La Fiesta de las Letras, en su sexagésima edición, puso fin anoche a la Feria y Fiestas de Tomelloso de forma brillante. Con un mantenedor de lujo, el periodista y escritor Antonio García Barbeito, que emocionó y deleitó con su palabra al numeroso público que llenaba el Teatro Municipal, la ciudad despidió sus fiestas rindiendo homenaje un año más a las letras y las artes.
Tras la entrega de premios a los ganadores de los Certámenes Artísticos y Literarios “Ciudad de Tomelloso”, convocados por el Ayuntamiento con motivo de la Feria, García Barbeito expresó con palabras salidas del alma, su particular canto a Tomelloso, a los tomelloseros, a sus pintores, a Antonio López “con su manera de pintar el aire sin que el aire se entere”; a sus escritores, a García Pavón “el gran corazón literario, la gran riada, la gran lluvia de sangre literaria de La Mancha, de Tomelloso de España”; y a sus poetas, a todos ellos, pero muy especialmente a Eladio Cabañero, “una tierra que se hizo hombre, un hombre que se hizo inteligencia y una inteligencia que se hizo verso”
El poeta fue, según García Barbeito “un huérfano que no quiso dejarnos huérfanos de los hondos sonidos que conforman el aire de su nacencia y de su querencia: los aires de Tomelloso”. En los versos de Eladio Cabañero, el mantenedor de la Fiesta de las Letras dijo encontrar “razones de ese paraíso local, de ese reducidamente inmenso universo de lo íntimo”. “Por sus versos –añadió- he llegado, llego y voy llegando siempre a los más preciado de Tomelloso: su gente, el campo, el pan y el vino. Esa Eucaristía agraria que en Tomelloso levanta la tierra, y la memoria y la pena y el amor, siempre el amor y arriba, lejos, muy lejos, Dios”.
En medio de un respetuoso silencio del público, que llegó a emocionarle y sobrecogerle según él mismo confesó después, García Barbeito fue desgranando algunos de los versos del poeta tomellosero que más hondo le han llegado, más le han hecho sentir y más le han unido a esta tierra. A Eladio Cabañero, afirmó, “jamás se le fue Tomelloso de la boca del verso. Jamás se le cayó de las manos a quien tuvo en las manos las herramientas para trabajar y el juego de ganzúas para abrir puertas de cultura y aprendizaje”.
Y es que, dijo también el mantenedor, el poeta “nos dejó una paternidad de versos que ampararán por los siglos de los siglos a cuantos tomelloseros pudieran necesitarlos y a quienes tenemos el privilegio de adentrarnos en sus profundas reflexiones”.
Cabañero no fue nunca, según García Barbeito, “un albañil que escribía versos, fue un poeta que estuvo un tiempo con los albañiles y en el campo; el poeta estaba antes que el albañil y antes que el campesino..... y entre ladrillo y surco, entre resuello y tajo, alguien iba apuntándole en su cuaderno interior cuanto el poeta miraba. Después, todo fue cosa de recordar”.
García Barbeito, hizo gala durante su intervención en la Fiesta de las Letras de su magistral dominio del lenguaje, de las palabra, de la prosa y el verso, y “asistido por las musas que hoy convierten este escenario en un Parnaso Manchego”, fue descubriendo sus lazos con Tomelloso. “Cuando vine la primera vez –dijo- ya traía a Tomelloso dentro. Desde ese día ustedes se encargaron de ir haciéndolo más mío, de ir acumulándome Tomelloso en amigo, Tomelloso en vino, Tomelloso en gachas, Tomelloso en vivo, en surco y grano. Tomelloso en largos viñedos y melonares; Tomelloso en las catacumbas donde Baco convoca hijos del paladar; Tomelloso latiendo como un lejano corazón que solo en la cercanía podemos hacernos cargo de su grandeza”.

















