Querejeta guía con maestría hacia las esencias cervantinas seguidas por Azorín

Luis Carlos Muñoz
Querejeta encarna a Azorín en su recorrido por la ruta de Don Quijote

Querejeta encarna a Azorín en su recorrido por la ruta de Don Quijote

Noviembre representó en el Teatro Municipal la adaptación de Eduardo Vasco de ‘La ruta de Don Quijote’

Arturo Querejeta brilló el sábado en el Teatro Municipal de Almagro con la interpretación de ‘La ruta de Don Quijote’, unos textos periodísticos de Azorín adaptados a las artes escénicas por Eduardo Vasco al frente de la compañía Noviembre. Cabe destacar la riqueza de estos textos en los que se describe de forma minuciosa la situación, en la época, de las tierras en las que sitúa su gran obra Cervantes, así como sus costumbres, gentes y típicas comidas, propiciando una interesante aproximación a las latitudes donde emergen las aventuras y desventuras de Alonso Quijano.

Con ‘La partida’, escrita en una pantalla en el lado posterior del escenario, es como comienzan estas andanzas de Azorín por tierras manchegas y, desde ese primer momento en el que se prepara para el viaje, Querejeta atrapa al espectador y lo traslada a la piel del escritor para no soltarlo en el tiempo que dura la obra. Con talento, convicción y maestría, la propuesta capta la atención y, no sólo no baja la intensidad, sino que ésta se eleva en los momentos precisos, vital propuesta de la que sale airoso, pese a las pecularidades del monólogo, el montaje.

Aunque Querejeta, como actor de formidables dotes interpretativas, es la piedra angular de la representación, el resto de la producción demostró estar a la altura, con un decorado cuidado con esmero y acierto para el viaje planteado y un magnífico vestuario de Carolina González. Pero la guinda, en cuanto a la ambientación, se la llevaron los efectos audiovisuales de Daniel Santos, que apostó por un certero despliegue de recursos que no dejó al espectador la opción de escaparse de la sumersión en Ruidera o que pudiese admirar los molinos en Criptana como si toda la estructura del teatro se hubiese teletransportado in situ a la localización de cada escena. Tanto los efectos de luces de asombrosa complejidad como los sonoros, con los que se podía apreciar a nuestro protagonista dentro de una cueva, fueron de una exquisita precisión.

La propuesta de Vasco revive, con contemporaneidad y dignidad, las esencias cervantinas que siguió Azorín al realizar la ruta del Quijote, con un fabuloso Querejeta, encarnando al autor de las crónicas para El Imparcial escritas a principios del siglo XX, como guía.