“Hay más peligros de los que se puede imaginar”

Francisco Navarro Tomelloso
Los tres tomelloseros, en plena ruta

Los tres tomelloseros, en plena ruta

Los tomelloseros Félix Huertas, José Vicente Olmedo y Vicente Cañas cuentan su paso por la Sahara Desert Challenge

José Vicente Olmedo se quedó con un sabor amargo cuando no pudo concluir su primera participación en la Sahara Desert Challenge, “una expedición que pretende recrear los grandes momentos de evasión y aventura del mítico Rally Dakar”, según la define la organización. Problemas de diversa índole le obligaron a abandonar a mitad de camino. De él estuvo muy pendiente entonces, Félix Huertas, que le llamaba casi todos los días para ver cómo iban las cosas. “Cuando le dije que había abandonado, me preguntó que como estaba y yo le dije que francamente mal. Pero en seguida me animó y me dijo que un día la haríamos juntos y la terminaríamos”. Y así ha sido. José Vicente Olmedo, Félix Huertas y Vicente Cañas celebran y saborean eufóricos su llegada a Tomelloso después de 21 días devorando cientos y cientos de kilómetros por África, superando obstáculos naturales, problemas mecánicos y otros provocados por esa burocracia africana que a veces complica las cosas más de lo debido.

Félix, en el Trópico de Cáncer

Félix, en el Trópico de Cáncer

Quedamos con ellos en un bar de la ciudad tomellosera, aunque Vicente Cañas, al que sus dos compañeros apodan cariñosamente como “el hombre tranquilo” no ha podido venir. “El regreso ha sido más traumático que la ida, -explican-, porque hemos tenido que hacer el mismo trayecto en menos días. Hemos circulado por carreteras que no conocíamos, muchas de ellas intransitables y siempre llenas de gente vendiendo algo, además de los animales que andaban por allí. Nos ha llamado la atención el gran número de una especie de burro más pequeño que el que nosotros conocemos. Esta gente vive en la carretera y no eran pocas las veces que había que reducir la velocidad porque había muchos resaltos, también cortes en la carretera y todo eso te generaba mucha tensión al volante”.

José Vicente y Félix coinciden en la dureza de una aventura que, sin embargo, les ha dado momentos inolvidables como los largos trayectos por playas desérticas y vírgenes “que nos han deslumbrado”, el contacto con los muchos niños que se han encontrado en el recorrido, las aldeas de zulúes con cinco o seis chabolas, el rugido el viento del desierto mientras descansaban en la tienda o las doce uvas del año nuevo que tomaron en Esmara (Marruecos).

Félix, junto a varios niños

Félix, junto a varios niños

Pero no se engañen. Estos tres aventureros tomelloseros han realizado un gran esfuerzo físico y mental para culminar su gesta. “Había etapas de 500 o más kilómetros en las que empleábamos unas doce horas en alcanzar el final. Atravesábamos zonas de desierto con piedras sueltas en las que había que rezar todo lo que sabíamos para que no le pasara nada al coche. El desierto es bonito en el cine, y en la realidad también, pero al mismo tiempo contiene partes grises, horribles. Esas etapas de polvo y bruma eran más muy complicadas”, explican. Félix recuerda su salida de pista por un camino de arena, “me coleó el coche y estuvimos a punto de volcar, pero pude controlar el vehículo sin necesidad de parar. Un susto, más que nada, fruto de la inexperiencia”.

Un coche en el que confiar

Aseguran que su coche, un Mitsubishi Montero, ha tenido un gran comportamiento, “pero inevitablemente las averías aparecen. Se nos rompió un amortiguador y también quemamos el embrague. Este último problema nos lo solucionaron unos jóvenes en un taller después de remolcar el coche. Era de noche y nos faltaban 50 kilómetros para alcanzar el final de etapa. Nos retrasó muchas horas, pero al final y después de recorrer una tortuosa zona de jungla, logramos alcanzar al resto de la expedición que nos recibieron entre vitores y aplausos. Fue muy emotivo”.

Uno de los grandes contratiempos en una aventura así, en la que hay que recorrer seis mil kilómetros, era desviarse de la ruta trazada. “A nosotros nos ocurrió en una ocasión y son momentos de mucho apuro. Afortunadamente, la organización y la logística eran muy buenas. Viéndolo ahora, consideramos una temeridad ir sin un teléfono de satélite y emisora. Si tienes un problema, te puedes quedar vendido. Por este motivo, nuestra obsesión era no ir nunca los últimos, procurábamos siempre tener siempre algún coche detrás del nuestro”, comentan. Contactaban con la familia cuando podían “que era en contadas ocasiones, a través de mensajes de whatsapp. En los hoteles solo había wi-fi en recepción, en las habitaciones nada de nada”.

José Vicente, junto a un africano

José Vicente, junto a un africano

En etapas tan maratonianas, y cuando no había contratiempos, les daba tiempo a mirar. Los mercados siempre llenos de gente, coches que estaban hechos polvo, con muchas personas dentro y algunos hasta con una vaca encima; bloques de viviendas sin acabar o ese pueblo de grandes avenidas que encontraron en medio de la nada, en pleno desierto de Mauritania, también los baobabs, el típico árbol de Africa … Portaron un arcón con su propia comida y la alimentación la llevaron bien. “Parábamos a comprar pan, agua o fruta, pero lo demás lo llevábamos nosotros”. Felix confiesa que ha perdido un par de kilos, mientras José Vicente rememora esos momentos “en los que echábamos de menos tomarnos un vino o una buena cerveza fresca”. Además, tuvieron la oportunidad de compartir cenas con autoridades y otros actos “donde los niños te elegían, te agarraban y no te soltaban en horas. Y no era para que les dieses algo, simplemente por cariño”.

¿Repetir?

Al final les preguntamos si volverán a afrontar el reto del Sahara Desert Challenge y la respuesta surge rápidamente: “De momento, no. A lo mejor a medida que pasa el tiempo nos apetece hacerlo otra vez, pero siempre con una mejor infraestructura, con teléfono de satélite y dos coches en lugar de uno. En una aventura así, existen más peligros de los que uno se pueda imaginar”.

Momento de la llegada a Tomelloso

Momento de la llegada a Tomelloso

Aunque no es pequeño este artículo, en el tintero quedan muchas cosas por contar. Pero el periodista no puede resistir anotar un curioso suceso. A través de una ONG pudieron conocer un orfanato en Mauritania. Este orfanato lo fundaron tres familias cuya matriarca ¿saben de dónde era?… de Tomelloso.