Un “Quijote suite” emocionante

danza suite

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Cuando estas líneas estén en la calle, no será posible admirar ya a la Compañía Nacional de Danza en la Antigua Universidad Renacentista (AUREA). Tan sólo dos días de representación, 8 y 9 de julio, en un excelente programa doble que hizo las delicias de los espectadores. Pese a lo ¿intempestivo? de la hora, las 8 de la tarde de unos días inmisericordemente calurosos, el espacio registró un lleno absoluto.

Joaquín M. Coronel

Cuando estas líneas estén en la calle, no será posible admirar ya a la Compañía Nacional de Danza en la Antigua Universidad Renacentista (AUREA). Tan sólo dos días de representación, 8 y 9 de julio, en un excelente programa doble que hizo las delicias de los espectadores. Pese a lo ¿intempestivo? de la hora, las 8 de la tarde de unos días inmisericordemente calurosos, el espacio registró un lleno absoluto.
La CND nos ofreció en primer lugar ‘Don Quijote Suite’. Un espectáculo inspirado en el Quijote de Minkus, en las versiones de Marius Petipa y Alexander Gorski, y con coreografía José Carlos Martínez. Y resulta increíble que dos extranjeros como el ruso Ludwig Minkus en la partitura, y el francés Marius Petipa en la coreografía (del tercero, Gorski, huelga indicar su nacionalidad) concibiesen una obra tan netamente española, emocionante en su desarrollo, y maravillosa en su ejecución.
Por eso no es casualidad que desde 1869, y junto con el ‘Lago de los Cisnes’, ‘Don Quijote’ sea uno de los ballets más populares en Rusia. La partitura está llena de color, y rompía con el universo de las criaturas sobrenaturales o etéreas de los ballets clásicos del XIX, para poner en escena a la gente del pueblo. Por su parte, el libreto se basa en un episodio del segundo volumen de El Quijote de Cervantes (capítulo XXI, “Donde se prosiguen las bodas de Camacho y otros gustosos sucesos…”), y la acción se centra más en los amores tumultuosos de Quiteria y Basilio, que en las propias aventuras de Don Quijote y Sancho.
En Rusia, este ballet se ha transmitido durante generaciones de forma ininterrumpida, gracias a la tradición y a sus revisiones sucesivas, siendo la más importante de ellas la de Alexander Gorski en 1900. Desde entonces, muchos han sido los coreógrafos creadores de sus propias versiones sobre este gran clásico. He ahí a Rudolf Nureyev para la Ópera de Viena, o Mikhail Baryshnikov para el American Ballet Theatre.

O tempora, o mores
En lo que a nosotros se refiere, José Carlos Martínez en su ‘Suite’ de Quijote (que recoge varios extractos del primero y del cuarto acto original) centra aún más la acción en los personajes de Quiteria y Basilio, utilizando al cuerpo de baile para dar más dinamismo, a la acción de este gran clásico intemporal con sabor español. Y es que pocas disciplinas hay en las que la vista y el oído estén tan dependientes como en el ballet. Son esenciales ambos sentidos, y engrandecen su respuesta si a ellos se une un poco de corazón y un mucho de alma. El resultado puede ser explosivo… la emoción nos embarga y se apodera de nosotros…
Toreros, majas, abanicos, palmas, preciosos trajes… todo es genuinamente español en una obra que muestra alternativamente piezas concebidas para el cuerpo de baile, y para el lucimiento de unos primeros bailarines que dejaron boquiabierto al público. La extraordinaria belleza, plasticidad, sonoridad y prodigiosa flexibilidad, constituyeron la mejor muestra de lo que la CND significa en estos momentos. Lejanos ya aquellos días en que escribimos sobre esta misma CND tras su creación, en su actuación en el entonces escenario de Convento de la Asunción Calatrava (Dominicos de Almagro). Chapeau, por tanto, para el director artístico José Carlos Martínez, y para los bailarines de la CND.

‘Minus 16’
Que después protagonizaron otro espectáculo bajo el nombre de ‘Minus 16’, con coreografía y figurines de Ohad Naharin, música de Collage, diseño de iluminación de Avi Yona Bueno (Bambi), y puesta en escena de Shani Garfinkel y Shahar Biniaminis Fischtel.
Contando con una ecléctica partitura que va desde Dean Martin (‘Qué será será’) al mambo o el chachachá, del tecno a la música tradicional israelí, del ‘Over the rainbow’ al ‘Hava Naguila’ o al ‘Sueño de amor’… ‘Minus 16’ utiliza la improvisación y el aclamado método Gaga, un lenguaje único de movimiento que rompe con los viejos hábitos, empujando a los bailarines a desafiarse a sí mismos de maneras nuevas y diferentes.
La obra es única debido a la ruptura con la barrera entre los intérpretes y los espectadores. ‘Minus 16’ no sólo se deleita en su propia excentricidad, sino que también celebra el gozo de bailar.
La pieza tiene elementos de impredecibilidad y diversión, que hace de cada actuación una experiencia deliciosamente diferente. Y que hizo disfrutar a los nueve espectadores invitados por los bailarines a subir al escenario.
Así, disfrutaron a rabiar los 9 bailarines titulares, los 9 bailarines improvisados de la sala, y el público. Para todos fue un puro deleite, novedoso, original, inesperado… y entusiasmante.