Y después qué…

F. Javier Soria Ciudad Real

La relación con los amigos comunes no tiene por qué romperse, dependerá eso sí, de cada caso en particular. Pero siempre es recomendable quedar con ellos, de forma individualizada, por evitar estar muy próximos de la anterior pareja, evitando situaciones incómodas. Lo más positivo sería abrir de forma paralela, un nuevo círculo de personas para ampliar el abanico de posibilidades para el ocio, planteamiento de nuevas actividades y un sinfín de alternativas siempre que uno se sienta bien y con una buena autoestima. Cuando en una pareja rota hay niños, es necesario prestarles especial atención. Para llevar a cabo una separación con el menor coste emocional para ellos, hay que recordar que a partir de los cinco años, intuyen cuando la relación de los padres no va bien.

En el caso que nos ocupa esta semana, es importante saber hasta dónde llega una relación antes de que empiece a ser destructiva siempre es un verdadero éxito, pero aún viviendo así hay desconcierto y tristeza. Es lógico, cuando se inició había un proyecto y ahora hay una pérdida. La única manera de salir del sufrimiento es darle un sentido.

Lo mejor que podemos hacer es aprovechar este duelo para aprender de la experiencia. Ese estado de recogimiento es perfecto para reflexionar y ver cuál es nuestra parte de responsabilidad de lo que ha ocurrido, porque una relación es de dos.

Además, hay que darse un tiempo para asentar las cosas. Si las heridas no se cierran, nos condicionan ante cualquier otra nueva relación: el miedo, por ejemplo, al volver a sufrir al entregarse.

En nuestras primeras relaciones buscamos una especie de amor ideal perfecto; pero la experiencia nos va ayudando a encontrar un amor real con personas reales y todo lo que invirtamos en aprender de lo anteriormente vivido ayuda.

Ante una ruptura hay que intentar evitar aspectos negativos del pasado en relación con la pareja porque nos amarga y nos alimenta en rencor.

Por otro lado, también es bueno desarrollar aficiones que ocupen nuestro tiempo y nos permitan conocer nuevas personas. La relación con los amigos comunes no tiene por qué romperse, dependerá eso sí, de cada caso en particular.

Pero siempre es recomendable quedar con ellos, de forma individualizada, por evitar estar muy próximos de la anterior pareja, evitando situaciones incómodas.

Lo más positivo sería abrir de forma paralela, un nuevo círculo de personas para ampliar el abanico de posibilidades para el ocio, planteamiento de nuevas actividades y un sinfín de alternativas siempre que uno se sienta bien y con una buena autoestima.

Cuando en una pareja rota hay niños, es necesario prestarles especial atención. Para llevar a cabo una separación con el menor coste emocional para ellos, hay que recordar que a partir de los cinco años, intuyen cuando la relación de los padres no va bien.

Al niño se le debe avisar de lo que va a ocurrir antes de que los cambios se produzcan o que se enteren por terceras personas en su círculo más allegado. Cuando se les explique, es recomendable que estén ambos progenitores y les cuenten en qué consisten esos cambios que se van a producir.

Independientemente de los rencores que existan entre los padres, si existen; el niño tiene derecho a que se preserve de cada progenitor una imagen cercana y digna; por tanto, habrá que excluir comentarios hirientes y ponerse de acuerdo fuera del alcance del propio niño. Las dificultades para adaptarse a su nueva situación pueden manifestarse a través del llanto, la queja o la oposición constante.

Es un momento difícil para él y para los padres, y todos debemos ser pacientes ante esta situación que se nos presenta. El tema de ganarse a su hijo y basar la educación en el proteccionismo o la excesiva carga puede enturbiar un proceso que si se produce, ha de convertirse en algo lo más natural posible, dentro de la circunstancia que rodee cada caso.

De esta manera, seguro hacemos las cosas bien.