La subasta del patrimonio
 
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04/12/2011 - 20:45

Diego Peris Sánchez

En el siglo XV el papa Pio II promueve en una pequeña aldea de la Toscana un proyecto importante de construcción. En su aldea natal, con la ayuda del arquitecto Rosellini construye una plaza de planta trapezoidal. Bajo pena de excomunión y de severas multas, prohíbe “a todos , religiosos, laicos sin excepción, cualquiera que sea su poder, su dignidad, su estatus o su rango, cualquiera que sea el lustre eclesiástico (incluso pontifical) o mundano con el que estén adornados, demoler, hacer pedazos, dañar o convertir en cal, directamente o indirectamente, pública o secretamente, todo edificio público de la antigüedad o todo vestigio de los edificios antiguos existentes sobre suelo de dicha ciudad o en su alrededores, incluso si se encuentran en propiedades que les pertenecen en la ciudad o en el campo”. Era el principio del aprecio por los monumentos antiguos y la valoración del patrimonio histórico. Es verdad que junto a estas disposiciones se dedicada a utilizar el Coliseo como cantera para sus obras del Vaticano y San Pedro.
Siglos después hemos llegado a la sensibilidad social de que el patrimonio histórico es propiedad y responsabilidad colectiva. Y hemos extendido esa sensibilidad a arquitecturas más próximas, más sencillas pero que son testigos de una forma de hacer, de una realidad histórica que nos pertenece a todos. Edificaciones sencillas pero que tienen el valor de ser referentes para la comunidad. Un ejemplo de ello es el edificio de la Cruz Roja de Ciudad Real, un edificio vinculado fuertemente con el promotor que promovió su construcción. Conrado López, farmacéutico llegado a Ciudad Real en 1908, es el promotor que verifica el encargo  de algo más que una casa, al arquitecto provincial Telmo Sánchez, que desarrolla un  programa innovador, que proyecta en los primeros meses de 1925 y que se aprueba en junio de ese año por el ayuntamiento.

Un palacete en la Ronda de Ciruela
El Palacete en la zona de Rondas, se asemeja más a otros similares que se venían proyectando en los ensanches de las poblaciones. Un hotel, burgués, con pretensiones de casa moderna, que nace en los extrarradios de la población y que rompe con el sesgo de la residencia habitual de la burguesía que venía utilizando modelos de casas solariegas. Es el tipo de  los proyectos desarrollados por el mismo Telmo Sánchez  en 1909 en la calle de los Infantes (Casa Poblador), la actuación de 1918 en la calle Ballesteros 5 o la reforma de la Casa Ibarrola en 1919 en la calle Toledo. Telmo Sanchez  había proyectado otras actuaciones, rurales, como las de 1912 en Almodóvar del Campo, la casa de Campo en Urda en 1921 o la casa de Fernando Vázquez en 1922. Enclaves que permiten soluciones mucho más libres en sus plantas y composiciones que las actuaciones precedentes, y en donde se juega con soluciones formales muy diversas. Hay en el edificio esa duplicidad de planteamientos: casa solariega de reminiscencias urbanas y casa rural, con otras características formales y tipológicas. Desde principios de siglo se habían desarrollado programas residenciales burgueses en enclaves centrales y con una formalización distinta a la denominada casa solariega. Formalización que ya se desarrolla en algunos manuales de estos años y en algunas construcciones locales como el Palacete de Barrenengoa de Rebollar (1904) y el de Messía de Sánchez (1918), ambos en la Plaza del Pilar.  
Los recurso visuales puestos en juego en la definición de los alzados son austeros y de gran sencillez: recercados de hueco y dinteles, abultamiento de esquinas con falsas pilastras y definición de la cerrajería con un modelo de corte floral que se repite en cancelas, celosías y barandillas.

El edificio de la Cruz Roja
Con estos sencillos esquemas se construye el edificio de la Ronda de Ciudad Real como un palacete residencial que cambiará posteriormente de uso. A finales de la década de los cincuenta se produce el traslado de la residencia familiar y su utilización como Academia de Enseñanza, con algunas transformaciones interiores de tabiquerías y puertas. Este uso subsiste hasta la posterior venta a Cruz Roja que instala sus dependencias; produciéndose transformaciones en el tratamiento de los exteriores: pinturas, señalización y habilitación de cocheras.
La revisión del Plan General de Ordenación Urbana de 1978, aprobada en 1988, introduce el edificio en el Catálogo de Edificios, con el nivel de protección B) Protección estructural, con el epígrafe número 2 (Centro de la Cruz Roja, Ronda de Ciruela nº 28), circunstancia que desaparece en el documento del Plan General de 1997.
Tras la venta del inmueble por parte de Cruz Roja a promotores privados, se redacta en junio de 2006 un proyecto de demolición que obtiene licencia municipal  en septiembre del mismo año. En paralelo a estas actuaciones tiene lugar la solicitud de incoación del inmueble como BIC el 9 de junio y la posterior suspensión de las obras de demolición por parte de la Delegación de Cultura. Habiéndose realizado ya el desmontaje de la cubierta del torreón y del casetón de acceso de la escalera a cubiertas.
Para garantizar su conservación y mantenimiento, la Junta de Comunidades adquiere el inmueble con la intención de rehabilitarlo para algún departamento de la administración regional. Una decisión impulsada por diversos colectivos ciudadanos que quieren la conservación del inmueble como elemento a valorar de una época.

La subasta del patrimonio histórico
Ahora la Junta de Comunidades lo saca a subasta para recuperar el valor de 2,9 millones de euros. La valoración del inmueble corresponde a los posibles aprovechamientos urbanísticos del solar que suponen su demolición y la construcción de las plantas que tienen los edificios colindantes. En esas condiciones es rentable la adquisición del inmueble.
Parece que la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y sus actuales dirigentes tienen un aprecio reducido por este patrimonio que pertenece a Ciudad Real y que sus valores económicos son más importantes. La rentabilidad económica posible está por encima de sus valores patrimoniales. Si estamos asistiendo a unas reducciones importantes en materia de educación y se han anunciado otras en muchos ámbitos, este es el modelo de conservación del patrimonio histórico que se nos propone: su subasta pública con un futuro nada halagüeño en el horizonte.
Los responsables políticos deben entender que su actuación política es la responsable de gestionar los intereses comunes y colectivos. El patrimonio histórico lo es porque es la herencia de toda la colectividad, es el resultado del esfuerzo de la comunidad construyendo, financiando y manteniendo una realidad construida, estructuras urbanas, yacimientos, archivos, documentos y costumbres que nos pertenecen a todos. La subasta, la venta y con ello la posible desaparición de elementos de este patrimonio es una decisión irresponsable y que demuestra una carencia del necesario aprecio que esta herencia acumulada entre todos nos debe merecer.

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