A mi querida Silvia Fernández Pacheco
 
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12/01/2012 - 14:44

 
Siempre la muerte de un ser querido es capaz de ahogarnos en un pozo sin fondo, el sufrimiento es tan desgarrador que parece nos fueran a partir por la mitad. La percepción de las cosas ya no es la misma, nuestra existencia parece paralizarse, y pierde su sentido. Vivir el duelo es necesario, pero también se debe superar, dadas las repercusiones que posteriormente se puedan dar.

       En mis años de profesión, y ya son unos pocos, he visto multitud de casos en los que los finales felices me hacían plantearme cosas que me llenaban de plenitud y equilibrio. Pero estaba mal acostumbrado, hay veces que el devenir de las circunstancias de vida de las personas no depende de ellas. Circunstancias que no podemos controlar, por mucho que lo intentemos y que para nada interferimos, propia de variables que pertenecen a las leyes de la dichosa naturaleza.

        La conocía relativamente desde hace poco tiempo, sabía de ella, sabía de su trabajo, de su esfuerzo, de su carácter, de su entrega a los demás, de su labor individual y colectiva, de su formalidad profesional, de su forma de ver y entender el mundo, de la cantidad de amigos que tenía. La verdad que es poco y desmerece lo mucho que se diga de ella.

        Pero les puedo decir, que desde el primer momento que he colaborado como psicólogo en su programa, las cosas han sido más fáciles.    Ella se interesaba mucho por estos temas siempre relacionados con actitudes y comportamientos enfocados a un mejor vivir y a un mejor sentir. Toda una cascada de emociones brotaba de sus palabras que nos acompañaban todos los días a la misma hora. Un tipo de periodismo con una escuela determinada. El objetivo, llegar a todo tipo de personas que necesitaban de su compañía.

       Cuando el otro día desperté y oí la terrible noticia de su desaparición, por un momento el abatimiento, la angustia, la sensación de pérdida, creo que por un momento se apoderaron de mí, sabiendo que por mi parte,  quedaba ya tiempo de mucho dolor y mucho esfuerzo por delante.   Aceptar su pérdida, asumir el desgaste del dolor y aceptar su ausencia, es la tarea que nos queda a todos.

       Debemos intentar volver a nuestras costumbres, a nuestras actividades cotidianas, no debemos reprimir nuestros sentimientos. Debemos compartirlos y hablar de ellos y sobre todo, recordarla con naturalidad reflexionando sobre nuestra propia existencia.

          Seguro que ella, desde ahí arriba, es lo que quiere que hagamos. Pero quiero prometerles una cosa, siempre que salga en antena, dedicaré mi trabajo a ella, porque seguro quedará satisfecha sabiendo que otra semana más, el psicólogo ocupará el espacio de la mañana que puntualmente seguirá con atención desde el sitio que ocupe dentro de nuestro corazón.

          Mi más sincero recuerdo para ti, tu familia y el gran grupo humano de Onda Cero Ciudad Real.

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