Francisco Rico pone toda su ironía al servicio de la segunda parte del Quijote

El catedrático, que estuvo acompañado por la periodista Marta Robles, aseguró que él prefiere “la primera parte”

Francisco J. Otero
Almagro

Francisco Rico no responde al estereotipo de sabio bonachón. Ni al de cascarrabias, ni al de despistado. Rico es, más bien, el sabio irónico, consciente del poder de su conocimiento y la distancia que eso marca. “Sin embargo”, explicó la periodista Marta Robles, en la presentación de la disertación del profesor sobre la segunda parte del Quijote, “últimamente ha hecho propósito de acercarse más a la gente”. No es seguro, pero quizás tenga que ver con su condición de ser ficticio, de personaje literario, gracias a las plumas de los “javieres”, Marías y Cercas. Si lo de la empatía con la gente, el vulgo, es solo una posibilidad, la complicidad con Don Quijote, salvando las distancias, es mucho más probable. En torno a esa idea, la del Don Quijote influido, casi perseguido, por el éxito de la primera parte, la del personaje ficticio que ve cómo la realidad le condiciona su comportamiento, giró la conferencia que Rico impartió en el Centro de Recepción de Visitantes de Almagro, en el marco de los Encuentro con Cervantes que organiza la Diputación de Ciudad Real.
La idea, ya clásica entre los académicos, pero que no acaba de cuajar en el imaginario popular, es que el Quijote no es una, sino dos novela. “En la primera parte, Cervantes escribe una miscelánea, al gusto renacentista. En la segunda, atiende las peticiones de los lectores, centrándose en la historia de Don Quijote. Pero si en la primera parte, éste se enfrentaba a la realidad, la redibujaba, en la segunda, siendo ya un personaje reconocido, los demás lo reciben de manera digferente, le gastan bromas pesadas”. De hecho, Don Quijote va de la completa seguridad en sí mismo cuando todos dudan de él en la primera parte, a las dudas sobre sí mismo cuando todos creen en él, aunque quizás no de la manera que a él le hubiera gustado.
Para Rico, la segunda parte está escrita a mayor gloria de Cervantes, cuyo éxito con la primera es enorme y se cuela por todas partes en esta segunda entrega. “Dice Sancho que se habían vendido más de 12.000 ejemplares, lo que significa más de 120.000 lectores. La gente se disfrazaba de Quijote y Sancho en los carnavales, la obra fue traducida a múltiples lenguas… Los personajes de la segunda parte han leído la primera y se comportan acorde a ello”, explica el catedrático de la Universidad Autóma de Barcelona, quien tiene claro que Cervantes “estaba encantado con su triunfo. Él siempre se mostró muy seguro de sus obras”.
Rico también hizo un pequeño repaso por el tiempo de Cervantes, por el contexto en el que fue escrito el Quijote. “Los libros de caballerías estaban ya anticuados cuando se escribió, pero no así los mitos caballerescos. Los caballeros reales imitaban a los literarios. Y Don Quijote también, claro. Él quiere ser un caballero de verdad, pero también uno de mentirijillas. Por eso va a las Justas, el deporte caballeresco, que es lo que en realidad hacen los caballeros”, dice, por ejemplo. También explicó que las bromas, como las que sufren Sancho y su amo en  el palacio de los duques (Clavileño, la ínsula Barataria…) están sacadas de la realidad, que algunos nobles, “unos hijos de puta” se dedicaban a reírse de sus vasallos para entretenerse. Leyó, para ilustrarlo, la broma realizada por los príncipes de Saboya en Lerma al bufón Alcácer, cuando entraron en su casa por la noche mientras dormía y, básicamente, con gran estruendo, lo secuestraron y lo mantuvieron preso, mientras este imploraba perdón y pedía confesión, pues estaba en “pecado mortal”.
Para finalizar, un Rico que se confesó cansado, se sinceró y admitió que él prefería “la primera parte, a pesar de que quizás sea más difícil de leer”, pero a Rico le gusta más el Don Quijote que confunde los molinos con gigantes que al que le confunden con un caballo de madera.
“Rico es quien más sabe del Quijote”, aseguraba Marta Robles, quien recordó que el catedrático sólo había leído el libro “una vez, en la habitación 314 del Gran Hotel de Zaragoza”. Luego lo ha releído y estudiado muchas, porque “es como el desván de la casa de sus abuelos”, aseguraba Robles repitiendo a Rico, “en el que siempre se podían encontrar cosas inesperadas”. Y es que la locura de Alonso Quijano ha dado para casi todo, “especialmente para que algunos pirados disparaten aún más, como el que defiende que la novela se desarrolla en Sanabria o el que dice que se escribió en catalán”.

Francisco Rico, personaje de novela

El curriculo de Francisco Rico es avasallador. Su producción investigadora, casi inabarcable. Pero su figura, como referente de las Letras en español, va mucho más allá. Rico es una presencia constante en la crítica y en el panorama cultural, hasta el punto de que han sido varios los escritores, amigos y discípulos, que lo han convertido en personaje de sus novelas. El primero fue Javier Marías, aunque el profesor y el escritor “sospechaban” de algunos personajes anteriores en libros “que no merecen perdurar”, según Marías, quienlo incluyó en Todas las almas, como el profesor Del Diestro. Más tarde, ya con su nombre, por exigencias del mismo Rico, aparece en Negra espalda del tiempo, Tu rostro mañana, Los enamoramientos y Así empieza lo malo. Las virtudes del personaje Rico pertenecen todas al catedrático y los defectos hay que achacárselos al escritor, si hemos de creer a Rico en un artículo publicado en la revista Mercurio, en un homenaje a Marías.
La misma operación que Marías, con distinto resultado, llevaron a cabo Javier Cercas y Arturo Pérez Reverte. El primero, que fue alumno de Rico, lo incluye, sin dar su nombre en El vientre de la ballena, aunque Rico tiene que compatir protagonismo académico con Blecua o Beser. El segundo le hace aparecer en Hombres buenos. Rico y Pérez acaban de protagonizar un intercambio de pareceres en las páginas de los periódicos por el sexismo en el lenguaje. “Hay académicos que dan lustre a la institución y otros a los que les lustra”, sentencia Rico.