Fúcares: Ejemplo del interés de la sociedad por poner en valor nuevos recursos culturales

Este edificio, junto con la Ermita de San Blas, constituyen los dos únicos ejemplos que la familia de origen alemán Függer legan a la ciudad de Almagro en el siglo XVI

Mercedes C. P. / Ciudad Real

A pesar de que ‘sólo’ lleva ocho años utilizándose como espacio escénico en el marco del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, el Patio de Fúcares se ha erigido como un auténtico ejemplo del interés de la sociedad por poner en valor nuevos recursos culturales.

Este edificio, junto con la ermita de San Blas, constituyen los dos únicos ejemplos que la familia de origen alemán Függer legó a la ciudad de Almagro. La presencia de los Függer en Almagro no tiene una fecha concreta, aunque debió de corresponder su presencia poco después de la firma del acuerdo con el Emperador Carlos. Una vez asentados en el estado español, los Függer llevaron a cabo la construcción de toda una infraestructura capaz de ser una máquina efectiva en la gestión y explotación de los bienes concedidos por la monarquía española -con los que pretendían saldar las deudas contraídas con estos financieros de origen alemán-.

Almagro se convirtió desde el siglo XIII en capital económica, política y administrativa de la Orden de Calatrava. Este hecho histórico -de consecuencias mayúsculas para Almagro- sirvió para la creación de un núcleo de primer orden, con un importante desarrollo económico y demográfico. Esta relevancia se mantuvo, incluso, cuando los Reyes Católicos comenzaron su política de limitación del poder de las Órdenes Militares y asumieron el título de Maestres de todas las Órdenes Militares, convirtiendo Almagro en sede del gobernador del Campo de Calatrava.

El prestigio de la ciudad de Almagro, y su trayectoria como capital de la Orden Militar de Calatrava, fue el argumento definitivo y de peso que los Függer utilizaron para asentarse en esta ciudad y comenzar la explotación efectiva y administrativa de los recursos pertenecientes a la mesa maestral de calatrava y las minas de mercurio de Almadén.

La llegada de los banqueros alemanes y de su séquito de colaboradores y trabajadores, generó no solo un importante aumento demográfico de Almagro, sino que también comenzó una intensa labor constructiva, que incidió claramente en transformaciones urbanísticas, caracterizadas por modificaciones morfológicas y por la llegada de un nuevo lenguaje artístico, el renacimiento.

Además, los Függer desplegaron toda una labor de mecenazgo que ya iniciaron en su lugar de origen, Augsburgo, con la construcción de un barrio para los obreros que trabajaban para ellos y la capilla de Santa Ana. En Almagro, su actividad constructiva es intensa y amplia, aunque sólo permanecen como ejemplos de esa labor la Iglesia de San Blas -antigua iglesia de San Salvador- y el Patio de Fúcares -Almacén de los Fúcares-.

Arquitectura manierista

La arquitectura manierista en España -de la que Fúcares es un ejemplo- adquirió un enorme desarrollo, destacando la construcción de pósitos, almacenes, palacios o edificios religiosos. El Patio de Fúcares ha tenido usos diversos como fábrica de encajes, colegio y casa de vecinos, lo que le ha llevado a sufrir importantes transformaciones y modificaciones de los elementos que originalmente componían el edificio.

En 1975 fue adquirido por el Estado y se inició el programa de restauración que ha posibilitado que en la actualidad sea la sede de la Universidad Popular de Almagro, además de que desde el año 2000 se utilice como marco para las representaciones teatrales. El Almacén de los Fúcares es una de las edificaciones que mejor representa los principios del manierismo. No se sabe cuando se inicia la construcción, pero debió de realizarse poco después de 1525, año en que Carlos V arrendó la explotación de las minas de Almadén a los Függer, lo que obligó a Jacobo Függer a construir un nuevo espacio que sirviera de oficinas y almacén.

Esta construcción se aleja del gusto tradicional de los Függer por el gótico y el renacimiento en las obras encargadas por ellos, ya que ésta responde a una técnica constructiva mudéjar aunada a conceptos manieristas. Su función como espacio administrativo le hace asemejarse a otros de parecida utilidad como eran las alhóndigas (casas públicas destinadas al almacenaje y la compra-venta de trigo) y las alcaicerías (sitios donde se vende seda cruda o en rama y otras mercancías) que respondían a elementos estructurales invariables en los que es imprescindible un amplio zaguán que da paso a un patio central de dos plantas con galerías que sirve de distribuidor de las diversas salas utilizadas como almacén, oficinas, lugares de venta y de hospedaje.

El Patio de Fúcares presta dos momentos constructivos: el inicial en la primera mitad del siglo XVI y su intervención definitiva a finales de este mismo período, en la que se constata la presencia de los artistas que trabajaban en el Palacio de El Viso, Esteban Peroli y el estuquista Juan María, que debieron remodelar el zaguán, patio y escalera. La intervención de los italianos es clarísima ya que el almacén presenta grandes semejanzas al palacio del Viso.

La portada está situada en un ángulo de extrema sencillez, aunque emplea un lenguaje culto, está configurado por pilastras toscanas de fuste almohadillado, sistema que se repite en el dintel, siendo este tipo de puerta la prueba evidente de la intervención de los artistas italianos.

El zaguán está colocado en uno de los ángulos y es perpendicular a la fachada, frente a la solución adoptada en el Palacio del Viso en el que el zaguán se situaba de forma paralela a la fachada; la bóveda que cubre el zaguán es igual a la del palacio y la decoración es copia fiel del Libro IV de Serlio; aparece una decoración de ondas, olas y entrelazados realizados en estuco. El zaguán comunica directamente con los cuatro pórticos del patio a los que se abren las distintas salas, casi todas ellas cubiertas con artesonados, entre las que cabe destacar un gran salón colocado a la izquierda que se cubre por tres bóvedas similares a las del zaguán que debió de servir como lugar de recepción o de oficina, y se corresponde en la planta superior con una estancia de idénticas dimensiones que debió de ser la zona noble al poseer una hermosa chimenea elaborada con estuco.

El patio es rectangular de cuatro por tres arcos de lado realizados en ladrillo y sustentados por columnas toscanas de piedra caliza, el cuero superior posee una balaustrada de piedra. La escalera presenta una estructura claustral y se sitúa en el lado sur del patio; es de ramal único que se compone de dos tramos separados por un amplio rellano, se cubre por bóvedas con estucos similares a los del zaguán y decorados en puntas de diamante y elementos vegetales.

Conservación

La puesta en marcha del Patio de Fúcares como espacio escénico ha permitido ampliar los usos culturales que tenía, pues su vocación cultural y educativa comienza a principios de los años 80, cuando es convertido en Universidad Popular. La utilización tan intensa y justificada del edificio permite crear un marco de valoración patrimonial capaz de crear las necesidades suficientes, como para afrontar un interesante futuro.

Hay que tener en cuenta que el monumento está construido utilizando técnicas constructivas tradicionales, y más en concreto mudéjares, conjugándolo con la utilización de un lenguaje manierista. Los materiales empleados principalmente en el edificio son de tradición vernácula, destacando la tierra, la madera y el ladrillo. Estos materiales son fácilmente degradables, por lo que el edificio ha sido objeto de diversas intervenciones, no sólo en función de su uso, sino como anteriormente indicaba, por la fragilidad de los materiales.

La última gran intervención en el Patio de los Fúcares se produjo a comienzos de los años 80 del siglo XX, pues tras tener diversos usos, el edificio se encontraba en un estado importante de deterioro, y la intervención era necesaria para su restauración y su acondicionamiento para Universidad Popular. Hoy en día, la puesta en valor del Patio de Fúcares como espacio escénico ha permitido certificar la labor cultural en la que se encuentra inserto este monumento del siglo XVI.