Como una reliquia del pasado,como una secuencia detenida en el mismo instante y repetida una y otra vez, regresa la imagen tercermundista, y hoy inasumible al son de los dineros gastados en una interminable fiesta de décadas, de los camiones cisterna en los pueblos dando agua para beber, cocinar y lavarse a sus habitantes. Estamos en un presente absurdo de cifras incontables que se barajan en los zocos virtuales, de presupuestos ejecutados a la ligera, de un rosario de regalías y óbolos por la cara, obras innecesarias, lujo asiático de pardillos... tenemos todo esto conviviendo con una imagen que esta sí de verdad nos traslada a la vecindad del Cromagnon. Después de tanta miseria moral y de tanta charlataneria, este país carece de una política de agua seria, previsora y con recursos capaz de abastecer a toda la población. Pues vale.



















