Un problema social

F. Javier Soria Ciudad Real

La prevención y la educación de estas personas, cuando han formado parte de programas de rehabilitación psicológica son las medidas más efectivas. No por ello, los que han tenido que ver con las estadísticas, las penas carcelarias están ahí tras aplicación de la ley y la justicia. Yo soy partidario de la educación y la mejora del dispositivo de intervención en cada caso, estudiándolo en profundidad. Dato a tener en cuenta también, en períodos de la adolescencia y juventud observamos indicadores también de violencia en algunos de nuestros jóvenes en los que hay que intervenir en cada caso. Insisto, educación, respeto, lucha contra la masculinidad de su hegemonía y políticas de igualdad, hoy por hoy, son las herramientas más efectivas en estos casos.

Si nos fijamos con atención, seguro que cada uno de nosotros conocemos de casos de personas que nos pintan muy mal a hora de la convivencia, y que sin embargo, están muy bien vistas socialmente. En cada familia, vislumbramos alguna situación de este tipo, normalmente avaladas por personas cercanas a nosotros.

Mientras tanto, la violencia va en aumento y desgraciadamente, forma parte de nuestra sociedad. El avance en políticas de igualdad y la configuración de un dispositivo que analice en cada caso las circunstancias que llevan a estas personas a practicar la violencia en todos los sentidos, formará parte de una sociedad más justa y equitativa.

Es intolerable que, a veces, cuando analizamos este tema, nos topemos con la supuesta imagen social de aquellos, y no son todos por supuesto, que aún conformándose como buenas personas y buenos ciudadanos, en el ámbito más privado, su comportamiento deja mucho que desear.

Desgraciadamente, esto ocurre y el proceso para poder desmontarlos desde muchos puntos de vista, viene adulterado precisamente por la imposibilidad de demostrar dichos comportamientos. Siempre y desde el punto de vista masculino, la conducta casi habitualmente, tiende a ser disculpada aludiendo a la imagen social del infractor.

Hoy en día, incluso, la misma sociedad, si no ocurre nada relevante, es decir, si no hay de por medio una denuncia, tiende a maquillar el maltrato y por consiguiente las posibles repercusiones descritas. Si nos relajamos y tendemos a disculpar y no denunciar cada caso que conozcamos, la conspiración y el silencio no favorecerán la regeneración de estas prácticas y siempre en contra de las mujeres. Las estadísticas lo dicen.

La prevención y la educación de estas personas, cuando han formado parte de programas de rehabilitación psicológica son las medidas más efectivas. No por ello, los que han tenido que ver con las estadísticas, las penas carcelarias están ahí tras aplicación de la ley y la justicia. Yo soy partidario de la educación y la mejora del dispositivo de intervención en cada caso, estudiándolo en profundidad.

Dato a tener en cuenta también, en períodos de la adolescencia y juventud observamos indicadores también de violencia en algunos de nuestros jóvenes en los que hay que intervenir en cada caso.

Insisto, educación, respeto, lucha contra la masculinidad de su hegemonía y políticas de igualdad, hoy por hoy, son las herramientas más efectivas en estos casos. Veremos si somos capaces entre todos de conseguirlo. Una vez más… seguiremos insistiendo en este grave problema social.