toledo), a 90 kilómetros de Ciudad Real, también se podía ver el resplandor de las llamas.

Detallan, con emoción que los trabajos de extinción fueron duros “rozando lo extraordinario y lo heroico”, al tiempo que advierten que el factor “suerte” fue muy importante. Ambos aseguran que en esos instantes se temía un desenlace similar al ocurrido treinta años atrás en Santander, cuando un incendio calcinó casi por completo la ciudad.

Clemente y Paco, lucen buena memoria y cuentan los detalles con absoluta sincronía. Destacan el efectivo trabajo de la Guardia Civil, la Policía Armada y la policía local de Ciudad Real y Puertollano y mencionan de manera significativa la gran ayuda recibida por parte de la ciudadanía de Puertollano.

Del mismo modo destacan la importante colaboración de los vecinos de Los Ángeles, así como el trabajo del gobernador civil de aquel momento, Eduardo Ameijide.

“Se reaccionó bien”, apuntan . tanto es así que “todo el mundo que estaba de servicio recibió premio y reconocimiento “porque aquel comportamiento rayó lo heroico”, recuerdan.

Clemente y Paco tienen sus últimas palabras para los compañeros Faustino del Río y Barrajón, que “llegaron a jugarse la vida”, apostillan.

Nunca se enfriaban las vías

En los años 70 la estación de ferrocarril de Ciudad Real era una de las empresas más importantes de la provincia no en vano eran cerca de 2.000 los trabajadores que directa o indirectamente vivían del tráfico ferroviario. Cuentan los ferroviarios de la época que en esta ciudad “nunca se enfriaban las vías”. Sólo por Ciudad Real pasaban más de medio centenar de trenes al día.

A raíz de este accidente cambian las medidas de seguridad ferroviarias, entre ellas la obligatoriedad de contar con un vagón de socorro en todas las estaciones de tren (en el parque Gasset de la ciudad hay una réplica del que había en la estación ferroviaria) o que los trenes de mercancías nunca estacionaran en población. También se instó la obligatoriedad de cisternas de agua y mangueras, entre otros materiales. Además se decidió que cuando hubiera falta de locomotoras y un posible tren de mercancías, que se quedara sin cabeza, se llevara a un lugar alejado de la población.

Comentarios

  • 1 | Dora Blanco 06/08/2012 10:40
    Muy buen articulo, me ha hecho recordar unos momentos dramáticos en CR, en los que gracias a unos pocos "heroes" no se produjo una trajedia