Hemos explicado en anteriores artículos que, a la mitad de la legislatura, en el Parlamento Europeo cesan todos los cargos institucionales, dándose la correspondiente elección para cubrir dichas funciones durante los dos años y medio siguientes. En estas votaciones, hace unos días, se produjeron unos resultados sorprendentes. Lo es, que en una Cámara supuestamente dominada por la derecha -más democrática o más extrema- y tras una votación secreta que necesitó tres vueltas, el Presidente y los tres primeros Vicepresidentes pertenezcan al Grupo Socialista. Puede entenderse que yo mismo sacara más de cien votos sobre los que tiene mi propia formación; seguramente me dieron su confianza otros sectores de izquierda o de centro izquierda -comunistas y verdes- y también me votarían algunos liberales y hasta populares con los que trabajo en buena sintonía. Lo que nadie acierta a explicar es cómo ninguno de los candidatos del Partido Popular Europeo alcanzó tan siquiera el número de votos que tiene su propio Grupo... Es misterio que tiene desconcertados a muchos.
Pero vamos a los ámbitos de responsabilidad que voy a ocupar en los próximos treinta meses. Mantendré mis atribuciones anteriores: el multilingüismo, es decir, todo lo relativo a la traducción e interpretación que se produce en un Parlamento en el que se opera en 23 idiomas, que serán 24 tras la próxima incorporación de Croacia. Y me ocuparé de las relaciones con los países candidatos a integrarse en la Unión, con Turquía en primera línea. También seguiré gestionando el difícil encaje de la cooperación entre la Eurocámara y los Parlamentos Nacionales de los Estados comunitarios, colaboración que impone el vigente Tratado de Lisboa. Otra tarea en que he sido confirmado es la de encabezar el proyecto de la Casa/ Museo de la Historia Europea, iniciativa fascinante que avanza hacia la inauguración prevista para el primer semestre de 2014. Me han encargado una nueva responsabilidad: la cooperación con el Consejo de Europa, la otra gran Institución continental, que adquiere especial importancia para la Unión porque en los próximos meses Bruselas firmará la Convención Europea de los Derechos Humanos, clave de lo que hace el Consejo de Europa desde su sede de Estrasburgo.
Esas serán mis tareas específicas, pero, además, el propio Grupo Socialista me ha ratificado como Portavoz de sus tres Vicepresidentes en la Mesa, lo que supone coordinar a dichos Vicepresidentes y al líder de nuestro Grupo, con el propio Presidente de la Eurocámara. Todo ello hay que compatibilizarlo con mi participación en dos Comisiones -la de Peticiones y la de Cooperación para el Desarrollo y Ayuda Humanitaria- y sobre todo con la prioridad que siempre me he impuesto de estar al servicio de cuanto interese a nuestra tierra y a nuestra gente, constituyendo éste mi principal compromiso dentro del impulso al proyecto de articulación continental.
Y nuevos esfuerzos contra la crisis
Por cierto que este proceso no parece encaminarse por los mejores derroteros, dominado como está por 27 Gobiernos en los que todo parece controlado y determinado por una amplia mayoría de derechas. Así, lo que ha decidido la reciente reunión del Consejo Europeo ha sido decepcionante: con los mimbres que allí aportaron los Gobiernos de los 27, no parece que vayamos a poder salir de una crisis con efectos catastróficos para todos nuestros pueblos. El Tratado firmado y ya rechazado por dos Estados -el Reino Unido y República Checa-, ni tiene carácter comunitario ni plantea soluciones a los problemas que nos aquejan. Para ese viaje no necesitábamos alforjas... Sigue poniéndose todo el acento en recortar para poner fin al déficit. Podemos coincidir en la necesidad de austeridad, de rigor presupuestario y de contener el déficit hasta eliminarlo. Yo mismo he contado mi preocupación por una deuda que llega a costar ingentes recursos necesarios para mantener el "Estado del bienestar". Pero no podemos tolerar que, obsesionados con esas ideas, no se diga nada serio de medidas para reactivar la economía, para generar crecimiento y sobre todo para recuperar el empleo que alcanza por doquier niveles de destrucción tan generalizados como angustiosos.
Aquí la única fuente de esperanza viene de la movilización de las fuerzas de izquierda, con los socialistas a la cabeza. Y las últimas declaraciones de François Hollande anunciando que, cuando en unas semanas gane las elecciones presidenciales en Francia, planteará la renegociación del Acuerdo. Ya es sobradamente preocupante que tal Tratado se haga fuera de los procedimientos comunitarios, como pacto entre Gobiernos, lo que debilita al máximo los procedimientos y normas de la Unión Europea.
Lamentamos que con la situación que el empleo vive en España, Rajoy no haya hecho hincapié en la necesidad de crecer, limitándose en su primer Consejo, a aceptar los planteamientos de sus correligionarios del Partido Popular Europeo. En debate plenario, el Parlamento Europeo, a instancias del Grupo Socialista, pero con apoyo incluso del centro derecha, ha exigido medidas concretas para producir crecimiento y empleo. La Eurocámara ha insistido en la necesidad de emitir eurobonos y de imponer la tan comentada tasa sobre las transacciones financieras. Y también se ha exigido que las normas comunitarias se respeten para asegurar el control democrático de lo que andan cocinando los Gobiernos, operando a lo Juan Palomo, ninguneando los avances democráticos establecidos por el Tratado de Lisboa.
Cambiar para ser el PSOE de siempre
Esos planteamientos frente a la crisis que los socialistas venimos defendiendo en el Parlamento Europeo los hizo suyos Rubalcaba, al proponer su candidatura como Secretario General en el Congreso del PSOE. También del Congreso quería hablarles, no para repetir informaciones difundidas por medios de comunicación sino para destacar la notable dimensión europea e internacional de dicho acontecimiento. En él participaron más de 150 invitados y diplomáticos de todos los continentes y de prácticamente todos los países comunitarios. Precisamente me tocó acompañar a muchos de ellos, colaborando con la hasta entonces Secretaria Internacional socialista, Elena Valenciano. Así pude comprobar una vez más el interés que el PSOE despierta por doquier.
Cabe destacar lo impresionados que se han marchado los representantes socialdemócratas de toda Europa. A ello ha contribuido tanto la eficaz organización del Congreso y su ejemplar desarrollo dentro de los cauces de la democracia interna, como la presencia de la problemática europea en las principales intervenciones. Y la identificación de Alfredo Pérez Rubalcaba con los argumentos que vienen defendiendo los socialistas en todo el continente para plantarle cara la crisis, como alternativa a las desastrosas políticas de la derecha. Especial alegría causó la elección de Elena Valenciano como Vicesecretaria General del Partido. A Elena se la conoce, se la valora y se la quiere, tras dejar una huella notable en sus años de eurodiputada. También se ha apreciado la entrada en la Ejecutiva Socialista de otro colega destacado, nuestro paisano Sergio Gutiérrez, Secretario General de las Juventudes Socialistas de España. Hay además otros dos integrantes de la Dirección Socialista que también dejaron buen recuerdo tras trabajar hace unos años como colaboradores de nuestros europarlamentarios: me refiero al nuevo Secretario de Organización, Oscar López y al Secretario General del Grupo en el Congreso, Eduardo Madina….
Y se ha valorado que en su primera rueda de prensa el Secretario General haya señalado como sus primeras actuaciones, reuniones con Rajoy, con los agentes sociales y con el Presidente de la Eurocámara, “su amigo el socialdemócrata alemán Martin Schulz”.
Se ha abierto un nuevo capítulo del socialismo español y muchos, algún día, podrán decir “yo estuve en Sevilla”. Para mí es una línea más en una amplia hoja de ruta... Para mí que estuve en Puteaux, en un Congreso del PSOE al que acudí desde la clandestinidad, siendo el último que presidiera Indalecio Prieto. Y estuve en Suresnes… y en todos los demás Congresos celebrados desde 1976, cuando todavía nos debatíamos en la ilegalidad del tardo franquismo. ¡Fue duro, en muchos momentos, pero fue fascinante este viaje que me ha tocado vivir a lo largo de cincuenta y dos años de militancia! ¡Ojo, y lo que nos queda por delante!




















