Desde que Esperanza Aguirre y otros cuantos de su cuerda han decidido incluir la Tauromaquia dentro de su esquema ideológico del nacionalismo castizo, las que, para la afición, venían siendo cuestiones fundamentales de la lidia han pasado a un segundo plano. En consecuencia, las esencias de la lidia y la propia afición han quedado relegadas ante las maniobras de manipulación política emprendidas para desviar la atención de la profunda crisis de autenticidad que vive la Tauromaquia. Las cuestiones que parecen centrar ahora los fundamentos existenciales del toreo son las iniciativas legislativas populares para considerar a la Fiesta bien de interés cultural, y la Feria del Arte y de la Cultura que se han inventado en Madrid para prolongar artificialmente, con un propósito exclusivamente lucrativo, una feria de San Isidro ya de por sí excesivamente larga y con unos carteles ayunos de todo interés y emoción para los aficionados.
En este contexto, lo que no sucedía desde hace muchos años ha sucedido en este 2012: sobraron abonos sin renovar porque muchos viejos aficionados van desertando de los tendidos venteños. En años anteriores, cuando bajabas desde la avenida de los Toreros hacia las taquillas para renovar los abonos te abordaban los reventas para ver si no te interesaba quedarte con las entradas y se las vendías a ellos. Este año, al revés, te ofrecían abonos sobrantes de viejos clientes que no los querían. Y no es solo la crisis, que algo influirá. Es la falta de interés, la ausencia de emoción y la vulgaridad fraudulenta que envuelve hoy a la Fiesta.
Fui a los toros el primer día de Feria para ver una corrida del Cortijillo y tres toreros modestos que, en busca de su oportunidad, era de esperar que se batieran el cobre. Pero nada de nada. Mansedumbre a raudales y vulgaridad a puñados. Aburrimiento total en el ruedo. Solo un detalle me hizo salir del sopor de la tarde. En un tendido medio de sombra alguien pide tres cervezas al vendedor que deambulaba por las escalerillas. “Son siete cincuenta, señor”, dijo el camarero cuando le entregó las cervezas. Y el señor va y le paga con un billetazo de 200 euros. Así está la Fiesta (gris y oscura) y la economía española (negra y sumergida). ¡Qué arte y qué cultura!




















AH! Y los que quereis ver toros y toreros pues a Azpeitia por "saninazios"