Un verano refrescante en los lagos de Innsbruck y el Tirol
 
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13/09/2010 - 18:02

Texto y fotos Javier Carrión

Uno de los principales atractivos naturales en la época estival es el Schwarzsee, conocido también como “el lago de las aguas oscuras”. Cuando comienza el calor, los vecinos y los numerosos turistas que llegan hasta aquí se acercan a este espacio para refrescarse y nadar. No importa que su fauna piscícola sea abundante, con piezas generosas en tamaño, el entorno de las montañas, presidido por el impresionante Wilder Kaiser y su procesión de picos agudos que se divisan en el horizonte, y los encantadores hoteles instalados en las orillas del lago invitan al relax. Y cuando sale el sol sus visitantes se tumban en las hamacas gigantes de madera instaladas sobre la hierba para aprovechar hasta el último rayo en la compañía de un buen libro. Este lago, que es uno de los más templados del país y de ahí la presencia de numerosos bañistas, presume también de las propiedades curativas de sus aguas desde que empezó a ser frecuentado a finales del siglo XIX.


Muy atractivo es también su coqueto casco viejo, donde la gama de colores de las fachadas de sus bonitas casas sorprende al visitante. La ciudad parece un pastel multicolor con un par de velas, sus dos templos medievales: la Iglesia de San Andrés, la más importante de toda la región, y la Iglesia de las Mujeres, muy popular también por ser la favorita para celebrar enlaces matrimoniales. El tamaño de la villa antigua es reducido pero sus rincones y sus edificios deleitan a cualquiera en un delicioso paseo.


Es por eso que Kitzbuhel se presenta como la ciudad más cotizada del Tirol austriaco. El metro cuadrado de una vivienda supera los tres mil euros, un precio superior al de la capital Innsbruck, claro que la calidad de vida lo merece. Eso al menos nos cuenta Rosi, la dueña de un popular restaurante levantado en las montañas junto a las pistas donde el gran campeón olímpico austriaco Toni Sailer, fallecido en 2009, solía entrenar. Antes la amable propietaria entona la popular canción “Edelweiss” de la película “Sonrisas y lágrimas”, acompañada de su guitarra española: “Kitzbuhel está abierta a la gente –asegura con una dulzura equiparable a la del paisaje-, aquí se vive con serenidad, quizás porque los pastos llegan hasta los dos mil metros y no vemos piedras. Las montañas parecen en este lugar más suaves, el entorno nos relaja y así hemos podido desarrollar nuestra calidad de vida”. Así lo supieron apreciar en el pasado estrellas como Kirk Douglas, el Aga Khan o Coco Chanel, al igual que lo hacen ahora otras personalidades, caso del Príncipe Alberto de Mónaco o de la actriz norteamericana Demi Moore.
 
El Mar del Tirol
Abandonamos Kitzbuhel y de camino a Innsbruck, a poco más de cuarenta kilómetros antes de llegar a la capital de los Alpes, conviene tomar un desvío en Jenbach para dirigirse a Achensee, el lago más grande de Tirol. La excursión resulta espectacular, pues este lago situado a 930 metros de altitud, con 10 kilómetros de longitud y 133 metros de profundidad en algunas zonas, es para muchos turistas “un rincón caribeño” rodeado de enormes cumbres en el entorno del espectacular macizo alpino de Karwendel. El color azul turquesa de estas aguas, que popularmente son conocidas como “el Mar del Tirol”, atrae a miles de visitantes, principalmente alemanes por la cercanía de la frontera, que disfrutan con todo tipo de actividades deportivas acuáticas, como la vela, el remo, el kitesurf o el buceo, o terrestres con el ciclismo de montaña y el senderismo a la cabeza. Los aficionados a los paseos pueden elegir entre más 450 kilómetros de rutas y aunque algunas se sitúan a 2.500 metros de altitud resultan fácilmente accesibles a través de dos “cable-cars”. Otra opción para los más atrevidos es alucinar en el aire practicando el parapente que hace furor en este grandioso marco natural.


La pureza del agua de este lago es tan asombrosa que puede ser consumida sin problemas por el hombre, una cualidad que curiosamente redunda en la escasez de peces. El sur del lago, que destaca por su poca profundidad, lo ocupan las familias pues su zona de baño ofrece gran seguridad y además la temperatura del agua alcanza los 22 grados en los meses de verano. Su paradisíaca playa, una de las cuatro que existen en el Achensee, es cristalina, pero conviene aclarar que el baño está permitido en cualquier área del lago. Esa experiencia siempre sorprende: nadar o bucear en las aguas de color verde o azul turquesa estando tan lejos del mar y ante la única y muda presencia de las cumbres no deja indiferente.


Antes de dejar el lago resulta aconsejable dar una vuelta en crucero por todo su perímetro y conocer las cinco villas pintorescas de su “bella costa”, Pertisau, Maurach, Achenkirch, Steinberg y Wiesing, que componen un bello marco alpino. Otra sugerencia es tomar desde Jenbach el tren de cremallera a vapor más antiguo que funciona en Europa. Durante 45 minutos la locomotora, que constantemente pita y echa humo, conduce al visitante en un viaje romántico a través del valle del Ziller remontando antes la loma de una gran montaña. Las tres locomotoras de vapor del año 1889 siguen prestando sus servicios con eficacia y el lento recorrido de casi 7 kilómetros, a una velocidad de 8-10 km/h, permite disfrutar de las magníficas vistas sobre montañas, valles y el propio lago. El viaje cuesta 22 euros y los niños entre 6 y 15 años pagan la mitad. El trayecto, delicioso, traslada al viajero a otra época.

El capricho de los Habsburgo
El remate final de esta escapada tirolesa lo encontramos en la capital: Innsbruck. El capricho de los Habsburgo en los Alpes presenta este verano varias novedades culturales, como la renovación del Palacio Imperial y del Museo de Arte Popular del Tirol, ambos con un curioso toque interactivo, o la apertura peatonal de la Calle de María Teresa que conduce al famosísimo Tejadillo de Oro entre decenas de terrazas al aire libre llenas de ambiente de día y de noche.


Pero los amantes de la naturaleza pueden aprovecharse del clima benigno de la capital tirolesa y conocer de cerca los lagos donde es posible darse un chapuzón. El Baggersee, en el barrio de Rossau dentro de la propia ciudad, o el Natterersee, el Herzsee y el Lansersee, en las afueras pero a pocos minutos en tranvía o autobús, permiten refrescarse en una época en la que se alcanzan también altas temperaturas. La apuesta más recomendable es el Lansersee. Se accede a este lago con el tranvía número 6 que tiene como destino Igls y el visitante puede disfrutar de un agradable baño o de un acrobático salto de trampolín por sólo cinco euros en medio de un bosque rodeado por las clásicas casas tirolesas.


Los adictos al senderismo tienen dos alternativas principales. En la vertiente sur, la montaña Patscherkofel donde crece la “Rosa de los Alpes” por los múltiples senderos creando una magia especial al lado casi siempre de una cabaña ideal para tomar un café o una cerveza fresca, y en la cara norte, la subida hasta el Hafelekar (2.256 m), con el nuevo funicular “Nordkettenbahnen” diseñado por Zaha Hadid, permite en pocos minutos dejar los edificios céntricos de la época imperial y encontrarse en el Tirol más salvaje. En la cima sorprende el paisaje arisco y pedregoso de las montañas alpinas desde el que se divisa Alemania y los viejos refugios de los pastores, algunos ya abandonados como el “Geierwally Hutte” a solo 200 metros del funicular, que recuerdan la dureza de una región que durante muchos siglos permaneció aislada. l

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