La última página del calendario

Fermín Gassol

A la memoria del que fuera compañero, hoy ausente, Manuel Marín, “Noni”

¡Ya hemos vencido a otro año, hemos podido con él!, comentan optimistas mientras brindan con una copa de buen vino de la tierra un grupo de compañeros de bachillerato, todos ellos sesentones, jubilados ya, a quienes la vida siempre trató de manera primorosa, observando la última hoja del calendario. Lo vienen celebrando desde hace mucho tiempo. Han triunfado en sus afanes y se sienten realizados, felices y seguros.

Y el año dos mil diez y siete como otrora hicieran todos los años que le precedieron sabiéndose condenado pronto al olvido no les responde. Al contrario, apura en silencio sus últimos momentos. Sin embargo y sin pronunciar palabra, en el reverso de esa hoja que muestra el calendario en el último día del año, les ofrece una página que está en blanco, es la última página del calendario.

Uno de ellos se da cuenta y como buen filósofo comenta. ¿Qué sentido tendrá esta página en blanco? Si el año se acaba, esta cara del calendario, el reverso de esta hoja debería suprimirse, está de sobra, sobre todo si no contiene nada. Sin embargo no podemos eliminarla, sin ella este día no existiría. ¿Qué sentido tendrá la presencia de algo sin contenido que además no representa sino el fin? Otro miembro del grupo con mentalidad práctica, positiva le responde, no pierdas el tiempo pensando en algo que se acaba, su muerte es tan cierta como inevitable. No merece la pena pensar en ello.

Pero el año que termina, viendo que una vez más ignoran el sentido de esa página, no resiste más la tentación y les susurra: ¡Escribid, dibujad, calculad, planead, proyectad vuestro futuro e ilusiones sobre ella! Porque esta es vuestra página, la que acaba con vuestro pasado, con lo que habéis vivido y sido, pero también la que os ofrece la posibilidad de plasmar lo que aún os queda por vivir, de lo mucho que os resta aún por ser; de suscribir todos los anhelos, pensamientos, ideas y deseos del futuro.

Y ya que la vida os trató tan bien y sois unos privilegiados, colaborar con vuestra experiencia y sabiduría a que el mundo sea mucho más justo y equitativo, mucho más veraz y maduro y sobre todo mucho, mucho más humano; a ser como el año que comienza, hombres y mujeres nuevas. Porque si eso lo dejáis para mañana ya habréis perdido un día, todo un día, el primer día del nuevo año dos mil diez y ocho.