Dos escritores apuntan al Quijote como la primera novela negra “manchega”

Defienden que el lugar de desarrollo de la novela no influye en su calidad y recordaron que esta zona también tiene su historia “negra”

Mercedes Camacho
Ciudad Real

¿Alguna vez habrían pensado que El Quijote podría ser la primera gran novela negra manchega? Pues a esta interesante reflexión, entre otras muchas, llegaron ayer los escritores José Ramón Gómez Cabezas y Julián Ibáñez durante una tertulia celebrada por la mañana en la librería Birdy de Ciudad Real.

“Hay quien se atreve a señalar que el Quijote tiene ciertos pilares de la novelas negras y que, por ejemplo, ‘desfacer entuertos’ se vincula a investigar y su escudero, Sancho Panza, se liga a la figura del ayudante que suele complementar al investigador”, indicó Gómez Cabezas.

En esta misma línea, Julián Ibáñez fue más allá al afirmar que “la novela negra es un libro de caballería actual” y ejemplificó su afirmación en detalles como que “Rocinante podría ser el utilitario de cualquier investigador de la época actual, mientras que la lanza que Don Quijote es ahora el revólver que el detective lleva en su guantera”.

Asimismo, defendió que el lugar en el que se desarrolla la novela no influye en su calidad y recordó como sus libros de este género los ha ambientado desde en Puertollano hasta en otras ciudades dormitorio de Madrid como Fuenlabrada.

Un extremo con el que coincidió el escritor ciudarrealeño José Ramón Gómez Cabezas, quien apuntó al éxito que han tenido varias novelas ambientadas en pueblos suecos apenas conocidos como las de Åsa Larsson, que transcurren en el pueblo minero de Kiruna; las de Camilla Läckberg que sitúa en el pueblo de la costa oeste de Suecia, Fjällbacka; o Ystad, la ciudad al sur de este mismo país conocida por ser la del detective Kurt Wallander que creó Henning Mankell.

“Yo escribo novela negra ambientada en La Mancha porque me apetece y me gusta, pero además es que estoy plenamente convencido de que, independiente del contexto en el que se desarrolle, si la trama y la narrativa es buena, al final triunfará”, agregó el escritor.

Pero, además, indicó que “aunque muchos consideren que novela negra manchega son un nombre y un adjetivo que no pueden ir unidos en la misma frase”, La Mancha también tiene muchos capítulos de historia negra e, incluso, se remontó a la batalla de Alarcos que, a su juicio, acabó dando a la zona “una historia oscura” que acabó propiciando que no se asentara allí la población y se desplazaran al Pozo de Don Gil, actual Ciudad Real.

Y, acercándose más en el tiempo, Gómez Cabezas recordó capítulos como el del conocido como “asesino de la baraja”, Alfredo Galán Sotillo, quien después de mantener durante meses en jaque a la policía tras asesinar a seis personas se entregó en la comisaría de Puertollano, su ciudad natal, el 3 de julio de 2003; o el secuestro y asesinato de Anabel Segura en 1993 en Toledo; o, mucho antes, en 1924, los múltiples asesinatos del Expreso de Andalucía en Alcázar de San Juan.

“Aqui hay mucha materia prima para escribir una novela negra” señaló Gómez, aunque recordó que el único gran escritor que apostó por este género durante la dictadura fue precisamente de La Mancha, Francisco García Pavón, quien dio al mundo su peculiar Plinio, Jefe de la Policía Local de Tomelloso, a quien acompañaba resolviendo misterios Don Lotario.

“Son obras fantásticas que incluían temas que no sé cómo se pudieron publicar en esa época”, argumentó el escritor ciudarrealeño.

Actualidad

En la actualidad, José Ramón Gómez Cabezas reconoció que son cada vez más las novelas de este tipo que se ambientan fuera de Barcelona o Madrid, y que se denominan periféricas.

Entre ellas recomendó la novela El gran frío, de Rosa Ríos, “que demuestra que el entorno rural puede dar mucho más juego “porque la gran ciudad puede ofrecer más vías de escape”.

Gómez Cabezas ya ha publicado Réquiem por la bailarina de una caja de música en 2009 y este mismo año Orden de busca y captura para un ángel de la guarda, continuación de la anterior.  

Por su parte Julián Ibáñez, natural de Santander aunque reside en el pueblo toledano de Argés, ha escrito 15 novelas negras, un género que compatibiliza con el de la literatura juvenil, “aunque en ese caso utilizo mucho el humor, casi como si les vacilara a los chavales, porque no concibo estos libros si no son divertidos. Probablemente yo también habría rechazado Harry Potter, como hicieron siete editoriales, por no tener sentido del humor”, bromeó.