No sé amables lectores la hora que marcarán sus relojes cuando se dispongan a leer esta carta, que más que carta se trata de una receta, porque estoy seguro que si son de buen comer no la dejarán de leer, antes bien, su título les resultará atrayente.
Quien escribe, lo ha experimentado ya esta mañana y puede certificar que pocas cosas producen tanta satisfacción a esas tempranas horas. Si el día se encuentra ya avanzado cuando la lean y aún están a tiempo, llamen a “la parienta” si es ama de casa o al restaurante donde almuerzan habitualmente con algún cliente y digan que se lo preparen. Si la están leyendo ya por la tarde, no se apuren…que siempre hay un mañana y además así podrán llevarlo a cabo con más tranquilidad, a la vez que se encontrarán con el inmenso regusto al pensar en prepararlo.
Hagan ustedes lo que hoy servidor ha hecho; dejen el café o el exquisito chocolate con churros por un día, que aún siendo buen manjar matutino, repetir lo mismo siempre cansa y háganse con una sartén, póngala en el fuego, añádale un buen aceite de oliva virgen, partan unas patatas, cojan unos huevos de corral, sí, de los de la yema colorada, corten de la ristra un par de chorizos, a ser posible de “venao”, una rebanada de pan moreno, llenen un vaso o dos con vino tinto de nuestra tierra….y dejen que el paladar y la naturaleza les abran las puertas del paraíso.
Siéntanse catando esta sabrosa vianda los seres más felices de la tierra, considérense los reyes del mambo, que otros reyes de muchas cosas no tienen tiempo o no saben gozar con todo esto y disfruten de este celestial momento. Pero ante todo, dejen aparcados mientras tanto los problemas laborales y económicos y digan ufanos: ¡ que a la jodida deuda y a la maldita crisis….le den dos duros!.






