El campo recibe la lluvia como el maná del cielo

Julia Yébenes Ciudad Real
Imagen del Gudiana a su paso por el Vicario / Clara Manzano

Imagen del Gudiana a su paso por el Vicario / Clara Manzano

El geógrafo Jonathan Gómez señala que “los suelos estaban extremadamente secos y el temporal ha salvado una situación dramática el próximo verano”

La última secuencia meteorológica de lluvias, con hasta 340 litros por metro cuadrado desde octubre en la Mancha Húmeda, ha llegado como maná del cielo.

Esta comarca, como otras de la provincia y la región áridas, semiáridas y subhúmedas ha cambiado la cara y ahora, más nutrida, mira al futuro con precaución, todavía presa de las consecuencias de la sequía, la sobreexplotación de acuíferos, o los riegos intensivos.

La buena noticia es que ha vuelto a correr el Guadiana, apuntan algunos expertos, tras un temporal en forma de lluvia y nieve más oportuno que decisivo a la hora de modificar el régimen de riego para la presente campaña.

Con todo, las precipitaciones han venido como una bendición y el agua se ha convertido en un tesoro para los agricultores de la provincia, de Castilla-La Mancha, y de toda España, ante los beneficios que supondrán para los diferentes cultivos, sobre todo para los herbáceos de invierno, en fase de ahijamiento y crecimiento, y también para los hortícolas de primavera y verano.

“El buen tiempo ha sido que llegara la lluvia” señala a El Campo el geógrafo-climatólogo Jonathan Gómez Cantero, quien asegura que las precipitaciones “han venido extremadamente bien en todos los aspectos”, es decir, tanto desde el punto de vista natural como para el medio ambiente y para todo lo relacionado con actividades humanas.

“Arrastrábamos, indica, desde hace varios años una sequía, que se prolongó hasta bien entrado el otoño, con unas temperaturas excesivamente altas, que en octubre –un mes prototípicamente lluvioso- superaron los 30 grados y sin precipitaciones”.

Por ello, el episodio de lluvias, con la llegada de sucesivas borrascas, ha sido muy positivo, porque han permitido “no sólo que se empapara el suelo, sino que se haya reflejado en los embalses”, con subidas medias del 3% a principio de marzo, y del 6% en las últimas semanas.

Al principio, señala el experto, con los fenómenos llamados Ana, Carmen o Bruno, la tierra estaba tan seca que absorbía el agua y no corrían por los arroyos, pero con la posterior llegada de frentes seguidos “los suelos se han saturado, se han encharcado y han empezado a correr los caudales de los ríos”.

El también presentador del tiempo de CMMedia destaca la abundancia del agua caída en provincias como Ciudad Real y Toledo, donde se han aliado a la meteorología los húmedos y fríos vientos ábregos (de sur o suroeste), que han dejado abundantes precipitaciones no torrenciales en el sur de Ciudad Real y Montes de Toledo, con volúmenes registrados en este mes de marzo de hasta 100 l/m2.
Así, el tercer mes de 2018 podría acabar, según el geógrafo, “como el más lluvioso de los últimos años”.

Cambio climático

Gómez Cantero explica que las oscilaciones pluviométricas en Castilla-La Mancha y centro peninsular, de ciclos secos a periodos húmedos son propios del cambio climático.

“Venimos de cuatro años con precipitaciones por debajo de la media y muy cálidos, y ahora tenemos concentraciones de lluvias mantenidas a lo largo de los días, lo que pone de manifiesto que “se agravan los extremos”, y que el calentamiento global impacta sobre la climatología y sobre parámetros como la temperatura, precipitaciones, o la nubosidad.

Por ello, Gómez lamenta las voces científicas que desvinculan el temporal de precipitaciones del cambio climático, “un error”, a su juicio, pues “se ve claramente que las variaciones son cada vez más fuertes y extremas”.

Grandes beneficiados

Entre los grandes beneficiados por el cambio de ciclo están la agricultura, la ganadería, y todas las actividades relacionadas con el medio ambiente.

“Los suelos estaban extremadamente secos y las lluvias han sido muy beneficiosas y han salvado una situación dramática el próximo verano”, apunta, aunque haya habido “males” paralelos como el encharcamiento o anegación de las cosechas, nada comparado “con la situación catastrófica a las que nos hubiéramos enfrentado en verano”.

También destaca los beneficios para espacios protegidos como Las Tablas de Daimiel “que ha aumentado mucho su área inundable” o las Lagunas de Ruidera, “que ha permitido que se llenen algunos de sus vasos”.

Ante este escenario, el climatólogo apuesta por tener perspectiva de futuro y “aprovechar al máximo los recursos hídricos”, porque esta tregua húmeda podría dar paso otra vez a periodos años “más intensos de sequía”.

En este sentido, el también investigador del cambio climático defiende la necesidad de alcanzar un consenso sobre el agua, teniendo en cuenta los procesos de desertización de algunas zonas de Castilla-La Mancha, cada vez con menos precipitaciones.

Aconseja “gestionar el agua en estos episodios de precipitaciones abundantes con sistemas de capacitación, respetando el medio ambiente”. Además, estas medidas de planificación hidráulica se tienen que completar, a su juicio, con la concienciación de los usuarios de aguas superficiales o subterráneas para mantener a salvo el régimen natural del agua debajo y arriba de la superficie terrestre.