11/02/2017 · 22:40

Diego Peris Sánchez

Cantos y encantos

Fulgentes, provocadores, compañeros de la alegría, arcángeles de la oscuridad que a mí me visitáis, volved aquí conmigo, volved, volved. Así comienza el nuevo disco de Xavier Ribalta, denominado Cantos y Encantos con textos de Josep Piera, poeta nacido en Gandía en 1947. La tradición de la música que elige textos de poemas es amplia en nuestro país y nos ha permitido disfrutar de muchos de los mejores poetas. Una música que parte del valor de unos textos de calidad, de un mensaje intenso que se agradece en estos tiempos de tantas banalidades. La traducción al castellano de los textos realizada por Jaime Siles y Jordi Pamies nos permite a muchos comprender mejor estos poemas. Pero sobre todo es la música y la voz potente de Xavier la que hace llegar la emoción de cada una de sus canciones. Jinetes de la tempestad, descabalgad abismos. El piano de Ramón Andreu hace que la voz, los textos de los poemas encuentren su ambiente de acogida, su perfecta armonía que reclama: venid, venid, entre la música o en olores lejanos o en la forma de un sueño. Entrad, aquí os espero. La música tranquila del piano va dejando al fondo  la voz tranquila y potente de Xavier que va creciendo reclamando a los compañeros de la alegría: volved, venid, entrad, aquí os espero.
Y comienza el relato con la emoción del recuerdo de Samos, con bajeles amarrados, gimientes de silencio que bailan cual corazones ensoñados de amor. Entre la luz y la sombra de que están hechos los humanos, este atardecer en Samos que nunca olvidaré. Y ello con el descubrimiento de los placeres sencillos y diarios. Qué antiguo goce abrir una granada, despojarla de velos y, grano a grano, comerse todo el sol del Egeo. Qué placer fresco, amigos, a la orilla del mar, almorzar uva y pan. Qué morboso deleite, señor, desde un margen coger un membrillo de algodón.

Canciones de despedida y tristeza

Pero el marinero canta la tristeza de la pérdida. Alma de mi cuerpo, cuerpo de mi alma, el día que me dejaste, me quedé solo del todo. Aprendí que perderte era perderme para siempre. Y entona la canción de despedida: He perdido las palabras ahora que tú has muerto. Ahora, ahora que para mí has muerto he quedado sin nada, como una criatura al nacer, lejos de ti, desnudo, con gritos, con llantos, con lágrimas, pero mudo sin un gesto, sin palabras para decir. Ahora que tú has muerto he perdido las palabras. Pero la esperanza renace de nuevo con la carta a la espera de la música. Nunca es larga la espera ni es silencio si tú has de venir, amor mío a buscarme. Ven a la hora, día, instante o vida que me pidas. Y en esa tristeza canta su Valencia os llama y pide que acudan a rescatarla. Poemas y música que se hacen alegría y tristeza, que comunican emociones y sentimientos.

Cantos y encantos

El poema del que el disco toma su título es el Canto de estilo. Con canto de estilo ahora canto, como cantaba el pueblo antes. Canto las penas amargas porque así se me vuelven dulces y es que cantando yo me encanto. Quédate conmigo mi amor, no te vayas, hace mucho frío. El viento negro trae la nieve y se te helará el aliento. La noche cae por todas partes. El piano parece recorrer la tristeza del momento de alguien perdido en el mar con una vela blanca obstinada en no regresar.
Y reclama el valor de lo cotidiano, de lo cercano, participar del espectáculo cotidiano de encontrar todos los sonidos y las voces, todos los perfumes del viento, las manos ofrecidas, todas. Vivir la sabiduría del instante vengan de donde vengan las maravillas. Palpar el tiempo, los juegos estridentes de los niños, la corteza arrugada de un viejo, ahora y aquí: la vida inagotable. La voz recita el poema con la música del piano que se calla para dejar el sonido de lo cotidiano. Y, desde la fidelidad a la lengua de sus padres, la ciudad que se ve allá a lo lejos, donde eres un elemento solidario del viento y de los árboles, donde las estaciones del año las sientes como Vivaldi, con versos de Verlaine, de Horacio y Ausias March. La ciudad lejana, horizonte y diálogo, relojes acoplados al color de la tierra sin que un grito que estalla te sacuda como vidrio al romperse. Quiero irme allá lejos para ser un matojo en el que descubrirme.

La vida que transcurre

Una reflexión también sobre el tiempo, sobre el trascurrir de la vida y las experiencias de cada momento. Los instantes breves y cálidos en que una lucidez transparente como el cristal del aire te agrieta la piel y las células con caricias de música agua tibia y sangrante. Pensamientos como cristales reflejan la historia o el olvido. Un fresco rumor de recuerdos cayendo en las manos de un niño que tiene sed y quiere beber. Un tiempo que pasa y cambia la cosas y nuestras vidas. Mi pasado tan frágil como juguete de feria. Y, sin embargo, no es mío, es de un niño que me mira con ojos altivos, pantalones cortos, una sonrisa de príncipe que arrodilla a vasallos, desde un día amarillento, alegre en una fotografía. Paredes, paredes de leche en polvo, prohibidas de una blancura altísima, coronadas de cristales rotos y un jazminero asomándose desde lejos, como la nieve, inalcanzable.
Qué falacia creernos que somos uno y el mismo: tú con la mirada insolente de la niñez, yo, seguro sólo de mis dudas; tú con un lazo azul marino, yo con la noche en los ojos y esperando el alba. La música va envolviendo estas reflexiones, estos poemas que descubren los cambios de nuestra vida con el piano de Ramón Andreu, sus arreglos y el violoncelo de Blanca López Rubal con sus sonidos profundos. Y así acaba la música llena de calma, de paz, de reflexiones tranquilas acompañadas por el piano y la voz que recita, y canta con su tono grave los poemas que van desgranando historia y sentimientos.
Hace ya años, compartía con un amigo los discos de Xavier Ribalta con los poemas de Salvat Papasseit en la añoranza del mañana que pensaba un hombre enfermo. Ahora, ese amigo, Paco Ortega músico y productor, los dos con tiempos ya vividos, produce el nuevo disco de Xavier (el 27 de su trayectoria musical) que vuelve a tener la capacidad de emocionar con su voz profunda, con los textos escogidos de los poemas de Josep Piera que se enlazan en esa unión de la música y la palabra que llega al corazón de las personas. La voz de Xavier Ribalta es, probablemente, la mejor compañía para un poeta porque respeta su métrica, su cadencia y su rima, la esencia y el concepto. Orfebre musical de la palabra de los mejores poetas del pueblo dice Rafael Fraguas en la presentación del disco
La unión de la música y la poesía ha dado excelentes resultados. En el caso de Ribalta con poetas como Papasseit, Maragall, Margarit y ahora Josep Piera. La voz, la palabra y la música se funden en una solución repleta de armonías y emociones en este nuevo disco. Y en la contraportada del libreto del disco ese hermoso  texto de Salvador Espriu tan necesario en estos tiemopos: Haz que sean seguros los puentes del diálogo y trata de comprender y estimar las diversas razones y hablas de tus hijos.


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Comentarios (1)

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  • 1)Paco Rodon 24/02/2017 16:43 16:43

    UN DISCO ESPLENDIDO

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