Nuestro mundo

F. Javier Soria Ciudad Real

A medida que vuestro hijo crezca, deberéis tener cada vez más cuidado en alcanzar el consenso e intentar no discutir en su presencia o, de otro modo, le llegarán mensajes confusos y no sabrá a qué atenerse. Además de la confusión que podría generarle, otro efecto pernicioso es el de presenciar una discusión entre vosotros sobre aspectos de su educación, algo que hará el pequeño sentirse culpable de vuestra dinámica, ya que os estáis enfrentando por él. Pero estar de acuerdo en todo es imposible, por lo tanto, tendréis que resolver vuestras diferencias en privado, sin que ellos estén delante.

El tema de esta semana es muy importante. Y esto no lo digo yo. Cito textualmente: Diferentes estudios nos muestran que uno de cada tres padres se siente desorientado pensando que no es capaz de educar bien a sus hijos. Además, uno de cada cuatro progenitores admite que las opiniones de sus hijos se acaban imponiendo y uno de cada cinco confiesa sentirse desbordado por las exigencias económicas que les imponen por real decreto.

Desde que nuestros hijos nacen, nos preguntamos si lo estamos haciendo bien, si somos capaces de educar correctamente, si realmente estamos preparados para hacerlo. Hoy en día, concebimos a nuestros hijos mucho más tardíamente, siendo ya más adultos, y en cambio, tengamos tantas inseguridades. Los ataques de excesiva responsabilidad nos sobrevienen muy prematuramente. Incluso en la época de la misma concepción, cuando realmente nos imaginamos como va a ser todo y nos dedicamos a planear el futuro de la familia y el nuestro propio, es curioso. La pareja tiene ahora un tema más del que hablar y sobre el que discutir: Su hija/o.

Las controversias respecto a cómo criarlo no espera a que llegue la adolescencia, sino que empieza en los primeros momentos, ya siendo bebés. A veces ocurre que una parte de la pareja es muy dominante y quiere imponer sus criterios, o incluso que desconfía de la otra. Aunque es más frecuente que la madre sea la que imponga su manera de hacer, al menos en los primeros años, también hay casos en los que es el hombre el que adopta ese rol.

Las diferencias entre ellos pueden surgir ante los temas más irrelevantes y, por descontado, ante los más trascendentes. A medida que vuestro hijo crezca, deberéis tener cada vez más cuidado en alcanzar el consenso e intentar no discutir en su presencia o, de otro modo, le llegaran mensajes confusos y no sabrá a qué atenerse.

Además de la confusión que podría generales, otro efecto pernicioso es el de presenciar una discusión entre vosotros sobre aspectos de su educación será que el pequeño se sentirá culpable de vuestra dinámica, ya que os estáis enfrentando por él. Pero estar de acuerdo en todo es imposible, por lo tanto, tendréis que resolver vuestras diferencias en privado, sin que ellos estén delante. Actuar de manera aséptica es imposible, pero tenemos que evitar la discusión e intentar educar sin discutir. Este dato es importante tenerlo en cuenta y siempre se evitarán problemas.