Diario de un tiempo atrás

José Raúl Muela González. Mascarón 2018 Puertollano

La primera reunión, el primer encuentro, las primeras ideas, el tipo se está fraguando. El letrista ya estudia y medita las mejores músicas y le fluyen los versos.

¿De que irán los demás grupos?, nos preguntamos una y otra vez para no coincidir, anunciemos nuestro disfraz mañana sin más tardar y pongámonos mano a la obra.

Los locales de ensayo retornan otro año más a los carnavaleros, habitaciones, reservados, aulas, almacenes o garajes, se convierten en el laboratorio de pruebas de las agrupaciones de nuestro carnaval.

Los días son aún más cortos y el frío se despierta, nos encontramos en el mes de octubre, otoño, comienzan los ensayos. Las primeras letras, los primeros acordes, el deseo de disfrutar y compartir momentos inolvidables se notan.

El sacrificio está asegurado, no hay excusas, el Carnaval se ha adueñado de nuestras vidas de lunes a domingo, de octubre a febrero. Las sufridoras se resignan ante la dura y comprometida labor para y por la tradición, a ellas le debemos todo.

Se acerca la fecha del concurso, los grupos ultiman sus disfraces. Las reuniones con la Concejalía se consuman para informar y acordar la forma de reparto de entradas y el día de su venta.

En el Auditorio Municipal se hace guardia, el café y los churros amainan el frío de la noche haciendo cola y esperando que las taquillas se abran para conseguir las entradas y disfrutar de los grupos participantes en los próximos días. La policía organiza el sistema de vallado con un serpentín regulado.

Las primeras discusiones entre los aficionados llegan, solo se venderán tres entradas por personas. ¡Yo he llegado antes! ¡No has dejado la vez! ¡Quien no esté aquí, ha perdido su turno! La guardia urbana actúa en consecuencia, no hay males mayores, algunos se han quedado sin entradas.

Las bases del concurso obligan a que los grupos participantes deban de exhibirse en el desfile de carrozas. El cuidado de las voces y la venta de los libretos nos preocupa. ¡Tú no hables mucho, que te necesitamos que cantes bien! ¡No fuerces la voz que acabarás ronco!

Gentes venidas de otras  poblaciones  discurren por la avenida acicalándose y acondicionan  los atuendos  de gran colorido con sus últimos retoques  para desfilar por nuestra ciudad, haciendo de esta, el centro de atención de toda la región.

No falta nadie, las comparsas son fieles a esta cita, saben que son bien recibidas y que los premios son de una importancia contrastada, el solo participar y desfilar en Puertollano, ya es un premio.

Carrozas y ninots, la animación, la música, batallones de coloristas participantes, la muchedumbre espera por las calles de la localidad el gran desfile de Carnaval. Todo son aplausos, los grupos disfrutan y enloquecen con el gentío. Los responsables de los grupos informan de que se acercan al lugar donde el jurado espera pacientemente y con ojo crítico calificar. ¡Todos concentrados! ¡El ritmo! ¡El baile y la coreografía!, avisa incesantemente el capataz.

Después de cuatro horas de despliegue carnavalero, ha terminado el recorrido. Solo falta que se conozcan el fallo, nunca mejor dicho, “el fallo” del jurado en la concha de la música. Unos ganan y nadie pierde, es ley de vida….¡ah no!,  así, no era el refrán.

El reloj marca  las ocho de la tarde, cuando  todos los grupos comienzan a llegar al auditorio con sus preparativos, instrumentos y decorados. Los aficionados se agolpan en las puertas ansiosos por ver un derroche de carcajadas, arte y cultura, el espectáculo está asegurado.

Los nervios empiezan a florecer, indicando que la hora de actuar está llegando. Los últimos retoques de maquillaje. ¡Señores, vamos a calentar voces, toó el mundo pá dentro del camerino! Las ultimas reseñas del director. Lubricar las gargantas con hielo picado y algo de líquido destilado es la tradición.

Los alrededores de los camerinos están repletos de personajes conocidos curtidos en mil batallas.

Tres son los avisos que el jefe de sala hace llegar para que sepan que el telón está a punto de abrirse. ¿Quiénes son los primeros? Susurra un compañero. ¡La murga nueva! Nosotros somos los terceros, espeta un componente.

Salen a escena, guitarras afinadas, los nervios a flor de piel, el público espera lo mejor de ellos y el ambiente esta calentito con una atmosfera de ilusión y pasión desorbitada. Se abre el telón, los aplausos no tardan en arrancarse. En el silencio una voz, la que nunca falta suena, ¡vamos willifog!. Tañen los primeros acordes de guitarra, caja y bombo, el público esta entregado y así, del tirón el repertorio.

Ya se ha acabado la actuación, se cierra el telón y los componentes se abrazan para reconocer y darse ánimos de que con meses de duro trabajo se obtiene recompensa, solo falta….¿cómo era? ¡ah si!, el fallo del jurado.

Después de cinco horas de espectáculo, se acaba el concurso y es hora de entregar los premios. ¿Quién habrá ganado? El jurado, tras un largo debate interno, sale a escena. Las uñas sirven como elemento disuasorio de los nervios.

¡Quinto premio, cuarto premio, tercer premio!…….todos se miran. Este es el momento decisivo…. conceden el segundo premio. Los primeros saltan de alegría y lo celebran a lo grande, un momento inigualable e irrepetible porque había muchas cosas en juego, los otros aguardan en silencio  y ni siquiera se acercan a felicitar a los vencedores, algo que no se puede permitir, al fin y al cabo, todos nos conocemos y compartimos mucho más que nos separa.

Probablemente cada uno de los participantes artísticos de este Carnaval, se preguntaran lo mismo, ya que sus actos son el sello final de esta ceremonia tan “formalmente informal”, que muchos practicamos todo el año, para este día.

La madrugada ha llegado y en la memoria quedará como testigo de todo lo que sucedió después. La farra apenas empieza, habrá que celebrarlo. Todos se hacen uno, sin entender cómo, sin avisar, solo siendo… existiendo. Su mayor logro, haber contribuido a engrandecer  la cultura en nombre del arte. ¡Vale la pena celebrarlo!

Se fugó el rico y potente sector de murgas y con ellas, se rompieron las ilusiones y el sueño de muchas personas. Quién sabe si podrán volver aquellos años como querrían muchísimos ciudadanos, poder revivir esos momentos, que volviera el esplendor de esta gran fiesta a Puertollano.

Que todos tomemos nota de lo que aquí se ha contado. Los grupos tienen mucho que hablar para dar una solución, porque son el motor de la fiesta y nadie mejor que ellos saben cuáles han sido las circunstancias de su casi desaparición, por supuesto no me olvido tampoco de nuestro Consistorio. Voluntad para todos en el futuro.

¡Qué viva el Carnaval!, ¡Que vivan las Murgas de mi ciudad!