Tengo dos hijos escolarizados en el Colegio Público Don Quijote de Ciudad Real. Es este un colegio de reciente construcción que cuenta con un magnífico equipo directivo y un cuerpo docente enormemente implicado en el desarrollo de una educación pública de calidad así como un servicio de comedor modélico. A lo largo de estos cinco años he podido comprobar el enorme grado de satisfacción de los padres con la labor que se lleva a cabo en el colegio. Me gustaría subrayar además que el colegio acoge un importante número de alumnos con necesidades especiales que han estado adecuadamente atendidos, cosa que no hacen con este empeño muchos de los tan católicos colegios concertados de nuestra ciudad, como si esos alumnos no fueran también dignos hijos de Dios. La labor de todos ellos ha hecho del Quijote un Colegio con buena fama como se comprueba año a año en la multitud de peticiones para ingresar en el mismo.
Pues bien, esta semana todos los padres hemos tenido noticia de las consecuencias que para la educación de nuestros hijos van a tener los recortes en educación del gobierno presidido por una mujer Dolores de Cospedal, que se formó en la educación privada y cuyo hijo no va a sufrirlos pues asiste a un colegio privado. Pero si ella busca la mejor educación para los suyos, yo también para los míos. Y he aquí la merma de la calidad educativa que mis hijos van a sufrir por decisiones del gobierno del Partido Popular:
1) Aumento del número de alumnos por clase. Los profesores deberán atender a un mayor número de alumnos, problema que se agravará más en las clases con presencia de alumnos con necesidades especiales.
2) Desaparición del profesor de apoyo en educación infantil y no permitir cubrir las bajas médicas de los profesores menores de 15 días. ¿Qué pasará cuando un profesor falte justificadamente a clase?, ¿Dónde irán a esos niños?
A estas dos se suman otras del mismo cariz (supresión de la ayuda para adquisición de libros, bajada de las ayudas de comedor, supresión de rutas escolares y un largo etcétera que ocupa todo un folio).
Y yo me pregunto: ante este ataque sistemático a la educación pública que, en ningún caso, se puede justificar por la actual crisis económica (recordar que en los presupuestos presentados por este gobierno los altos cargos se incrementan el sueldo en un 157 %, debe ser que para ellos no hay que recortar) nos tenemos que callar, nos tenemos que resignar.
Mi respuesta es no. Exijo como padre y como ciudadano que este gobierno frene los recortes y defienda una educación pública de calidad. Pero como no soy muy optimista, recordarles que si no lo hacen trabajaré para que en las próximas elecciones no sólo no obtenga mi voto sino tampoco el de otros muchos padres. Y si los dirigentes del Partido Popular tuvieran un ápice de inteligencia y rectificarían porque si no lo hacen alguna noche de primavera, allá por mayo de 2015, se preguntarán porque perdieron las elecciones. Y muchos le diremos, por no haber cuidado por la educación y la salud de nuestros hijos.
Por último los padres debemos salir de la apatía, del conformismo y, en la medida de nuestras posibilidades, hacer patente nuestra protesta por los recortes educativos porque recordar: la educación de nuestros hijos es sagrada y merece la pena luchar por ella.
Ángel Ramón del Valle Calzado
Por la educación de mis hijos



















