Aniversarios y desgobierno
 
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21/06/2012 - 13:36

Hoy glosaremos tres aniversarios de acontecimientos que fueron esenciales para nuestra democracia y nuestro progreso. En estos días se han cumplido 50 años de lo que la dictadura llamó "el contubernio de Munich"; y 35 desde las primeras elecciones tras cuatro décadas de totalitarismo francofalangista. También hace cinco lustros, se produjo la llegada al Parlamento Europeo de los primeros representantes españoles. Recordaremos de dónde venimos para, desde ese conocimiento, defender los avances conquistados y que pudieran verse amenazados por la crisis y por la actuación de quienes hoy gobiernan España, siendo nuestro país protagonista preocupante en cualquier reunión y medio de comunicación del continente.

Del junio de Munich al del 77
Los organizadores de la reunión que el Movimiento Europeo celebró en la capital bávara hace medio siglo colocaron a España en lo alto del orden del día. Y allí se produjeron cuatro hechos relevantes. Uno: fue la primera vez en que públicamente coincidieron personalidades del exilio con otras procedentes del interior de España, unidas en el compromiso de restaurar un sistema de libertades en nuestro país. Dos: esas personalidades afirmaron su filiación socialista, liberal o democristiana, es decir, las de los protagonistas del proceso de construcción europea. Tres: aquellos representantes de la oposición antifranquista identificaron sus objetivos democráticos con la participación de España en el proyecto de articulación continental. Y cuatro: todos los delegados a la reunión afirmaron su solidaridad con los demócratas españoles, proclamando que España tendría un lugar en la Europa institucional en cuanto cayera el régimen franquista.
La represión se cebó con aquellos valientes; pero se había dado un paso irreversible en el camino de la libertad de nuestro pueblo. Sin embargo, habría de pasar década y media hasta las elecciones de junio de 1977, hace 35 años. Para millones de españoles allí se consagró nuestra dignidad: dejábamos de ser diferentes, enterrando un eslogan por el que el tardofranquismo se enorgullecía de algo que había significado ser menos y vivir peor que en los países de nuestro entorno. Pero, sobre todo, aquellas elecciones iban a abrir puertas que llevarían a un progreso sin precedentes para nuestro pueblo.

Y del 77 al Europarlamento
La principal de esas puertas fue la de la Europa institucional. Casi inmediatamente ingresando en el Consejo de Europa; y ocho años después, incorporándonos a las Comunidades Europeas. Esa integración certificada en enero de 1986, se completaría en junio del 87 con la llegada a la Eurocámara de la primera delegación española. Sobre estas bodas de plata me entrevistaron desde Bruselas ¿Qué significó nuestro ingreso en la Europa institucional? Destaqué tres cuestiones: nuestra incorporación a las Comunidades sería un seguro a todo riesgo para nuestras libertades, sin cabida para un 23F, tan reciente, sin embargo. En segundo lugar se salía del aislamiento en que España había estado sumida durante siglos. Ya no seríamos una excepción vergonzante en nuestro contexto geopolítico; seríamos europeos y como tales empezaríamos a vivir sin tener que buscar bienestar y progreso social fuera de nuestras fronteras. Porque ésa fue la principal consecuencia de nuestro ingreso en las Comunidades: la de una prosperidad razonablemente compartida, fruto de la eficacia y la igualdad perseguidas por Felipe González, y también de la solidaridad de nuestros nuevos socios europeos.
Si desde el Ejecutivo se iba a ocupar un espacio destacado en los niveles correspondientes -Consejo y Comisión- no fue menos significativa la llegada al Parlamento de una delegación española, con mayoría socialista y que iba a ganarse un prestigio notable. Más allá de personalidades como Fernando Morán o Enrique Barón, influyó en nuestro crédito un notable entendimiento entre todas las fuerzas de nuestra delegación, con lo que los españoles pronto adquirimos un protagonismo indiscutible; el que hizo que en veinticinco años haya habido tres compatriotas que presidieron la Eurocámara: el citado Enrique Barón, José María Gil Robles y Pepe Borrell.
Mi entrevistador me preguntó si no había decaído nuestro entusiasmo inicial por Europa y si no se vivía hoy una regresión en los tres ámbitos que yo había señalado momentos antes. Mi respuesta fue categórica en cuanto a que no hay marcha atrás en nuestro sistema democrático, ni en nuestra salida del aislamiento que nos caracterizó tanto tiempo en el contexto internacional. "Lo de la prosperidad, añadí, me parece más controvertido y más preocupante, porque además está llevando a buena parte de nuestra opinión pública a un escepticismo que a veces llega al rechazo del propio proceso de construcción europea". Al respecto hay que recordar cuales eran nuestros niveles de vida hace 35 años, y el avance sin precedentes que se ha producido en nuestra sociedad. Pero aún así ¡Qué duda cabe de que hay motivos de preocupación, con la alarma justificada de que Europa sea menos la panacea que muchos creyeron, y de que en España podamos cambiar progreso por retroceso económico y social!

Más desgobierno que Gobierno
En esto está teniendo mucho que ver la crisis a la que desde la Unión Europea no ha ofrecido salidas coherentes con su valor determinante que es la solidaridad y la cohesión social y territorial. Pero eso no puede servir para exculpar a la gestión caótica y chapucera del Gobierno de España. Parto de la ingenuidad irresponsable de Rajoy, convencido de que con su llegada a la Moncloa se recuperaría automáticamente la confianza de los mercados y España recibiría un trato mucho más amigable que el sufrido por el Gobierno anterior. Yo, que desde la oposición no me alegro de que el Gobierno haga mal las cosas, siempre pensé que en el PP se equivocaban creyendo que su llegada al poder iba a amansar a unos tiburones sin más ideología que la de su beneficio. Hoy las cifras cantan: si la credibilidad y la confianza de un país se mide por la prima de riesgo de sus finanzas, con Rajoy estamos casi en el doble de lo que estábamos con Zapatero...
Por otra parte, actuaciones como las de YPF-Repsol o el de Gibraltar nos están dejando en ridículo en Europa y en el mundo. En el primer caso y en lugar de negociar seria y discretamente como lo hizo el Santander en Venezuela meses antes, se operó con lo que más daño puede hacernos en América Latina y que allí llaman el "guaperío" es decir, la arrogancia y el farol. Y así nos fue. En lo de los pescadores la cosa es aún más grotesca: el Ministro, iniciado el conflicto, anunció públicamente que al día siguiente se reuniría en Londres con su homólogo británico para resolver el caso. Pero el resultado de ese encuentro -una hora, comida incluida- es que ni siquiera hubo una comparecencia conjunta, limitándose el Sr. García Margallo a anunciar que ambos Gobiernos "animaban a las partes a llegar a un acuerdo..." Para ese viaje no necesitábamos alforjas.
Mientras, se trompetea que la Sra. Merkel felicita al Gobierno de España por estar haciendo sus deberes, es decir, el dictado que nos llega de Bruselas o Berlín. Pero se silencia a otro portavoz alemán cuando afirma que si Rajoy está haciendo lo que se le dice y todo va de mal en peor en España, tal vez deberían decírsele otras cosas... Para demostrar cuánto se nos toma por el pito del sereno, afirmo que, en los muchos años que llevo por las Europas, jamás había escuchado a los dirigentes comunitarios expresarse de forma tan insultante diciéndole al Gobierno de un Estado miembro que no se podían haber hecho las cosas peor de como se ha tratado el caso Bankia. Aunque del rescate de nuestros bancos y cajas hablaremos con más detalle en dos semanas, hoy, cuando la cosa se presenta como un milagro, recordaremos que cuando hace apenas unos días Hollande apuntó esa posibilidad, Rajoy despectivamente le respondió que no tenía ni idea de la solidez de nuestras instituciones financieras. ¡Buena manera de hacerse amigos y de demostrar coherencia que genere credibilidad! Es en las filas del Gobierno donde se ha hablado de "precipicio", "abismo" o "apocalipsis". Claro que para negar tales amenazas, pero fuera se ha llegado a decir que "están en el subconsciente de nuestros gobernantes".
Lo peor es que, tras de tanta chapuza, desde la Moncloa están desmantelándose los dos pilares de nuestro progreso: el Estado del bienestar y el de las autonomías. Nos están quitando sanidad, educación, servicios sociales; nos quieren quitar el carbón, y hay quien dice que llegarán a quitarnos hasta "lo bailao". ¿Nos dejaremos?

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Comentarios (1)enviar comentario enviar comentario
1 | pedro gutierrez ruiz 28/06/2012 12:19
como tendra geta este tio ha hablar despues de llevar toda la vida viviendo de la politica y perteneciendo ha un partido que ha dejao españa como la ha dejao ¿conoce alguien si este tipo ha trabajao alguna vez en algo ? otro candido mendez
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