Alcalá, entre Cervantes y un obispo
 
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24/04/2012 - 12:44

La homilía del Obispo de Alcalá, el pasado Viernes Santo, colea todavía por las Instituciones Europeas en Bruselas. Sus afirmaciones sobre los homosexuales y las mujeres que hubieran abortado han producido escándalo. Claro que algún compatriota se ha apresurado a responder que la Unión Europea debería ocuparse de cuestiones, no sé si más serias, o más apremiantes... Pero es que todo es hilo de la misma madeja, por lo que hemos tenido que recordar a quienes así echaban tierra sobre los disparates del Monseñor, que el proyecto de articulación continental es, y debe ser, la articulación de una comunidad de valores. Sorprende, sin embargo, que esto también lo ignoren o lo desconsideren quienes, coincidiendo más o menos con el Señor Obispo, se empeñan en desmantelar el Estado de bienestar, que constituye otro de los pilares de los referidos valores y que en el mundo entero siguen siendo modelo para quienes aspiran a vivir mejor.
De esos valores y de quienes más los impulsaron en las últimas décadas del pasado siglo hemos hablado los Socialistas españoles en un encuentro en que se recordó el pensamiento y la obra de líderes que replantearon nuestras ideas como fuente de progreso social, de convivencia civilizada y de paz en una Europa y un mundo partidos en dos por la Guerra Fría. Willy Brandt, Olof Palme, Bruno Kreisky, François Mitterrand o Felipe González, y su labor, fueron discutidos cuando parece más necesario que nunca resistir y mantener intacto y actualizado su legado ideológico y político, también para salir de la crisis sin arruinar los avances conquistados.
En la misma perspectiva, tuvimos estas últimas fechas ocasión de comprobar la vigencia que nuestro modelo social europeo mantiene para muchos pueblos y países que con él identifican sus aspiraciones de libertad, de justicia y de prosperidad. Esta vez me ha tocado visitar Azerbaiyán y su capital Bakú que, por cierto, se prepara para recibir el Festival de Eurovisión. Mi paso por aquel país se encuadró en una reunión con parlamentarios del Cáucaso, de Moldova y de Ucrania: interesante encuentro que me iba a deparar, además, una felicísima sorpresa, acaso la más emocionante para un castellano-manchego: la de encontrarme con el Quijote donde menos lo pensara.

Escándalo episcopal
Decía hace un momento que la homilía de Monseñor Reig Pla había causado escándalo en las Instituciones Europeas. Debo confesar que a mí la cosa no me sorprendió demasiado, y lo que pudo escandalizarme fue que la televisión pública de un país constitucionalmente aconfesional transmitiera tales soflamas. También me puso la carne de gallina que el prelado, en sus despropósitos sobre los homosexuales, hiciera referencia a "los niños", con la que sobre la Iglesia ha caído al respecto. Desde grupos europeos defensores de los derechos humanos se ha planteado incluso la posibilidad de llevar al Obispo ante algún tribunal por violación de la Carta de Derechos y Libertades, que es parte del Tratado de Lisboa y por lo tanto tiene valor de Ley en España. En todo caso, las afirmaciones retratan a su autor, cayendo en el mayor ridículo cuando dice que las mujeres que han abortado, luego tienen problemas para conciliar el sueño... Pero también esos planteamientos comprometen a quienes los apoyan, e incluso a quienes callan, por aquello de que "quien calla, otorga". En lo que a mí respecta, me limitaré a dejar claro ante quienes nos leen que lo dicho por el Obispo de Alcalá está en clara contradicción con los valores que inspiran al proyecto de construcción europea con el que estamos comprometidos.

Valores amenazados
Y les apuntaba asimismo que esos valores son los que se están viendo amenazados por quienes, aprovechando la crisis, están buscando cualquier pretexto para desmantelar el modelo social europeo que hemos dado en llamar "Estado de bienestar". Ya he escrito en otras eurocrónicas la preocupación que nos produce escuchar a tantos dirigentes de la derecha europea decir que hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades. En realidad, lo que desde esos sectores se afirma es que "cada cual debe disfrutar del bienestar -de los servicios sociales- que pueda pagarse según su condición y sus recursos. Que cada cual, en definitiva, debe vivir según sus posibilidades individuales". Y que ellos, que sí pueden pagarse seguridad, sanidad, educación, vivienda... no tienen por qué seguir contribuyendo a que todo eso "con sus impuestos" lo transforme el Estado en los mismos servicios para el resto de las ciudadanas y los ciudadanos.
El sistema de protección generalizada para el conjunto de la sociedad ha sido fruto de muchos esfuerzos y de circunstancias, de las que hemos hablado otras veces. Pero en la mayoría de los países europeos se había venido consolidando desde muchas más décadas que en España, donde el Estado de bienestar prácticamente inició su andadura cuando a finales de 1982 el PSOE alcanzó el Gobierno con Felipe González a la cabeza. Por ello, seguramente, nuestros esquemas de progreso social están menos consolidados, y son más vulnerables que en países como Austria, Suecia, Alemania o Francia y el Reino Unido. Por eso, es aún más grave que nuestros actuales gobernantes estén cuestionando los avances conseguidos en los últimos treinta años. Con sus medidas, además, también se contribuye a fragilizar, amenazándolo, todo el proyecto de construcción europea, que se rompería por los eslabones más débiles de su conjunto.

Artífices del Socialismo moderno
Para mejor entender la amenaza y darnos los instrumentos y argumentos con que resistir a su presión, fue un placer participar en la jornada organizada en la sede de Ferraz del PSOE, el fin de semana pasado, profundizando en lo que dirigentes como Brandt, Palme, Kreisky, Mitterrand o González habrían aportado a la actualización del ideario socialista en la segunda mitad del siglo pasado. Por circunstancias de la vida, yo he sido uno de los pocos españoles que, en un momento u otro, pude trabajar y aprender con todos ellos. Así, pude comprobar cómo fueron distintos, y cada uno aportó su contribución particular para, juntos, forjar un proyecto ilusionante, que iba a traducirse en un progreso social sin precedentes para sus pueblos y para otros muchos en Europa y en el Tercer Mundo. Yo subrayaré precisamente algunos valores que estos amigos -y maestros- elevaron a la práctica diaria: la libertad, los derechos humanos, la justicia social, el compromiso con la paz y todo ello ensamblado con una argamasa de solidaridad. El encuentro, organizado por Rafael Simancas, Secretario de Formación de la nueva Dirección Socialista, supuso un estupendo punto de partida para seguir reflexionando con la voluntad de transformar en acción política lo que vayamos concluyendo de quienes nos mostraron el camino con su ejemplo.

Don Quijote en Bakú
Los valores con que esos pioneros equipararon a la socialdemocracia de nuestros días son también los principios que encontramos -aún amenazados- en el proyecto de articulación continental. Y ese ejemplo nos vale la admiración de muchos pueblos y países, a menudo justo más allá de las fronteras del actual territorio de la Unión Europea. Eso es lo que me ha llevado al Cáucaso durante los tres primeros días de la Semana Santa. Allí, hemos consensuado con los anfitriones de Azerbaiyán, pero también con ucranianos, armenios, moldavos y georgianos, cómo ayudarles a mejorar sus normativas constitucionales y sociales. Es conmovedor ver a esos vecinos identificar sus aspiraciones de un futuro mejor con esquemas que, se supone, inspiran a la Unión Europea.
Más allá del interés de esta reunión, querría terminar con algo que, aún siendo una anécdota, me produjo enorme alegría y singular emoción. Paseando por Bakú, me detuve ante un kiosko de periódicos y revistas en el que también se vendían libros de bolsillo. Destacaban tres volúmenes, lógicamente en el idioma azerí, que es el idioma de Azerbaiyán: Los tres mosqueteros, de Dumas; Los hermanos Karamazov, de Dostoievski... Y Don Quijote de la Mancha. En alguna próxima eurocrónica hablaré de la exposición de Quijotes en todos los idiomas que se hablan en Europa, que estamos preparando para instalarla con carácter permanente en la Agrupación Socialista Alcazareña. El ejemplar en Azerí ya está pues en la maleta, junto a ejemplares en casi cuarenta otras lenguas. A Alcalá de Henares, por ser su lugar de nacimiento, Cervantes la cubrió de gloria universal. En cambio, hoy, hay obispos que arrastran su nombre entre el ridículo y el desdoro. Hoy, cuando, por cierto, se celebran elecciones en Francia que pueden cambiar el rumbo de Europa: tema prioritario para nuestra comunicación en dos semanas.

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