Nunca, salvo por causas bélicas, se había destruido tanto y tan deprisa como en estos algo más de cien días de la llegada al poder del partido popular. Nunca, salvo por causas patológicas, se había mentido más y a mayor velocidad que durante los apenas cuatro meses de residencia de Rajoy en la Moncloa. A mí sinceramente no me sorprende en absoluto el que dijeran “diego” donde antes dijeron “digo”. Pero jamás llegué a pensar que pudieran alcanzar tan altas cotas de desfachatez y desvergüenza,
Ciertamente nunca llegué a creer que en tan poco tiempo se pudieran cargar un sistema sanitario tan consolidado como el nuestro. NI que lo hicieran tomándonos a los ciudadanos por bobos, haciéndonos creer que es por nuestro bien. O que privatizando se ahorra. ¿Quién ahorra? ¿El gobierno o los ciudada nos? ¿No será más cierto que el mayor rendimiento económico beneficiará a las grandes empresas sanitarias, que curiosamente cuentan entre sus filas, y en cargos directivos, con deudos y parientes de gobernantes populares?
Y que no se preocupen los jubilados obligados a pagar el diezmo por las medicinas, porque es para su bienestar, ya que los medicamentos tienen muchas contraindicaciones. Que tampoco lo hagan los inmigran tes sin papeles porque tienen la oportunidad de morir con tranquili dad en la “madre patria”. Que nadie se preocupe, porque el PP ha descubierto la pócima mágica que hace público lo privado. Algo así oí decir a Esperanza Aguirre. Y la buena señora se quedó tan pancha. Y los españolitos, algunos, comulgaron gozosos con tales ruedas de molino
Pero es que no sólo han arremetido contra la sanidad. También, para beneficio de las generaciones venideras, se aumenta la ratio en las escuelas, se suprimen profesores de apoyo, se deja sin financiación la investigación… O se suben las pensiones un 1% y el IRPF un 3, por lo que eso de que se perciba menos a fin de mes no deja de ser pura fantasía. ¿Y qué decir de los salvajes recortes en los servicios sociales?
Sin embargo no hay que preocuparse. Si no lo hemos entendido ya se encargará de explicarlo la nueva televisión española con que nos van a obsequiar. Seguramente nos lo hará comprender muy bien. Tan bien que concluiremos que la culpa de todo esto la tiene Zapatero.
Y todo ello deprisa, deprisa.
Antonio Sánchez Cencerrado
Deprisa, deprisa


















