Antonio Sánchez Cencerrado
De obispos
 
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12/04/2012 - 13:42 Escrito por Laura Espinar

Hay declaraciones, discursos, homi lías y otras intervenciones públicas que no mueven a risa porque resultan trágicas. Pero los declaran tes, los que pretenden impartir doctrina, andan por ahí difun diendo sin pudor algunas ideas, peregri nas cuando menos, ilegales muchas veces, que encuen tran acomodo hasta en medios de comunicación públicos. Y la cosa se complica cuando los actores tienen gran influencia en la sociedad, como es el caso de los obispos. Ocurre que de vez en cuando algún monseñor destapa el tarro de las esencias y coloca en un lugar preferente del altar un símbolo inconstitucional, una bandera del antiguo régimen. Una actitud que no está claro que sea bien vista por la mayo ría de sus fieles, a quienes seguramente habrá revuelto el estómago.  Pero la cosa pasa a mayores, cuando ese mismo señor obispo, de Alcalá de Henares por más señas, hace aflorar su homofobia en una celebración litúrgica. En la homilía, que no tiene desperdicio, se permite verter opiniones que resultan ofensivas para muchos ciudadanos, y que, desde luego, nada tienen que ver con la realidad que vive nuestra sociedad. ¿O es de recibo aceptar que considere a los hijos de los divorciados “muñecos de trapo” sin “columna vertebral”? ¿O que vincule las parejas de hecho a la violencia domés tica? ¿O que, “poniéndose social”, se quede tan pancho aludiendo al engaño al que, según él, son sometidas por sus jefes algunas mujeres para mantener el puesto de trabajo a costa de ofrecer favores sexuales? Todos estos disparates se les ocurre al mencionado obispo, Monseñor Reig, el autor de una guía para curar la homosexualidad que no tiene reparos en poner un piso a un cura condenado por pederastia. Afortu nadamente no todos los mitrados son así. Hay algunos, como el arzo bispo de Barcelona, que adopta una actitud diferente y reclama para los homosexuales el respeto que se merecen como personas.  O la del obispo de Ciudad Real que, aunque alguna vez ha gustado de meterse en extraños jardines -recuérdese cuando comparó al Presidente Zapa tero con Calígula-, manifiesta una postura coherente ante una injusta reforma laboral, rechazada por gran parte de los ciudadanos. Éstos últimos son los ejemplos que deben cundir.

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