Ser maduros

F. Javier Soria Ciudad Real

Si prestamos atención y somos conscientes de ello, la vida se va sin sentir, siempre tenemos la mirada fijada de forma clara en el futuro, en el pasado, en cualquier punto que no sea el tiempo presente.

Si prestamos atención y somos conscientes de ello, la vida se va sin sentir, siempre tenemos la mirada fijada de forma clara en el futuro, en el pasado, en cualquier punto que no sea el tiempo presente.

La niñez se engaña con promesas de futuro que muchas veces no se cumplen, qué seseo tiene uno cuando crezca y sea adulto, cuando crezcas lo entenderás, hay que prepararse para lo que venga en la vida, algún día te darás cuenta y lo agradecerás. Cuando ya somos adultos, entre compromisos, ajenos y apuestas propias, comienza otra especie de teatro indecente que tenemos que entender a la fuerza y que nos hace desdoblar nuestra personalidad de forma clara y forzada.

Llega un momento que tampoco entendemos nada: puede aparecer la falsedad, dobles mensajes, amigos que se ocultan, realidades veladas, no se aceptan los problemas, actuamos en base a unos principios consensuados por la sociedad que a lo mejor no son los más indicados, nuestro grupo de iguales no generan la libertad deseada y nos hace sentir fatal. Problemas tan importantes como el trabajo, la familia, la maternidad, la jubilación, los seguros de vida, los planes de pensiones… y tantas cosas que nadie nos había contado. Claro está! Ya somos adultos y esas promesas no se cumplieron y seguimos sin entender nada. Mañana será otro día.

No hay nada que no cure el tiempo y es verdad, todo tiene solución, o casi todo. Amamos sobre todo los demás los placeres y entretenimientos que nos arrancan del tiempo, la música, el teatro, la televisión, el fútbol, la política. Si se detiene el mundo por un instante, surge el problema y aparece la insatisfacción personal, la frustración, la angustia. No solo la sociedad en la que vivimos niega la capacidad de satisfacer cada necesidad que crea, tampoco nos permite expresarnos, ni sentir, ese espacio importante para la reflexión. Vamos demasiado rápido.

Las tecnologías avanzan y siempre hay que estar a la última en todo. En el caso contrario, somos desplazados del grupo. Entiendo que, en general, estamos sumidos en una especie de inmadurez aceptada por todos y que la verdadera madurez no se conoce. Ser maduro implica aceptación, compromiso, resistencia, espíritu crítico, realismo, felicidad y autoestima. La ciencia es mágica, pero todavía no se conoce el secreto de la eterna juventud, por mucho tratamiento plástico recauchutado, si no es necesario.

Envejecemos para bien y porque es así, lo tenemos que aceptar como un ingrediente más existente en nuestra vida. No puedo ser demasiado optimista sabiendo lo que se y creo que todo el mundo también. El futuro no es positivo porque estamos contribuyendo a la desconfianza y a la indiferencia social que es lo peor que le pueda pasar al ser humano. Esa indiferencia no es terapéutica pero si impulsora de la gran frustración que todos tenemos ante la realidad que nos sobrepasa. Sí, demasiado rápido tras cruzar mares y cielos lejanos, compartir culturas y decir que el futuro es nuestro. El futuro será, y nada más.