Antonio M. Carrasco González
Diecisiete leyes de simplificación administrativa
 
   imprimir  enviar a un amigo   disminuir tamaño de letra aumentar tamaño de letra  
18/01/2012 - 14:16

La vida actual ofrece innumerables ocasiones de ocio gratuito para los que quieran distraerse sin gastar un duro. Desde las procesiones de Semana Santa a los conciertos de las bandas municipales. Espectáculos callejeros, actos culturales, paseos por centros comerciales, degustaciones variadas de productos típicos, mítines, inauguraciones, eventos deportivos, manifestaciones, etcétera. Mi amigo Maurico, que está en el paro, opta por lo cultural y acude a las bibliotecas públicas y a los lugares donde se puede conectar por wi-fi sin pagar. Puede leer cuanto le plazca y visitar miles de páginas web. Es muy aficionado a la del Boletín Oficial del Estado.
   - Pero ésa es muy aburrida.
   - No se crea usted. Permite estar al día en la actividad estatal y otorga una gran cultura  al lector que puede saber las últimas homologaciones del Ministerio de Industria o las subvenciones del de Agricultura.
   - Sí, pero eso ni divierte ni sirve para nada salvo que sea uno el agraciado.
   - Bueno, pero da mucha conversación y asombra a los que le escuchan.
   Mauricio leyó el sábado 14 el boletín correspondiente con cierto espíritu crítico y ganas de provocar. Allí se encontró una considerable cantidad de normas autonómicas como la Ley de Perros Guía del País Vasco, que le hizo pensar que los ciudadanos de aquella Comunidad se encontrarán muy satisfechos de la actividad de sus parlamentarios que, con grandes sacrificios, logran legislar sobre todos los aspectos imprescindibles para la seguridad, la justicia, la libertad y el bienestar de sus gobernados. Incidiendo, claro está, en la necesidad de que la ley regional sea distinta de la nacional; poco, pero algo distinta. Este desvelo por el procomún ha llevado asimismo a los legisladores gallegos a aprobar la Ley de Comunicación Audiovisual que tanta falta hacía a los trabajadores del sector para diferenciarse de sus vecinos castellanos o asturianos y por lo que estarán eternamente agradecidos a los diputados elegidos. Y otras muchas más en la balumba en la que se ha convertido nuestro ordenamiento con diecisiete leyes de función pública, de comercio interior, de cooperación exterior, de funcionarios, de suelo…, y así hasta el infinito. Estas leyes suelen ser copias unas de otras con pequeños detalles de tramitación, impuestos, organismos o plazos que les den un aire diferente y justifican su existencia separada. Lo suficiente para que no sean iguales y confundan lo suficiente al administrado. Y con el añadido de que esa normativa suele crear órganos que verifiquen los procedimientos, aprueben las licencias, inspeccionen las instalaciones, aseguren el pago de las tasas y sancionen convenientemente. La inflación de la administración autonómica procede del exceso legislativo. Y este es el caos: Una innumerable sucesión de organismos a cuyo frente se colocan a personas de disciplina partidaria que, inmediatamente, generan nuevos nombramientos de confianza. Nunca quedó más clara la etimología de la fides latina: No es una relación de igualdad entre las partes, sino de subordinación entre el cliente y su patrono como bien indica el profesor Juan Luis Conde analizando los textos de Cicerón en su magnífico ensayo La lengua del imperio (2008). Así España es el país del mundo con más políticos mandarines per cápita. Y habrá que plantearse si es bueno para uno tener tanta gente encima mandando, si nos seríamos más libres con menos gobiernos y menos gobernanzas.
   Pero a mi amigo Mauricio le extrañó especialmente una ley aprobada por el Parlamento catalán sobre Simplificación Normativa, ya que pensaba que la mejor simplificación es no hacer tantas normas y encomendar ese trabajo al Parlamento Nacional para que elabore una sola e igual para todos, por lo menos en muchas materias no substanciales a la esencia de la autonomía política territorial. Se trata de una ley donde se reforman de golpe otras anteriores, pero que muestra la diversidad normativa autonómica en España que complica la vida cotidiana del ciudadano corriente que se traslada. Porque es inexplicable que haya justificación a distintas leyes de evolución ambiental, de acceso motorizado al medio rural, de protección de especies, de fomento de la cultura popular, del deporte, del cine, de cooperativas, de protección civil, de espectáculos, de puertos, de carreteras, de procedimiento administrativo… ¿No son ámbitos en los que lo prudente y lo eficiente sería tener una sólo norma de fácil conocimiento por todos?
-    Pero si hiciesen leyes generales ¿para qué servirían los parlamentos autonómicos?
-    Buena pregunta. Imagínese que en el celo benefactor de los políticos entra la idea de hacer diecisiete leyes de simplificación administrativa?
-    Más o menos ya lo han hecho.
-    ¿Y que a alguien se le ocurra preguntar porque no las simplifican haciendo sólo una que serviría mejor a la intención simplificadora del legislador? ¿Qué contestarían?
-    Tal vez que los parlamentos están para legislar y cumplen su misión.
-    ¿Y eso es lo mejor para el ciudadano?
-    No lo sé. Usted, Mauricio, hace preguntas que son muy difíciles de responder.
   La función hace al órgano y si no existe hay que inventarla antes de extinguir el órgano. Nuestro ordenamiento es una maraña poco útil. Pero las Autonomías se han convertido en un monstruo que lo devora todo y sobre todo quiere tener competencias y gasto. Se agrandan sin parar. Antes los políticos eran trabajadores de todas clases que tenían una ideología o idea política y trataban de aplicarla cuando llegaban al poder. Ahora los que tiene esa ideología partidaria piensan que deben obtener un trabajo sólo por militar. Y ya no hay gobierno para tantos.

  imprimir imprimir  mostrar en pdf mostrar en pdf  enviar a un amigo enviar a un amigo
favoritos  facebook  twitter  del.icio.us  digg it!  meneame
Free counter and web stats