Tantas veces diciendo que España no necesitaba un rescate, incluso hasta un momento antes de producirse, y ahora que los países de la Unión Europea rescatan nuestro sistema financiero a petición de nuestro gobierno, nos dicen que esta línea de hasta 100.000 millones de euros no es un rescate y nos ocultan lo que tendremos que pagar a cambio. Esta puesta en escena de medias verdades y palabras confusas, me ha recordado la película Salvar al soldado Ryan, de Steven Spielberg, interpretada por Tom Hanks, pero ahora con el título Salvar al soldado Rajoy.
Como recordarán los cinéfilos, en pleno desembarco de Normandía el Estado Mayor americano tiene noticia de que un soldado de su ejército, que ya ha perdido a varios miembros de su familia en aquella guerra, está participando en la peligrosísima misión de la toma de la playa de Omaha. No pueden permitir otra baja con el mismo apellido y montan una operación de salvamento para rescatar al soldado Ryan de aquel infierno normando.
Con las lógicas distancias, nuestro soldado Rajoy es un fiel combatiente por la causa del capitalismo mundial que no escatima esfuerzos ni sacrificios, de los demás, por recuperar las esencias de la economía de mercado. Entra en combate cuando ya han caído por la causa varios de sus camaradas: Berlusconi, Sarkozy e, incluso, Zapatero, quien, después de muchas dudas y titubeos, y quizá aturdido por el fragor del combate, se acaba alistando en el bando enemigo y también cae. Ante el peligro eminente que está corriendo y el contagio que puede generar su caída a otros de sus congéneres, una heterogénea fuerza de salvamento se pone en marcha para lograr su rescate y salvar al soldado Rajoy.
Al frente está la Canciller Merkel: cómo va a dejar caer a quien con más entusiasmo y denuedo está combatiendo a favor de la causa conservadora europea que defienden los germanos. Le sigue Mario Monti, un tecnócrata que ve pelar las barbas de un vecino demasiado cercano, geográfica e ideológicamente. Detrás Mario Draghi y su Banco Central Europeo (la bancaria sí que es una verdadera solidaridad de clase). Y, finalmente, Françoise Hollande quien, recién llegado al club, pero tratando de legitimarse con otros argumentos, le ha echado un cable desde la otra orilla.
Cerrando el cortejo de los salvadores aparecen los “sospechosos habituales” (esto es de Casablanca): la jerarquía eclesiástica española, la gran banca (por si les cae algo) y la prensa, mayoritariamente conservadora. Y, finalmente, el PSOE, aún desnortado y sin fuerza para convertirse en la alternativa necesaria como para intentar echar el toro al corral.
Todos salvando al soldado Rajoy porque, si cayera, ¿quién saldría ganando en el caos financiero? Y, además, ¿quién tendría interés en que cayera tan pronto? Seguramente el sector más reaccionario de su propia familia política, siempre con los cuchillos afilados para ir más allá. Por tanto, a pesar de sus patrañas y oscuros argumentos, a pesar del desgaste acelerado al que está sometido por una crisis que iba a desaparecer al simple conjuro de su nombre entrando en la Moncloa, salvemos todos a Mariano Rajoy, fiel soldado de la infantería capitalista. De momento.



















