La familia Cardo Montes mantiene viva la trashumancia

José Vicente Gómez Almagro
Veinticinco días caminando una media de dieciocho kilómetros, para cubrir los cuatrocientos kilómetros que separan la sierra conquense con el valle de Alcudia

Veinticinco días caminando una media de dieciocho kilómetros, para cubrir los cuatrocientos kilómetros que separan la sierra conquense con el valle de Alcudia

Si hablamos de trashumancia pocos sabrán exactamente a lo que nos estamos refiriendo. Esta técnica ganadera consistente en el desplazamiento del ganado de las dehesas de verano a las de invierno o viceversa. Ha ido perdiendo vigencia con el paso del tiempo y desde la edad media donde se desplazaban millones de cabeza de ganado por nuestra geografía, en la actualidad solo queda una pequeña muestra residual de algunas miles de cabeza de ganado que surcan las vías pecuarias.

Si hablamos de trashumancia pocos sabrán exactamente a lo que nos estamos refiriendo. Esta técnica ganadera consistente en el desplazamiento del ganado de las dehesas de verano a las de invierno o viceversa. Ha ido perdiendo vigencia con el paso del tiempo y desde la edad media donde se desplazaban millones de cabeza de ganado por nuestra geografía, en la actualidad solo queda una pequeña muestra residual de algunas miles de cabeza de ganado que surcan las vías pecuarias.

Este martes, sorprendentemente pude disfrutar de la contemplación  de una de esas cabañas trashumantes  a su paso por Almagro, justo en el descansadero del puente del Alguacil junto al río Jabalón. La familia Cardo Montes de la localidad serrana de Vega de Codorno, de unos 153 habitantes,  junto al nacimiento del Río Mundo, en la provincia de Cuenca, lleva toda la vida trashumando con su ganado de raza merino fleischschaf, desde la sierra conquense al Valle de Alcudia. “Hice mi primera trashumancia a los quince años, con mi padre y mi hermano” me refiere Manolo Cardo,  que aparece guiando el ganado entre los juncos y masiegas de la ribera del Jabalón,  lleva zurrón a la espalda, cayado en su mano izquierda y en la derecha un transistor, se le nota un poco cansado tras una larga jornada recorriendo la Cañada Real Soriana Oriental, a su paso por el valle de Jabalón en  Moral de Calatrava donde recibe el nombre de Cañada de Añavate, pasando cerca del embalse y del núcleo urbano de  Granátula, adentrándose en el término de Valenzuela en los montes del Quinto de Cervera y el Cerro de las Dosas, hasta llegar al río Jabalón pasando por la finca de Valdeparaiso y desde aquí siguiendo el curso del río alcanzar el término de  Almagro. Evidentemente manejar un rebaño de 1600 ovejas no debe ser nada fácil y Manolo se queja de lo complicado que es cruzar el tramo donde la cañada discurre pegada a las riberas del Jabalón donde la espesa vegetación hace imposible el paso del ganado que debe salirse en ocasiones de la vía pecuaria.

La familia Cardo Montes

La familia Cardo Montes

Le acompaña sus dos hijos Claudia y Aitor y su hermano Antonio,  que se ha encargado de preparar el corral donde pasará la noche el ganado y la impedimenta para la cena, junto al puente del Alguacil sobre el río Jabalón. Un lugar donde confluyen el Cordel de Pozuelo y  la Vereda de Valenzuela con la Cañada Real Soriana Oriental. Por momentos ante la luz añeja anaranjada de un atardecer, tan poco otoñal como este, que se deja caer sobre la silueta del puente romano del Alguacil,  con el  macizo volcánico de Calatrava de fondo y el paso de esta ingente cabaña ganadera, puedo revivir remotos tiempos, puedo dejarme llevar hasta la edad media e imaginar la vida pastoril cuando más de tres millones de cabezas de ganado surcaban estas vías pecuarias; auténticas autopistas medievales  por donde no solo viaja el ganado, sino también las ideas, las costumbres, el leguaje, la cultura y como semillas que transporta el ganado en sus pezuñas, arraigaban allá donde pasaban.

 

“Hemos salido el día uno de noviembre de Vega de Codorno, y tenemos pensado llegar sobre el veinte y cinco  a Mestanza, donde estaremos hasta finales de abril.  Nos quedamos en una quintería en el campo arrendado los pastos de las fincas del Cañaveral y Hontanilla, pero tendremos también que ayudar al ganado con pienso”

 

Antonio Cardo, hombre afable, sereno y de sabia voz, me explica: “Hemos salido el día uno de noviembre de Vega de Codorno, y tenemos pensado llegar sobre el veinte y cinco  a Mestanza, donde estaremos hasta finales de abril. Nos quedamos en una quintería en el campo arrendado los pastos de las fincas del Cañaveral y Hontanilla, pero con este tiempo tendremos también que ayudar al ganado con pienso. De todas formas es menos costoso que quedarse en la sierra donde necesitaríamos más pienso. Pagamos 25 euros por oveja y año, allí parirán las ovejas y luego recogen los corderos  una empresa de Utiel”  Se aleja acarreando el ganado que esta reacio a cruzar el río Jabalón, aunque es poca el agua que lleva.

Veinticinco días caminando una media de dieciocho kilómetros, para cubrir los cuatrocientos kilómetros que separan la sierra conquense con el valle de Alcudia, alimentando  y abrevando a su ganado  en los grandes corredores ecológicos que son las vías pecuarias, hoy lamentablemente invadidas y usurpadas en la mayoría de sus tramos, durmiendo al raso, sintiendo las inclemencias del tiempo en el rostro, compartiendo el silencio de las horas y la existencia en plena naturaleza, un modelo de vida que ha ido desapareciendo, desde que en el siglo XIX desapareció el Honrado Concejo de la Mesta, por la caída del precio de lana castellana y por la presión de los agricultores que ansiaban ampliar sus tierras de cultivo y no estaban dispuestos a ceder tantos privilegios a los ganados trashumantes.

La familia Cardo Montes

La familia Cardo Montes

“Mañana pasaremos el puerto de la Navalacierva y para el viernes haremos noche cerca de  Puertollano, donde vendrán a cenar con nosotros una asociación de Daimiel amigos de la Trashumancia”  me cuenta Antonio Cardo  una vez que ya han conseguido meter a todo el rebaño en el corral donde pasarán la noche. A Manolo Cardo y Antonio Cardo se les ve que han dedicado sus vidas al pastoreo, están serenos y llevan estoicamente su destino trashumante, sin embargo Claudia y Aitor, que deben tener unos veinte años, llevan su trabajo con cierta incomodidad, como si este duro trabajo de acarrear mil seiscientas ovejas entre montes y valles, no fuera el sueño de su vida. ¿Te gusta esto? Le pregunto a Claudia: “Ni me gusta, ni me disgusta, es lo que tengo que hacer. Terminé un módulo y he mandado currículos pero de momento no sale nada” me contesta. Me intereso en cómo pasa una mujer joven su inverno en Mestanza con el ganado y ella me responde que hace algunos cursos y que  suele ir a Puertollano con su coche, ya que en Mestanza no hay mucho que hacer.

 

“Mañana pasaremos el puerto de la Navalacierva y para el viernes haremos noche cerca de  Puertollano, donde vendrán a cenar con nosotros una asociación de Daimiel amigos de la Trashumancia”

 

La Cañada Real Soriana Oriental con sus noventa varas castellanas de ancho,  recorre casi trece kilómetros por el término municipal de Almagro,  desde el puente del Alguacil, hasta el puerto de Navalacierva, tomando  dirección suroeste  se adentra en el macizo volcánico de Calatrava, entre las fincas de Cervera, Esparragues,  las Setecientas Altas y las Setecientas Bajas. Mañana la familia Cardo conducirá su ganado a través de ella,  pasando por los volcanes de Cerro Moreno, Los Frailes y la laguna volcánica del Acebuche, viendo la silueta del Santuario de la Virgen de los Santos, hasta adentrarse en el término de Argamasilla tras superar el Puerto de Navalacierva.

Estampa del recorrido de las ovejas hacia al Valle de Alcudia

Estampa del recorrido de las ovejas hacia al Valle de Alcudia

Nos despedimos de esta familia de pastores trashumantes, mientras  preparan el fuego para la cena bajo la noche calatrava,  deseándoles un buen camino, deseándoles que vuelvan las lluvias tan necesarias para los pastos y el ganado, deseándoles que continúen con esta labor trashumantes, recuperando uno de los oficios más antiguos de nuestra península y recuperando el sentido de las vías pecuarias, que hoy se hacen tan necesarias ante tanta especulación y desarrollismo voraz, que aísla los ecosistemas y destruye los espacios naturales, dejando cada vez menos sitio al mantenimiento  de la flora y la fauna de nuestro país. Buena suerte y muchas gracias.

 

José Vicente Gómez es guarda rural de Almagro