En España no dimite ningún cargo público aunque se le haya pillado con el carrito, con helados o sin ellos, sospechoso de haber incurrido en alguna irregularidad económica. Aquí no dimite nadie porque se ha hecho de lo que es una vocación y un servicio temporal, una magnífica profesión muy bien remunerada. Así vemos que nadie dimite porque eso supone volver a una realidad económica mucho más débil. Igual que en otros países europeos en los que se dimite por copiar una tesis doctoral. Pura decencia de lo público.
La imagen que trasmitimos, la última es la de Divar, es la de mezclar churras con merinas, lo privado y público, como si de un cortijo se tratase. Profesionales de la política que se empeñan y pelean en ir de puesto en puesto manteniendo la agradable altura...de vuelo económico. Que lo mismo da ser alcalde, que diputado nacional, regional o provincial y senador después...para acabar presidendo alguna empresa pública...que esos ejemplos...los conocemos a ambas orillas del este turbio rio político por el que trascurre nuestro país. Aquí no dimite nadie, que a estas alturas la cosa está "muy malita" para encontrar otro trabajo y menos de esa altura monetaria.





