El tema que nos ocupa esta semana es de trascendental importancia. Trataremos de exponer, desde una óptica psicológica, cómo se ha podido llegar a la actual crisis económica en la que nos encontramos sumidos y cómo se podría contribuir desde esta disciplina en políticas de prevención ante situaciones similares en el futuro.
La psicología ha demostrado hace muchos años ya, que las expectativas económicas de las personas son un potente estimador de la evaluación de la economía de un país. Entre los diversos indicadores, el más conocido y apreciado es el índice del sentimiento consumidor (ICS), desarrollado por diversos autores, con pequeños retoques, se calculan mensualmente en la comunidad europea.
El Índice del Sentimiento del Consumidor consta tan solo de cinco preguntas, pero su capacidad predictiva es enorme. A partir del ICS, se pueden extraer otros subíndices muy interesantes llamados Índice de Condiciones Económicas Actuales e Índice de Expectativas del Consumidor.
Se considera que la caída del consumo es uno de los elementos centrales de la situación actual que vive nuestro país, lo que ocurre es que consumo y ahorro son las dos caras importantes de la vida económica. En los períodos de crisis y recesión económica, las personas tendemos a generar comportamientos más conservadores de cara fundamentalmente al gasto o lo demoramos todo a un futuro que, en ocasiones, puede ser demasiado lejano. Tal demora del consumo, inevitablemente tiene repercusiones en el empleo y en el desempleo. Si no hay gasto, los productos y servicios son menos necesarios, menos demandados y, en consecuencia, se necesitan menos personas para que los produzcan. En este sentido, todo el consumo es racional, puesto que se deriva de un cálculo de utilidades. Otra cosa es que, en período de crisis, el consumo sea ciertamente responsable. Además, como se ha demostrado sobradamente, la psicología, el consumo y el ahorro no dependen únicamente de la renta, sino también de variables psicológicas tan importantes como son los valores, las características personales y el nivel de expectativas del cada ser humano.
La contratación de personas, el empleo, no es una materia psicológica por sí misma, sino una cuestión económica. La psicología como ciencia, no cuenta con las herramientas para reactivar la contratación. Se le pueden prestar apoyo a los desempleados para aumentar su potencialidad y motivación empresarial.
Algunos sectores productivos, han vivido en una situación de espejismo, no son todos pero la mayoría ha experimentado este fenómeno. No debe olvidarse que la mayor parte del tejido empresarial está constituido por pequeñas empresas y a tales organizaciones las hemos de respetar de igual forma. Ahora bien, y cara al futuro, no cabe la menor duda de que la inversión en políticas de recursos humanos, en formación dirigida y en capital intelectual e investigativo como alternativa importante a lo que hemos tenido hasta la fecha.
Se vincularía pues el trabajo con el progreso en las carreras profesionales con el desempeño y las contribuciones de los empleados a sus empresas. Siempre respetando el factor humano, el valor del trabajo y la dignidad de una Europa mal dirigida y con intereses más que ocultos. O no es verdad amigos?





















