Con José Sacristán, Fernando Soto y Almudena Ramos
Un Don Quijote crítico y con humor que desvela la verdad y apuesta por la bondad
 
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Escrito por Lanza

“Por encima de todo y sobre todo” actuar es “un juego. El de hacer creer al otro que soy el que no soy”, subrayó ayer José Sacristán, que aseguró que con la “aventura” de interpretar Yo soy Don Quijote de la Mancha recupera “con creces al crío que en Chinchón quitaba las plumas a las gallinas para ponérselas en la cabeza” y querer hacer creer a su abuela que era “un comanche”.
Sacristán resaltó que este montaje, a partir del texto elaborado por José Ramón Fernández y dirigido por Luis Bermejo, es un formidable y ejemplar ejercicio de dramaturgia, en el que, sin querer dar doctrinas a nadie, se pone el acento en “una forma de comportarse, andar por la vida y entender la relación con los demás”.
Es un espectáculo que defiende el inmenso valor de la bondad, destacó, por su parte, la directora del Festival, Natalia Menéndez, que recordó que el filósofo José Antonio Marina define la bondad como “el mejor invento de la especie humana”.
Don Quijote no es un demente que ha perdido el juicio por un exceso de fantasía literaria, sino alguien que siente “con intensidad lo que el resto experimenta débilmente”: El entusiasmo, la poesía, el ideal y la voluntad, agregó Bermejo, que resaltó los múltiples paralelismos de lo que sucede en la obra de Cervantes con la actualidad. “Parece que estamos viviendo la versión 2.0 del 1600” porque se escribe en El Quijote que “los validos eran tan corruptos como algunos gobernantes de ahora y, mientras los reyes se dedicaban a la caza, se iba endeudando el país y los banqueros alemanes se cobraban el pago de la deuda con el oro que entraba de las Indias”. Todo ello, le hizo presagiar que había que “destilar espíritu crítico en este Quijote y humor que, como dice Darío Fo, ayuda a esclarecer la verdad”, comentó.
La producción “insiste en el apellido de La Mancha” y cuenta con una puesta en escena que  recrea el paisaje manchego, sus atardeceres, comentó Fernández, por lo que dijo que es “muy hermoso que comience a cabalgar en Almagro” esta pieza que descansa tanto en Don Quijote, como en en Sancho, interpretado por Fernando Soto, y Sanchica, a la que da vida Almudena Ramos, para quien estos personajes “sólo podían nacer aquí para ser universales. Tenían que ser de aquí, tenía que haber este sol, este silencio cuando hay calma y este desaforado rugir de los vientos cuando hay tempestad”, afirmó la actriz,  para quien esta obra, “superdivertida”, viene a decir que Don Quijote es “como nosotros, como los mejores de nosotros”.
A veces tenemos la tentación de decir ‘qué le den morcillas a todo el mundo, que nadie me ayuda a mí y yo no voy a ayudar a nadie’. Pero siempre en el fondo de nuestro corazón está “que se puede y se debe ser bueno”. Esa enseñanza es la que nos sopla al oído Don Quijote, es el dulce veneno de su verdad, de ayudar a la gente, el cual transmite a Sanchica, que representa en la obra “el futuro, lo mejor de nosotros”, explicó Fernández.

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