Isabel Valdés / Puertollano
Puertollano, ciudad industrial por excelencia, tiene además elementos turísticos y culturales que atraen a un público muy diverso en fiestas y vacaciones. Es el caso del Museo de la Minería, que desde su inauguración, el 4 de octubre de 2006, ha atraído a más de 112.000 visitantes procedentes de todas partes de España y de diferentes puntos de la geografía mundial. A pesar de ser un punto conocido por todos los habitantes de la ciudad minera, su historia es desconocida por muchos de ellos y cuyo origen estaba predestinado y yacía latente en los espacios del Museo Municipal. El origen Lo que conocemos como Museo Municipal era en sus principios un edificio casi vacío, con muchas carencias y que después se rehabilitaría como Escuela Taller; fue posteriormente cuando se le dio la función de Museo. Raúl Menasalvas Valderas, arqueólogo, técnico de la concejalía de Turismo, director del Museo Municipal desde 1996 y también del Museo de la Minería desde sus inicios, cuenta como fue la “gestación” de lo que hoy es el Museo de la Minería. Aunque en ninguno de los casos él hubiera pensado que estaría ahí para verlo, ya que entró de forma temporal, “sin interés determinado por quedarme, no me gusta la rutina y hacer demasiado tiempo una misma cosa me aburre”. Fue en tiempos de Casimiro Sánchez cuando empezó a hablarse de qué se necesitaba y cuáles eran las necesidades culturales, por aquel entonces el Museo Municipal se usaba como Sala de Exposiciones. Se plantearon los recursos existentes y sobre todo, la identidad local, a partir de ahí empezaron a trabajar en campañas de donación siempre relacionado con la ciudad de Puertollano. En ese mismo espacio de tiempo se recorrió toda la cuenca minera para ver qué quedaba por proteger y fue entonces cuando empezó la campaña de protección del patrimonio minero; momento en el cual la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha ni siquiera se lo había planteado. “De hecho dos veces se solicitaron los castilletes como bienes de interés cultural” sin embargo entonces no procedió, “por suerte ahora está todo el mundo muy interesado”. Empezaron a adquirir, por compra o donación, objetos de minería, y se consiguió gran documentación fotográfica, planos y utillaje; en este aspecto Menasalvas cuenta que “para que una campaña de donación tenga éxito tienes que empezar a darle tú mismo la importancia que merece, para ello hacíamos exposiciones de minería”. La parte fotográfica, tal y como corrobora Menasalvas es un punto prioritario de atracción, “tiene un éxito tremendo, mucha gente de Puertollano repite cada vez que volvemos a realizar una exposición fotográfica”, a muchos de ellos les gusta reconocer en esos rostros para otros desconocidos, los rasgos familiares de un abuelo, un hermano, un padre. Surgió, a raíz de las donaciones, otro apartado interesante y susceptible de formar parte del Museo, la etnología y la etnografía, por lo que se hizo otra campaña de donación y de la cual se obtuvieron diversos objetos, de los que los más comunes, resultaron ser aperos de labranza. A partir de esas dos grandes secciones, minería y etnología, salieron la geología, la paleontología, etc., pero el espacio era reducido; se crearon vitrinas y se fue agrandando. Es ahí donde creció, como posibilidad real, el embrión de lo que hoy es el Museo de la Minería. El proyecto A partir de ahí, se creó un proyecto a raíz del cual, en 3 meses, se ejecutó el actual Museo de la Minería; “cuando nos planteamos hacer esto, lo podíamos haber hecho en cualquier otro sitio incluso quizás en otro mejor, mejor comunicado, más cercano, pero lo hicimos aquí con un objetivo, revitalizar una zona deprimida”. Aunque la Junta invirtió en hacer un cinturón verde, al dotarla de un elemento cultural se revaloriza la zona, y añadiéndole el parque se convierte en un lugar con un gran atractivo. Sin embargo, el verdadero y principal objetivo del Museo de la Minería es dignificar el oficio minero, oficio que hasta hace relativamente poco, “era el peor visto de todos”, según Menasalvas.


















