En el año 1995, hace ya 15, se culminó una de las más bonitas historias del conservacionismo en España y por que no decirlo en Europa.
Esta consistió en que la finca de Cabañeros, un espacio natural privilegiado de bosque mediterráneo, extraordinariamente bien conservado gracias a los usos tradicionales de los habitantes de la zona, pasó de estar condenado como principal y único candidato a campo de tiro del ejercito del aire, a convertirse felizmente en el décimo parque nacional de la red estatal de parques nacionales.
Para que esto ocurriera, primero se tuvo que declarar, en el año 1988, la finca de Cabañeros, Parque Natural, fruto del coraje, lucha y empecinamiento de los vecinos de la comarca, de los activistas ecologistas y del Gobierno de Castilla-La Mancha, que desafiaron al Gobierno de la Nación y apostaron fuerte para salvar, a un privilegiado y exclusivo espacio natural, abocado a una muerte inevitable e irrevocable, por el mas que seguro mortífero e implacable bombardeo que los aviones de la OTAN hubieran practicado sobre el medio natural. Un ecosistema extraordinariamente bien conservado, muy rico en flora y fauna, y que encarna al principal exponente del bosque mediterráneo en España.
Y en segundo lugar, unos años después, a instancias del Gobierno de la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha, - y tras un virulento y largo proceso de enfrentamientos entre los partidarios de la declaración del parque nacional y los que se oponían, alimentados por los intereses de algunos propietarios de las grandes fincas del entorno, las diferencias entre los vecinos de los pueblos de la comarca y la presión de los Ayuntamientos y de los conservacionistas – Cabañeros ascendió a la categoría de Parque Nacional, máximo reconocimiento medio-ambiental, materializado con la aprobación de la Ley del Parque Nacional de Cabañeros en el Parlamento Español, después de un intenso y enzarzado debate entre el partido del gobierno y el de la oposición.
La historia para muchos terminó aquí. Pero para los ilusionados vecinos de la comarca, comenzó una esperanzadora etapa, en la que creyéndonos las razonables promesas que nos hicieron sobre un futuro prometedor, iniciamos un proceso de desarrollo turístico, acompañado de inversiones y proyectos innovadores en la zona, que desembocaron en la creación de una estupenda infraestructura de servicios turísticos de alojamiento, de restauración y de turismo activo, los cuales representan hoy día una de las mejores de toda Castilla- La Mancha, en cuanto a turismo de naturaleza se refiere.
Sin embargo las promesas no se cumplieron y los empresarios se sienten engañados y hartos, después de venir reclamando durante años, un sistema de visitas en el parque con menos restricciones y que sea mas accesible al gran público. Demandas que hasta la fecha no han tenido respuesta.
El turismo en la comarca de Cabañeros está en continua regresión, el tirón mediático de Cabañeros ya pasó y las visitas dentro del parque nacional cada día son menos demandadas, como consecuencia de la mala fama que se ha cimentado el parque por las dificultades para ser visitado.
El sistema de uso público, no ha evolucionado, ni se ha diversificado adecuadamente actualizándose a los nuevos tiempos. La señalización en las carreteras no existe y la poca que hay es inexacta y confunde a los visitantes. Faltan letreros informativos y de interpretación en las rutas del parque. Y falta dotar a las carreteras del entorno y a los corredores de dentro del parque de los convenientes puntos de interés paisajístico.
El Parque Nacional de Cabañeros, que a pesar de sus extraordinarios atractivos, de su gran superficie y de su situación geográfica en el centro de España, es el último en número de visitas de la Red de Parques Nacionales (junto con el Archipiélago de La Cabrera). Cabañeros No se merece esta posición.
Contrariamente a lo que dicen y piensan algunos responsables de la gestión técnica y política del parque, los numerosos recursos naturales con los que cuenta Cabañeros, sí podrían ser admirados y disfrutados por muchos mas visitantes, sin que por ello disminuyera, ni un ápice, su buen estado de conservación. Únicamente haría falta que los responsables del espacio natural quisieran y tuvieran la voluntad de que así fuera. Voluntad que evidentemente nunca ha existido por parte de nadie, excepto por los empresarios turísticos de la zona que arriesgaron su patrimonio, esperanzados con la declaración de dicho parque nacional.
Cierto es, que Cabañeros nació fruto de unos intereses políticos totalmente distintos a los puramente conservacionistas - propios de los parques nacionales -, en donde el uso público y las visitas son un fin primordial.
Los Parques Nacionales tienen que servir de motor de desarrollo turístico en su zona de influencia socioeconómica y tienen que repercutir en mejorar la calidad de vida de los habitantes, creando riqueza y fijando a la población local.
La Asociación Turismo Sostenible en Cabañeros que agrupa prácticamente, a todos los empresarios turísticos, en total 47 empresas, de los seis municipios con territorio en el P.N. de Cabañeros, tiene como primer objetivo impulsar un turismo sostenible en la zona. Y la adhesión del Parque Nacional de Cabañeros a la Carta Europea de Turismo Sostenible, obliga a los gestores del ENP a facilitar que se cumplan los principios en los que se basa ésta, siendo el primero y mas importante el “hacer compatible la conservación de los valores del territorio con la satisfacción de las aspiraciones de los empresarios, las expectativas de los visitantes y las necesidades de la población local”.
Para que se cumplan los principios de la CETS, es imprescindible que se produzca un cambio - necesario e inevitable – en el actual sistema de visitas y uso público del parque, fundamentado en que no sea tan restringido, en que se facilite el acceso al parque nacional al gran público de una manera sencilla y económica y que resulte suficientemente atractivo a los visitantes de todo tipo y de cualquier parte del mundo.
Mientras no se produzca este cambio que tiene que ser, por supuesto, ordenado y respetuoso con la naturaleza, y sin excluir a nadie, el turismo en la comarca irá a menos y la acreditación de la CETS estará abocado al fracaso, pues no se cumplirán los principios de la sostenibilidad.
Es decir, se tiene que establecer un equilibrio entre lo “económicamente viable, ecológicamente compatible y socialmente aceptable”.
Los empresarios de turismo de Cabañeros, - que también queremos poner nuestro grano de arena contribuyendo a salir de la crisis en la que se encuentra inmerso nuestro país, en donde el turismo ha sido reconocido, por todo el mundo, como una de los principales esperanzas en donde se puede empezar la recuperación económica y la generación de empleo, desde la competitividad - hemos decidido por unanimidad en Asamblea General, mientras participamos en la CETS, luchar con intensidad y sin descanso con todos los medios a nuestro alcance, para remover los obstáculos que hasta la fecha se oponen a que este cambio se produzca.
Mientras esta situación se mantenga y no cambie, se podrá decir alto y claro que Cabañeros es insostenible.


















