Tras el empate sin goles de Italia y España en la cumbre europea o, según Rajoy, victoria por goleada de ambos sobre los “malos malísimos” de Europa, de la Europa de los euros, llegamos a este fin de semana de éxito con cuatro goles a Italia y, al menos, uno, pero gordo, a los españoles.
Vayamos por partes: Del Bosque y sus muchachos cumplieron brillantemente su misión. Y efectivamente llevaron alegría a los maltrechos ánimos de los españoles. Al parecer el discreto seleccionador español, cuando fue requerido por el presidente del gobierno para que nos alegrase “las pajarillas”, le remitió a que fuera él quien cumpliese con ese cometido, puesto que era su responsabilidad. Y, en efecto, el mismo día del alegrón deportivo el gobierno puso en marcha la feliz idea de hacer pagar más por las medicinas. O sea, que bien.
Por lo que se refiere al deporte, aparecen situaciones que empañan el gozo del éxito. Mire usted por donde, como la estupidez humana no tiene límite, se nos aparece un tal Godall, que fuera directivo del Barça con Laporta, acusando de mercenarios a los jugadores de su equipo que contribuyeron con su juego al triunfo de la selección española, por cuya derrote apostaba este individuo, con grosería incluida. Por otra parte, y como ere de esperar, hubo grandes celebraciones, se desbordó la alegría y abundaron los cánticos, saltos y ruidos diversos. El color rojo dominó la noche y flamearon banderas rojigualdas. Fue bonito. Pero no rematamos. Todavía nos falta un hervor. ¿Era necesario dejar los espacios públicos como auténticas cochiqueras? O ¿qué decir de la permanencia en el balcón principal del ayuntamiento de la capital de un cartel publicitario de una empresa privada? ¿Desidia u “otra cosa “…?
Lo otro, el gol a los españoles con el copago farmacéutico, no tiene nombre. Además del profundo calado antisocial, de la enorme brecha en el estado de bienestar, ha resultado ser una auténtica chapuza. Claro que, mientras los farmacéuticos hablan de caos, de sucesivas caídas del programa informático, los responsables del gobierno hablan de normalidad.
Así se escribe la historia.
Antonio Sánchez Cencerrado
De victorias y derrotas


















