02/12/2012 · 14:16

Diego Peris Sánchez

Silo de abonos de Puertollano

En 1940 Franco visitaba las instalaciones de la destilería Calatrava de Puertollano donde se realizaba el proceso de explotación de las pizarras bituminosas. En esa visita encargaba al ministro de Industria y Comercio, teniente coronel Alarcón de la Lastra poner en marcha una refinería similar pero diez veces superior al que existía  en la destilería Calatrava.

Una placa del DOCOMOMO

El 22 de enero de 1942 se creaba por decreto la Empresa Nacional Calvo Sotelo y el 24 de noviembre de 1942 se inauguraban las instalaciones de ENCASO con tres grandes complejos industriales, uno de los cuales era el de Puertollano. Aunque la inauguración oficial fue en 1952, la construcción de las instalaciones comenzó en 1942. La Fábrica disponía de los tres elementos esenciales para su funcionamiento: las pizarras bituminosas, la energía de su central térmica y el agua del embalse de Montoro. Y así desde 1952 hasta 1965 comienza la etapa de explotación de las pizarras bituminosas. Las dos grandes producciones de este periodo son los aceites lubricantes y los abonos nitrogenados. En 1956 se producen 65.223.769 litros de aceite y 5.352.982 litros de gasolina. Se envasan los aceites con la marca CS con un rendimiento de 350 toneladas día. Los bidones se fabrican también en el complejo.
Ya desde sus orígenes, el diseño de la Empresa Nacional Calvo Sotelo prevé la construcción de una fábrica de abonos nitrogenados. Esta semana el Colegio de Arquitectos de Ciudad Real colocaba una placa en el edificio del Silo de Abonos nitrogenados del complejo de Puertollano. Una placa que recuerda la inclusión del edificio dentro de los catálogos que realiza el DOCOMOMO Ibérico. Una institución que quiere catalogar, dar a conocer y proteger los edificios de la arquitectura contemporánea que tienen elementos de valor. En este caso se trata de un edificio industrial construido a mediados de la década de los años cincuenta del siglo pasado.

Una fábrica de abonos nitrogenados

Las instalación para la producción  de abonos nitrogenados comenzó en 1955 y comprendía las siguientes fases: gas de síntesis, síntesis de amoniaco, ácido nítrico, sales nitrogenadas, almacenamiento y ensacado. Se hace una previsión de 12.000 toneladas anuales de nitrógeno en forma de amoníaco, que se trasformaban en 64.500 toneladas al año de nitro-cal- amon con un 15,5 % de nitrógeno y 4.600 toneladas de ácido nítrico concentrado. Para la síntesis del amoniaco, el hidrógeno obtenido en la instalación de hidrogenación se sometía a una depuración final y después se mezclaba con nitrógeno en cámaras que trabajaban a 300 atmósferas y a temperaturas entre 400 y 500º. Los gases se refrigeraban obteniendo amoniaco líquido por una parte y gaseoso por otra, aprovechando el amoniaco líquido para los sistemas de refrigeración. El amoniaco líquido se trataba para obtener ácido nítrico que se mezclaba con amoniaco, obteniendo nitrato amónico cristalizado. Tecnologías que se han modernizado y cambiado para seguir produciendo nitratos de diferentes calidades y urea.  La utilización del gas natural permite reducir ahora consumos energéticos y contaminación.
Para obtener el nitro-cal-amón se mezclaba la disolución de nitrato amónico con caliza finamente triturada que se obtenía en las minas de Argamasilla de Calatrava. Entre 1955 y 1958 se construyó un silo de abonos nitrogenados proyectado por el arquitecto Manuel Valdés Larrañaga con el sistema de Cimbra Reglá que salva una luz de 30 metros con arcos parabólicos de hormigón armado, que en su centro tienen una altura de 9,70 metros. El 11 de noviembre de 1959 Franco inauguraba en la Calvo Sotelo la fábrica de abonos nitrogenados como lo anunciaba el Lanza del 12 de noviembre, que en aquel momento se vendía por una peseta. Se daba satisfacción a ese deseo expresado de forma tajante con la frase Alimento para el hambriento campo español. Las posibilidades de abono para la agricultura española estaban lejos de los estándares de otros países europeos que suministraban a sus tierras cantidades mayores de abonos cada año. Se quiere dar así un impulso a las zonas de regadío y consolidar el Plan Nacional de fertilizantes Nitrogenados. El Plan quería llegar a las 900.000 toneladas de abonos nitrogenados de las cuales 300.000 deberían ser suministradas por la Calvo Sotelo en sus dos factorías.

Silo de abonos de Valdés Larrañaga

El edificio destinado a almacén de abonos nitrogenados es una nave de 30 metros  de ancho que se cubre con arcos parabólicos de hormigón armado, con una altura en el centro de 9,70 metros. Una estructura que se repite a espacios regulares creando 29 espacios intermedios entre los grandes arcos de hormigón. Se crea así una gran nave de cerca de 90 metros de longitud que se amplía posteriormente con 15 módulos más llegando a los 135 metros de longitud. Exteriormente los nervios de la estructura y sus apoyos se acusan marcando el ritmo de la gran estructura longitudinal.
En su interior, el espacio de paredes oscuras sobrecoge por sus dimensiones y su forma curvada que ofrece una continuidad de los paramentos hasta llegar a la gran altura del centro. Una estructura metálica en la parte superior recorre toda la nave para introducir el producto que va creando grandes montones de forma cónica de los nitratos que se almacenan. La iluminación cenital tamizada, para garantizar la buena conservación de los productos nitrogenados y la ventilación del espacio hace que el interior tenga un espacial atractivo. En la parte inicial de la nave la cubierta de hormigón de colores oscuros contrasta con las grandes montañas del nitrato 34,5 de un blanco nieve que en las formas que va creando la rascadora parecen grandes bloques de hielo. En la parte de ampliación con cubierta de chapa,  se almacena el nitrato 27 que al mezclarse con las dolomías de la zona tiene un color rosado peculiar. Un espacio interior industrial que tiene un atractivo plástico especial además de cumplir su función esencial que es el almacenamiento del producto en condiciones adecuadas.
La zona de producción de abonos, dentro de la gran ciudad industrial de Puertollano,  que ahora gestiona Fertiberia, está dotada con modernos sistemas de control de la producción  para garantizar la calidad y seguridad del trabajo así como de la producción que se realiza. La arquitectura industrial integrada en ese conjunto de depósitos, chimeneas, tuberías de enlace conforma un conjunto de la nueva ciudad industrial que se empezó a construir a mediados del siglo pasado. El mantenimiento del uso y de su funcionalidad original es la mejor garantía para la conservación de este patrimonio que poco a poco vamos aprendiendo a valorar aunque sigue falto, en esta región, de catálogos adecuados y de protecciones legales que, en muchos  casos, debería tener.


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