17/04/2017 · 16:15

Diego Peris Sánchez

Histórico. Antiguo. Rancio

Términos como histórico, antiguo, patrimonial se hacen presentes en numerosos ámbitos con significaciones que nos hablan de manipulaciones del lenguaje, de su uso para una finalidad determinada.
Lo antiguo tiene simplemente una connotación temporal. Es lo que existe desde hace mucho tiempo. Lo viejo es lo que tiene una edad avanzada, que existió en el pasado.


Los griegos distinguían entre el cronos y el Kairos.

Kairós  es un período de tiempo en que sucede algo importante, mientras que el cronos es el simple transcurrir del tiempo, el paso de las horas y los días, el kairos cualifica el tiempo porque ocurre algo significativo en ese momento. Cronos, la cronología es un elemento puramente cuantitativo. Decir que algo tiene cien años es simplemente referir que aquello se construyó o se realizó hace cien años. La antigua legislación de patrimonio exigía, para la consideración de un bien como patrimonial, la antigüedad de cien años. Pero el kairos introduce un concepto cualitativo. No basta con tener muchos años, hay que tener un tiempo de calidad, una referencia especialmente significativa que ocurrió en un momento determinado.
Hay cosas que son simplemente viejas y en castellano diferenciamos lo que es viejo y lo que llamamos antiguo. Lo viejo es lo que cronológicamente tiene ya mucho tiempo, mientras que a lo antiguo le damos un valor determinado, tiene un tiempo que lo cualifica y por eso lo queremos conservar y mantener.

Histórico.
Lo histórico dice el Diccionario de la RAE es perteneciente o relativo a la historia. Dicho de una persona o una cosa: que ha tenido existencia real y comprobada. Digno de pasar a la historia.
En diferentes idiomas, sin embargo, hay una distinción entre lo puramente temporal, cronológico y aquello que tiene una relevancia en ese trascurrir de la sucesión de acontecimientos. Muchas personas hablan de acontecimientos históricos, especialmente, en política, se usa de forma abusiva hablando de decisiones históricas. Y no es incorrecto, porque cualquier decisión, cualquier acontecimiento es histórico en cuanto que trascurre en un tiempo determinado. Pero probablemente no es histórico por su importancia y por la cualidad de lo acontecido o de la decisión tomada. Porque cuando queremos decir que algo es histórico es porque le queremos dar una significación especial, un valor singular porque ha supuesto un hito importante en ese devenir cronológico. Y la realidad es que hay muchas decisiones y muchos acontecimientos que tienen una trivialidad cuyo mejor destino es el olvido.

Patrimonio histórico.
La palabra patrimonio en castellano tiene referencias a propiedades, a bienes que tenemos, sean inmuebles o sean bienes monetarios. La primera definición en castellano de la palabra patrimonio es el conjunto de bienes propios de una persona o de una institución, susceptibles de estimación económica. Y por ello hablamos del patrimonio de una institución, del patrimonio del Estado o del impuesto sobre el patrimonio.
Pero la palabra patrimonio refiere especialmente a aquello que hemos heredado de otros. La segunda definición del patrimonio, en el diccionario lo define como el conjunto de bienes que una persona adquiere por herencia familiar.

Y por ello el patrimonio histórico se define como el conjunto de bienes de una nación acumulado a lo largo de los siglos que, por su significado artístico, arqueológico etc. son objeto de protección especial por la legislación dice el Diccionario. La Ley de Patrimonio Histórico español que mantiene este nombre, aunque legislaciones autonómicas han introducido el término de Patrimonio Cultural, hace referencia a ese conjunto de bienes que hemos recibido como herencia cultural de generaciones anteriores. El trascurso del tiempo ha hecho que reconozcamos determinados valores en esos bienes.


Valores que, hoy en día, han ampliado su campo de actuación. La anterior legislación utilizaba el término de histórico-artístico refiriéndose así a aquellos bienes que tenían valores artísticos reconocidos por los expertos. Hoy en día este concepto se refiere a numerosos ámbitos como el arquitectónico, el urbanístico, arqueológico, industrial, geológico, paleontológico, etnológico, inmaterial y otros más. Lo histórico es reconocido como herencia cultural cuando ha sido valorado así a lo largo del tiempo y lo es por la comunidad. Dos condicionantes esenciales para reconocer el valor y el establecimiento de la protección que colectivamente queremos otorgar a algo. No basta el reconocimiento afectivo individual que seguro está presente en la valoración de nuestras actividades y bienes relacionados con ello. El bien objeto de reconocimiento tiene un valor esencial en un tiempo concreto y es significativo en su aportación a la cultura colectiva.


El tiempo ha ido depurando la presencia de las cosas para ir manteniendo aquellas que la sociedad ha querido conservar. No todo lo que tiene un tiempo merece la pena ser conservado. Recientemente se plantea el debate sobre la conservación de la arquitectura contemporánea. Si hiciéramos el ejercicio de pedir a nuestra sociedad que valorase los edificios construidos en los últimos veinte años en nuestra ciudad y que merecen la pena ser conservados nos sorprenderíamos de ver qué pocos pasarían el filtro benevolente de nuestros vecinos. Porque la historia se ha construido sobre la historia y ha renovado edificios, ha demolido muchos de ellos para construir nuevas realidades y en muchos casos, en esta renovación, están los valores que hoy consideramos nuestro patrimonio.

Rancio
Pero esta valoración de lo antiguo, de lo histórico tiene también sus elementos negativos. Rancio tiene una valoración positiva cuando se refiere a una cosa como antigua o de larga tradición, pero normalmente es un valor negativo, despectivo, referido a algo anticuado, propio de épocas pasadas o de ideas ya superadas.
   Y la valoración de lo histórico, del patrimonio tiene el peligro de llevar a lo rancio, a esa valoración excesiva de que todo lo antiguo, todo lo viejo se debe mantener y tiene valores por encima de cualquier manifestación de la cultura actual lo que nos llevaría a un inmovilismo cultural y a una contemplación absurda de aquello que se realizó en épocas pasadas.
   La utilización de la legislación de patrimonio histórico como defensa de aquello que no se es capaz de valorar desde los principios del urbanismo y de la política de la ciudad no suele ser un buen camino.
Por otra parte, todo conocimiento, toda valoración se realiza desde un tiempo determinado, desde conocimientos culturales determinados que nos hacen tener una visión desde el momento actual. Algo que es imposible evitar pero que podemos tratar de racionalizar analizando las condiciones del tiempo en que aquello que nos llega como herencia se llevó a cabo valorando su aportación en ese contexto cultural y temporal. La valoración de aquello que se ha realizado en tiempos pasados no puede ser obstáculo para nuestro deseo de construir nuevas cosas, de aportar nuevas experiencias y conocimientos.
El aprecio de la historia pasa por el conocimiento serio de su realidad, de la cultura que dio origen a esas manifestaciones culturales y a un acuerdo común de la sociedad sobre su reconocimiento.

 


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