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Alarcos, la “lección” que propició las Navas y marcó la futura creación de Ciudad Real

Belén Rodríguez
Ciudad Real

Miércoles, 19 de julio de 1195. Media mañana de un día que según el cronista cristiano de la época “fue pródigo en sangre humana, envía moros al tártaro y traslada cristianos a los eternos palacios”. La poética manera de describirlo no oculta la crudeza de una batalla, la de Alarcos, que toma el nombre de la ciudad medieval que estaba edificando el rey castellano Alfonso VIII cuando tuvo que enfrentarse a un ejército de almohades (musulmanes del norte de Marruecos) que buscaban recuperar terreno perdido años antes. No existía Ciudad Real, ni Castilla-La Mancha ni España, y esta era una tierra inhóspita y fronteriza entre los reinos de Castilla y Al-Andalus, en la que cada palmo de terreno se conquista y mantiene a golpe de espada.

Ocho siglos después Alarcos es un yacimiento arqueológico visitable a medio camino entre Ciudad Real y Poblete, en el que se ha excavado los últimos treinta años y cuyos vestigios han contribuido a explicar cómo fue aquella batalla, su relevancia y consecuencias. 
Hace años, en la fosa de despojos en la que fueron enterrados miles de soldados la mayoría cristianos (los datos exactos de las tropas de cada ejército obviamente nunca se sabrán) han aparecido los restos de un burro con dos cantimploras almohades con 37 puntas de flecha. ¿ Y si eso le pasó a un pobre asno con el avituallamiento para las tropas, qué no les sucedería a los hombres que combatieron?, es la pregunta que este domingo, 820 años después, se entenderá mejor con la recreación  de la batalla, organizada por los ayuntamientos de Ciudad Real y Poblete, como espectáculo y homenaje.

En esta entrevista el arqueólogo e historiador Antonio de Juan, exdirector del parque de Alarcos y  una autoridad en la materia reconocida, explica los entresijos de aquella derrota cristiana, de la que el rey Alfonso VIII escapó por poco; la “gran lección” que aprendió, dice, y la motivación extra que le dio después a los cristianos para vencer en esa sí, batalla decisiva, de las Navas de Tolosa (1212) en Jaén.

Pregunta.-¿En el global de la historia de España cómo sería de importante la batalla de Alarcos?
Respuesta.-
No fue decisiva porque la duración de sus efectos se acortó en el tiempo. Diecisiete años después ese mismo reino y ese mismo monarca, Alfonso VIII, demostraron haber sacado consecuencias de tan sonada lección y consiguieron una brillante victoria en las Navas de Tolosa, que esta vez tuvo consecuencias duraderas. Los efectos de la batalla duraron muy poco, menos de lo que se creía.

P.-¿Cuáles fueron las consecuencias inmediatas de la derrota cristiana?
R.-
Las fronteras volvieron a las riberas del Tajo y se retrasó el avance cristiano hacia Andalucía durante diecisiete años. Por otra parte, el avance musulmán de los almohades, tanto por la península Ibérica como por Tierra Santa, originó un sentimiento de cruzada en toda la cristiandad que logró la unificación de los reinos cristianos propiciando la victoria del ejército castellano en la batalla posterior de las Navas.
En cuanto al punto de vista local, la batalla supuso un parón definitivo en el desarrollo de Alarcos pero significó la génesis de la ciudad que actualmente conocedos, Ciudad Real (después de recuperada la zona se fundó una nueva ciudad cristiana cerca, pero no en Alarcos, un lugar marcado por la muerte). Ganan los musulmanes pero se nivelan las fuerzas, tanto que no consiguen una expansión importante, puesto que no conquistan Toledo y empieza el declive del imperio Almohade. Para la Orden de Calatrava fue un descalabro importante que supuso la pérdida de su bastión, Calatrava la Vieja y tuvo que empezar a llamarse Salvatierra. Murió la élite de la nobleza castellana.

P.- ¿El avance pilló por sorpresa a los cristianos, o estaban preparados?, ¿cómo se enteraban en esa época de los ataques?
R.-
Estamos en un proceso de expansión, hay treguas continuas que se firman, previas a la batalla las hubo, y también hay momentos en que ya se terminan las concesiones. También hay ‘razias’, incursiones cortas de pura rapiña. El año anterior a la batalla el arzobispo de Toledo había hecho una escaramuza de saqueo con el maestre de Calatrava hasta Algeciras. Pero la guerra no es como la imaginamos, no hay grandes batallas en la Edad Media, aunque es un estado latente de guerra, las batallas campales son poquísimas. La parte de leyenda de las muchas de esta batalla es que se supone que el arzobispo reta a Abu Yaqub al-Mansur (desde la batalla Al Mansur: el victorioso). Y en cuanto a lo de la sorpresa fue relativa, cuando llegaron los almohades el rey estaba en Alarcos e intentaba que Al Mansur no cruzara las líneas.

P.-Pero se ha dicho que Alfonso VIII no esperó refuerzos, ¿se precipitó?
R.-
No es así, el rey de León estaba en Talavera cuando llegaron los musulmanes, pero claro, de Talavera aquí son cuatro jornadas a caballo, el rey no esperó porque no pudo, tuvo que presentar batalla. Ya se sabía que había movimientos desde el mes de abril. Al Mansur, el califa almohade, cruzó el estrechó de Gibraltar el 1 de junio, los sistemas de comunicación desde el siglo X se conocían perfectamente. A Alfonso VIII le dio tiempo de venir a Alarcos y convocar a sus caballeros.

P.-¿Se sabe más o menos el número de tropas que combatieron?
R.-
Esto es un asunto muy controvertido. Es muy bonito pero confuso, sabemos que combatieron por miles pero las crónicas no ayudan mucho. Una vez terminada la batalla los cronistas árabes enumeran los muertos y prisioneros, Al-Bayan cifra los muertos en unos 30.000 entre los cristianos y 500 entre los musulmanes, una exageración, que sin embargo nos indica que la proporción entre víctimas cristianas y moras debió ser de uno a seis, pero es difícil. Incluso llegan a decir que hubo 124.000 muertos cristianos y 5.000 musulmanes, esto es una barbaridad. Que hubo muchísimas víctimas lo sabemos, que hubiera 3.000 o 4.000 personas en cada Ejército de la época ya era un disparate, pero es un dato más aproximado. 

P.-¿Cómo fue de cruenta la batalla?
R.-
Mejor contesto con una cita árabe: “Dios sembró el pánico en los corazones de los infieles y volvieron la espalda derrotados y maltrechos: la caballería almohade los persiguió, hiriéndoles de frente y por la espalda, yéndoles al alcance, cebando en  ellos sus lanzas y sus sables, saciando de sangre sus espadas y haciéndoles gustar las amarguras de la muerte” [Rawd al-qirtas]. Fue bastante cruenta y los sabemos por los datos interesantísimos que hemos encontrado en la fosa de despojos alrededor de la muralla: en una pequeña zona excavada han aparecido restos de doscientos cuerpos pero podemos seguir encontrando más, mezclados con caballos, supongo que de cristianos.

P.-¿Duró sólo un día?
R.-
Sí, el 19. El planteamiento de la batalla que es lo que recrearán hoy dice que las tropas musulmanas llegan y se establecen en el Congosto el 17 de julio por la noche. El 18 los cristianos cuando los ven les presentan batalla creyendo que iban a atacar, pero los musulmanes, que debían ser más porque sabemos que venía el califa, se reservaron. Al Mansur vino desde Marrakech a Sevilla, y pasó por Salvatierra antes de llegar a Alarcos.

P.-¿Cuál fue el error de los cristianos?
R.-
Siempre hay errores en las estrategias. Los cristianos atacaron primero pensando que la parte principal del ejército almohade estaba detrás de los voluntarios y confundieron al visir, Abu Yahya, que es el que muere en Alarcos, con el califa, porque llevaba su enseña. Los cristianos van a por él pensando que es el califa y atacan frontalmente, los voluntarios [los que van a morir por la Yihad] son los primeros en caer. La peculiaridad del ejército almohade es que forma dos alas además del cuerpo principal, en una con las tribus bereberes que venían de Marruecos, y en la otra con los hispano-musulmanes que conocían la forma de combatir de los cristianos y que probablemente ayudaron a definir la estrategia. Detrás del monte estarían Al Mansur y su “guardia negra”, los que vigilaban por su seguridad, gente muy aguerrida. El primer ataque es frontal, el segundo al cuerpo principal, matan al visir pero en ese momento hay una maniobra envolvente, vienen refuerzos desde atrás, y las dos alas apoyan al centro, con lo cual la derrota cristiana fue enorme. El rey se marcha, huye hacia Toledo, y los que quedan se refugian en el castillo que luego entregan.

P.-¿Y el armamento?
R.-
Era rudimentario, no existían las armaduras metálicas completas, pero sí había yelmos, cotas de malla y corazas; además de espadas, ballestas, lanzas, azconas y diferentes tipos de flechas. En el yacimiento hemos encontrado por miles puntas de flecha lo cuál demuestra la manera de atacar: se lanzaban oleadas y oleadas, eran clave.