Julia Yébenes
Todo no es política, aunque casi. Al margen de los numerosísimos casos de corrupción, legales inmoralidades, y promociones a velocidad de la luz (o sea, enchufazos), llega el Europeo, el campeonato de fútbol que nos tiene a las naciones de esta Unión imposible en permanente sesión de terapia colectiva (sobre todo los países que estamos al borde del abismo).
Quién nos iba a decir que España, con el eterno complejo de inferioridad hacia el chovinismo francés y respeto al furor alemán, pasaría como una apisonadora sobre la selección francesa, en un momento en que el Eurogrupo está a punto de firmar un abultado rescate para solventar nuestro sistema financiero. Qué fuerte. Y eso que la roja nunca había conseguido rebasar a nuestros vecinos del norte, desmantelados con claridad en los cuartos de final de la Eurocopa. No hay política, menos mal. Sólo juego limpio.
Creo que ya lo he escrito, al menos lo pienso muchas veces, que la actividad pública -aún siendo necesaria- es contaminante en los poderes del estado y cae como una losa en los principios que conforman la democracia. Garantía de derechos ciudadanos, ja!, guerras ocultas para dirigir los principales órganos del Estado en todos los órdenes: legislativo, judicial, por su puesto el ejecutivo, y también el mediático (al margen de otras redes tramadas en niveles de segundo y tercer rango, como las empresas públicas, los organismos autónomos dependientes de instituciones, las entidades estatales, autonómicas,…).
Por eso, el fútbol, otra vez como en el mundial de 2010, es una bocanada de aire fresco, de tratamiento contra el dolor que sufren nuestras inteligencias cuando accionan los partidos sus maquinarías y los portavoces exhalan como predicadores esas verdades absolutas que no hay por dónde cogerlas.
En fin, en este suelto dominguero que estoy escribiendo quiero comentar al hilo de lo anterior la lógica romántica pero no arbitraria de Don Quijote (excepcional interpretación del recién desaparecido Juan Luis Galiardo anoche en La 1) cuando postrado en la cama tras sus primeras aventuras comenta una solución para que el Rey español triunfara sobre los turcos en otro postrero enfrentamiento. Dijo Don Quijote que la solución estaba en reunir unos cuantos caballeros andantes, pues éstos habían dado prueba de que uno solo era capaz de enfrentarse a un ejército de doscientos mil hombres. Pues eso, la roja triunfa ante los potentados gobiernos europeos que están atendiendo a una España comatosa, devastada por la deuda pública y una red financiera a punto de ver la luz … del túnel de la muerte.



















