“La mejor noticia para Europa sería la entrada en vigor del Tratado de Lisboa”
 
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19/07/2009 - 21:39 Escrito por Lanza

Juan I. Sanz/Ciudad Real

 

Miguel Angel Martínez, veterano político ciudarrealeño, fue reelegido el pasado martes como uno de los catorce vicepresidentes del Parlamento Europeo, en la que será su tercera legislatura en Bruselas. Desde allí, asegura que la ratificación del Tratado de Lisboa se antoja fundamental para el futuro de Europa y de los europeos y muestra su confianza en la próxima presidencia española de la Unión Europea, durante el primer semestre del año 2010. Imagino que se sentirá satisfecho al haber sido reelegido vicepresidente y con un gran apoyo, 327 votos. Es un resultado impensable, a priori. No sólo estoy muy satisfecho si no que estoy algo sorprendido y conmovido también.

Es un gran reconocimiento al trabajo que uno ha podido hacer y a la confianza que uno haya podido ganarse; pero también supone un reconocimiento a lo que mi partido y el gobierno está haciendo en el país. Haber obtenido tantos votos quiere decir que me han votado comunistas, verdes e incluso gente del Partido Popular Europeo. Es un resultado que supone mucho aliento para seguir trabajando y defendiendo los mismos intereses y con el mismo estilo. ¿Qué puede aportar el nuevo presidente de la Eurocámara, primero de un país del este, en esta legislatura? Yo tengo la ventaja de que le conozco desde hace tiempo.

Es un hombre que no tiene gran carisma pero es honesto y es un tipo de convicciones democráticas profundas. Es tan importante la elección de Buzek a presidente del Parlamento Europeo como lo fue en su momento la de Enrique Barón. Entonces supuso que se había suturado por completo el corte que había entre España y Europa. El que Buzek sea el presidente de la Eurocámara representa la soldadura ya irreversible y definitiva de una Europa que, por razón del mundo se dividió en bloques contrapuesto.

Eso es ya una situación superada. Estamos en el compromiso de cerrar definitivamente lo que ha sido una Europa dividida para proyectar en adelante la Europa única. Ya no hay vieja Europa ni joven Europa, como se llegó a decir el presidente Bush. Ahora estamos demostrando que la nueva Europa no se reconoce ni como dividida ni como posdividida. Uno de los primeros retos de esta legislatura es la aprobación del Tratado de Lisboa. Irlanda será la primera en votar. ¿Qué bondades tiene este tratado? Y, si los tiene, ¿qué defectos? Creo que ése es el primer gran reto. El que sea ratificado no depende del Parlamento Europeo, donde fue apoyado por el 80 por ciento de los votos.

El Tratado de Lisboa es un documento que permite a la Unión Europea adaptarse al mundo del siglo XXI; debe permitir la consolidación de Europa como entidad política y capacitar a Europa para actuar en el mundo como actor global; y para defender los intereses de los ciudadanos europeos, en un mundo donde hay una gran competencia y donde hay interlocutores que compiten con nosotros tan importantes como Estados Unidos, Rusia, China y La India, con los que no estamos en condiciones de competir porque nos falta una estructura que nos permita hablar con una sola voz y actuar con una sola palanca.

Eso lo va a permitir el Tratado de Lisboa. Los defectos o carencias que tiene es que no hemos sido capaces de aunar voluntades para ir todavía más lejos y hacer de Europa un gran país. Gente muy cualificada como Felipe González ha dicho que es un tratado de mínimos, y creo que, en alguna medida, tiene razón. Es una bicicleta que nos va a permitir arrancar. La impresión es que hemos estado durante cuatro o cinco con una bicicleta estática y ésta nos va a permitir arrancar y subir los puertos como los sube Contador.

 El primer puerto es la crisis; y confío en que vamos a ser capaces de enfrentarla y salir adelante. En estas últimas elecciones europeas han entrado en el Parlamento bastantes grupos de extrema derecha, abiertamente xenófobos y euroescépticos. ¿Cómo ve el panorama? Es complicado y lo es más para quiénes tenemos que presidir la cámara. Es un problema más de incordio que de otra cosa. El que haya más euroescépticos y gente fascista es muy preocupante porque traduce la realidad de muchas de nuestras sociedades. Es algo a lo que hay que prestarle atención.

En el parlamento, su presencia no va a tener incidencia en el juego político porque éste no se ha visto fundamentalmente alterado. El que estos grupos hayan aumentado del 15 al 20 por ciento su presencia en la cámara, no cambia el equilibrio de fuerzas que se da fuera de ellos. El juego político se da entre los populares, los socialistas, los liberales, los verdes y los comunistas. Los otros lo que hacen es votar sistemáticamente en contra de cualquier cosa. Es un grupo de incordio y que actúan de cara a las cámaras de televisión, sacando pancartas y otras cosas que son parafernalia. Ahora tenemos un problema porque han llegado unos cuantos vestidos con uniformes nazis.

Tuvimos que discutir si se podía permitir que entrase gente uniformada en el Parlamento, con el uniforme con el que van a sus desfiles, es algo que nunca había pasado; hay otros que colocan la bandera de su país en su mesa; otros que cuando se toca el himno no se ponen en pie; otros que piden la palabra 20 veces para decir lo mismo, ese es el incordio que vamos a tener. A mí no me va a temblar la mano en pedir que salgan de la sala cuando entienda que su conducta no se ajusta a la corrección necesaria. ¿Cree que los diputados conservadores van a intentar sacar adelante, de nuevo, la polémica ley de las 65 horas semanales? Uno de los debates inminentes es quién va a ser el presidente de la Comisión Europea. Por el momento, los gobiernos de los 27 han hecho la propuesta de Durao Barroso, que es quién ha presidido la comisión y quién ha tenido la responsabilidad de esa materia en la legislatura anterior.

 Creo que esa medida no salió adelante porque el tema se presentó en un momento, a unos meses de las elecciones, en el que muchos colegas de derechas, no quisieron aparecer en la fotografía votando a favor de disparates como ese. Ahora que faltan cinco años para las elecciones, sí que puede haber gente a la que no le preocupe tanto retratarse. Aún así, yo estoy convencido de que desde la derecha, esa y otras medidas las tendrán guardadas, y por el momento, la pelea es por que la comisión se comprometa con diferentes aspectos sociales, y entre ellos, que demuestre su negativa a medidas como ésta. Barroso sabe que no tiene en el Parlamento una mayoría suficiente, y necesita el voto socialista. Nosotros estamos trabajando para presentarle un decálogo de compromisos sociales que si no los confirma, no tendrá nuestro voto.

¿Cuáles son los retos de los socialistas en Europa? El de avanzar más deprisa hacia la Europa política y capacitada de operar en el mundo como una gran potencia; y el compromiso fundamental es avanzar hacia una Europa social. Nosotros pensamos que la empresa tiene un papel muy importante que cumplir, pero querríamos que el empresario entendiera que Europa no puede salvarse a base de perder nuestra alma, que es la justicia social y de una sociedad de progreso. Hay que decirles ‘No quieran ustedes competir con China a base de subir el horario de trabajo, de bajar los sueldos y de rebajar los servicios sociales’. El tema del despido libre, por ejemplo, donde en China pueden despedir a cien millones de personas y no pasa nada. Donde podemos competir es teniendo un sistema con servicios sociales, educación, servicios médicos avanzados.

 Eso va a servir de ejemplo para que los chinos comiencen a pedir eso en su país. Ya sucedió algo parecido en Japón en los años 50. Si nosotros no damos ese ejemplo a esos países, no podemos salvar a Europa. Tenemos que demostrar que se puede vivir y producir mejor, y competir en condiciones que no tengan nada que ver con la esclavitud. Dos políticos españoles de larga trayectoria se estrenan como eurodiputados en esta legislatura, me estoy refiriendo a Juan Fernando López Aguilar y Ramón Jáuregui.

¿Qué opina de ellos y qué pueden aportar? Son dos personas distintas y complementarias. Ramón Jáuregui es un hombre de mi generación. Y Juan Fernando acaba de pasar los 40. Hay una diferencia generacional. Ramón es un hombre en la mejor tradición del vasco culto, serio, que medita mucho las cosas y que no da un paso adelante sin haberlo reflexionado antes. Juan Fernando es canario y es un hombre del siglo XXI, tiene una personalidad fascinante: de los más jóvenes catedráticos de España, toca la guitarra que incluso podría ganarse la vida con ello, dibuja admirablemente, conoce muchos idiomas.

Es un hombre de una personalidad polifacética y atractiva, y, a veces, de una hiperactividad que llega a marear. Algunas veces, el papel que me corresponde es el de pisarle el acelerador a Ramón (Jauregui) y pisarle el freno a Juan Fernando (López Aguilar). Soy muy amigo de los dos y es un privilegio poder trabajar con ellos. Según cuentan quiénes le conocen, acabó un pelín harto de alguna de sus responsabilidades en la pasada legislatura, ¿qué sucedió? Había una, la de recursos humanos, que me ha pesado mucho. Yo estoy soñando con quitármelo de encima. Creí que era mi obligación atender los convenios colectivos del personal y además, accedí a recibir a todo aquel que quisiera. Y en esta institución, como en todas partes, hay mucha gente algo desequilibrada, y yo tenía que dedicar dos horas diarias a recibir a gente con problemas casi psiquiátricos. No era un área que me estaba satisfaciendo. Entonces, para esta legislatura, mantengo las carteras de multilingüismo y de relaciones con los países candidatos a la adhesión. Y, posiblemente, me encarguen un área muy interesante para mí, que es el de las relaciones con los parlamentos nacionales, que es una manera de estar diariamente en contacto con la realidad social y política de los distintos países. Además, he pedido entrar en la comisión de Agricultura, porque es un tema que toca a nuestra tierra de manera directa. Lleva diez años, desde el año 1999, como eurodiputado, ¿en cuánto ha cambiado Europa en este tiempo? Ha cambiado de forma muy determinante porque cuando entré aquí éramos 12 países y ahora son 27. Los idiomas han pasado de ser una decena a ser 23. El Parlamento, como tal, ha cambiado de manera notable. Antes estábamos muy metidos en la Europa occidental y ahora estamos mirando a Rusia. También ha cambiado el mundo. En muy pocos años hemos pasado de la globalización como proyecto a la globalización como realidad. Ya no hay ningún tema que pueda discutirse fuera de la dimensión mundial. Europa era muy importante en su dimensión interna, y ahora es más importante su acción exterior para poder defender los intereses de sus ciudadanos. Sobre todo, se ha hecho más compleja. Antes ha mencionado a Durao Barroso, ¿seguirá como presidente de la Comisión Europea?, ¿a quién preferiría si pudiera elegir? Habría 50.000 personas que yo preferiría antes que Durao Barroso, que es un hombre identificado con unas ideas que no comparto. Pero, no va a haber otro candidato y por lo tanto, va a ser el Presidente de la Comisión. Como las elecciones las ha ganado la derecha, es lógico que el presidente sea alguien de derechas. Barroso es un hombre inteligente y entiende que tiene que encontrar eco y apoyo en el Parlamento y eso significa adaptar sus ideas a políticas que no sean de una confrontación frontal con las ideas de progreso que defendemos las fuerzas de izquierda. Creo que Durao Barroso no va a hacer lo que le de la gana. Por último, ¿cuál sería la mejor noticia que le gustaría que saliera del Parlamento Europeo? La mejor sería que el Tratado de Lisboa ha entrado en vigor. Es una buena noticia previa a cualquier otra buena noticia. España va a presidir la Unión Europea en los primeros seis meses del año próximo, tras una presidencia checa lamentable y una presidencia sueca que no despierta muchas ilusiones. Otra buenísima noticia sería que el semestre español suponga un avance notable en lo social y en el papel de Europa en el mundo.

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