Buen nivel de César Jiménez y raza de Cayetano

Plaza de toros de Piedrabuena. Casi lleno. 6 toros de La Palmosilla. De aceptable presencia, nobles y con calidad, aunque justos de fuerza. Muy bueno el cuarto. Rivera Ordoñez. Buena estocada entera arriba (oreja). Cinco pinchazos y media muy baja y trasera (ovación con saludos). César Jiménez. Entera desprendida y seis descabellos (oreja). Estocada entera caída (dos orejas). Cayetano. Dos pinchazos y estocada entera desprendida (silencio). Estocada entera desprendida (oreja). César Jiménez salió a hombros

La corrida de La Palmosilla, noble y de gran calidad, permitió disfrutar en distinta medida a los toreros que a ella se enfrentaron. Su presentación, teniendo en cuenta la categoría de la plaza, fue aceptable. Además, con este cartel, tampoco se pueden pedir peras al olmo.
Y la gente disfrutó. Muchos –casi mejor decir que muchas- fueron a ver a los hermanos Rivera, y se encontraron con César Jiménez. De hecho, lo mejor de la tarde salió de sus telas. El madrileño cuajó una faena eminentemente bella y de entrega a su primero. Muy encajado, el madrileño tan sólo falló con el descabello, lo que le privó del doble o quine sabe si puede que incluso del triple trofeo. Su segundo no le ayudó tanto y el trasteo careció de la profundidad de su primero, fundamentalmente por la falta de fuelle del toro gaditano, no pudiéndole bajar la mano para ganar en rotundidad.
Cayetano nada pudo hacer ante su primero, que acusó un mal puyazo trasero. Pero como es un torero con raza, la que le falta a su hermano, en el sexto logró momentos de compostura y elegancia, llevando por abajo al toro hasta el final. También es cierto que igualmente hubo otros muletazos más acelerados. En cualquier caso, intentó no dejarse ganar la pelea, lo cual es de agradecer, aunque no debiera serlo.
El mayor de los Rivera, Francisco, anduvo correcto pero sin sentimiento con el que abrió plaza, al que banderilleó con desigual lucimiento. Lo más destacado fue la estocada con la que cerró su actuación. Sin embargo con el cuarto llegó a estar incluso bien, pero claro, es que el toro era de lío. No obstante, por las probaturas con el capote y en los primeros compases de faena de muleta, amén de algunos de sus gestos, no crean que parecía muy convencido de su calidad. Pero la evidencia cantaba demasiado, y tuvo que torearlo, y hasta dignamente. Hubo derechazos con ajuste en el embroque y mando en el trazo, aunque de nuevo se echó en falta alma. Y es que n torero no sólo tiene que pegar pases, mejores o peores, a los toros. Un torero debe serlo, y también parecerlo. Y Rivera Ordóñez luce una desgana en el ruedo que puede transmitir cualquier cosa, pero no torería.