Autopsia poética de un amor imposible

autopsia lope

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De cuatro compañías que ya han mostrado sus trabajos en La Veleta, dentro del certamen Almagro Off, ‘Verona’ es la tercera que aborda la problemática del amor, sus engaños y ficciones. De hecho, en el planteamiento de partida, en la que Verona no es un lugar, sino una red social, repite el esquema de ‘Iliria’. Pero un punto de partida idéntico puede llevar a un proyecto artístico a las antípodas del otro y ver la contraposición de propuestas desde comienzos tan afines acaba resultando muy enriquecedor para el espectador. 

Ramón Ruiz
Almagro

De cuatro compañías que ya han mostrado sus trabajos en La Veleta, dentro del certamen Almagro Off, ‘Verona’ es la tercera que aborda la problemática del amor, sus engaños y ficciones. De hecho, en el planteamiento de partida, en la que Verona no es un lugar, sino una red social, repite el esquema de ‘Iliria’. Pero un punto de partida idéntico puede llevar a un proyecto artístico a las antípodas del otro y ver la contraposición de propuestas desde comienzos tan afines acaba resultando muy enriquecedor para el espectador.  
Tanto Lope de Vega como Shakespeare se basaron en la novela renacentista ‘Romeu e Julieta’ de Bandello para contar esa historia de amor imposible entre miembros de familias enfrentadas en Verona. Pero del mismo relato, los dos autores potenciaron aspectos distintos, y con distinto final. Los directores del espectáculo, Javier Sahuquillo y Jorge García Val, han preparado también esta dramaturgia donde parten la acción en dos: la de Verona, ese espacio virtual que coincide con el original de Lope y el de una sala de interrogatorios donde el espectador va descubriendo, poco a poco, qué hay detrás de toda esa ficción.
‘Verona’ arranca con un cadáver suavemente cubierto por una sábana sobre una mesa de autopsias, y un policía haciendo el examen postmortem. Esa escena, de la cruda realidad del mundo de hoy, nos abre el acceso a la cripta veronesa donde yace el cuerpo de Julia, que ha simulado su muerte para encontrarse con Roselo. Aquí es una escena cómica, con una interesante reflexión que Lope regala sobre la utilidad de la cobardía, y al tiempo hermosa, porque en la versión del Fénix, los enamorados se encuentran sin ese malentendido trágico de la versión de Shakespeare.
Así se nos presenta Verona, ese espacio virtual en que los amantes sí se unen en vida. Después se presenta esa claustrofóbica sala de interrogatorios donde dos policías que, conforme al cliché del género, se intercambian el papel de bueno y malo.
Los agentes interrogan a un chico apocado, que en ese espacio virtual es Anselmo, el compinche de Roselo en sus trabajos de amor. Así, el duro interrogatorio nos va regalando, gracias al relato de los interrogados, las escenas del original de Lope, que se desvelan con una plasticidad maravillosa, encontrando nuevas formas para una historia tantas veces contada.
Destaca especialmente un soberbio trabajo gestual y una composición escénica muy innovadora y poética, con detalles escénicos que recordaban a narrativas cinematográficas contemporáneas. Así, son los demás actores quien, con sus cuerpos, construyen ese balcón desde el que Roselo y Julia se juran por primera vez amor. El planteamiento escenográfico, tan sencillo como abierto, permite que sean los actores quienes doten de vida al espacio veronés, acentuando además el contraste con esa sencilla y agobiante sala de interrogatorios.

Enérgico
El riquísimo trabajo espacial de la obra corre a cargo de Mario González Serrano, que acaba siendo el séptimo actor (aunque mudo) de un elenco que derrocha energía para sostener tamaña empresa. Merece también mención en estas líneas el trabajo del jovencísimo Víctor Sáinz, aún no egresado de la RESAD. Sáinz construye un personaje sólido y con muchos matices que ayudan a que el espectáculo vaya virando hacia su sorprendente final.   
El juego de intercambios actorales entre “lo real” y esa ficción veronesa, permite que el espectador vaya cayendo preso de ambas narrativas, con giros de guión más que sorprendentes.
La adaptación, además de este juego de realidades partidas, incluye una arriesgada actualización del verso que, sin perder su romance ni las líneas que podrían llegar más frescas a la actualidad, no duda en introducir conceptos contemporáneos que potencian la parte más cómica de la obra.
‘Verona’ es una propuesta arriesgada tanto en forma como en fondo, y el espectador sale confundido, pero con la sensación de haber visto un espectáculo desgarrador. Almagro Off no deja de ser un concurso, y no es posible saber qué o cómo juzgan los jueves, pero ‘Verona’ es una obra muy propia del certamen, que exige, sobre todo, buenas ideas, pasión y compromiso.